Oh...al mirarme al espejo descubrí que no tenía nada bueno.'' ¿Qué es esto? Ni siquiera parece una sonrisa'' Le reproché a mi reflejo. Estuve mil segundos infinitos buscando alguna cualidad en mí, hasta que me cansé y decidí hacer algo que ya debería tener hecho.
Salí corriendo, atravesé montes, cascadas, ciudades llenas de gente, colegios, parques, desiertos, selvas, aldeas, ríos...y llegué a mi palacio.
Llegué la enorme puerta con mucho esfuerzo, me colé por el pequeño hueco que conseguí abrir y volví a correr con algo de torpeza. Recorrí enormes pasillos con techos inalcanzables, dejando atrás miles de puertas, cada una dedicada a un pedacito de mi vida. Finalmente, me paré ante una de ellas; sobre su marco se veía escrito con letras bien elbarodas y de color dorado el nombre de aquel chico.
Me adentré en la habitación. Estaba iluminada debido a unos grandes ventanales. Olía a pintura y a su colonia. Se veía que había sido construida recientemente, y que hace muy poco, él había estado allí.
Estaba vacía, lo único que se podía apreciar en ella eran los pedacitos de papel esparcidos por el suelo que recogían todo lo que él había dicho, hecho y vivido cuando estaba a mi lado. Me arrodillé y los fui recogiendo poco a poco. Los ordené cronológicamente y una vez todo listo, los abracé con fuerza. Al hacerlo, el corazón mi ritmo cardíaco se volvió irregular y el cuerpo entero me tembló con fuerza. Era una sensación extraña, pero cálida. Me gustaba saborear cada uno de los recuerdos que tenía, pensar que lo tenía ahi, a mi lado, que realmente dijo esas cosas de película, que sus besos no fueron ninguna mentira. Que cuando llegase de nuevo el viernes, volvería a estar con él. Realmente me alegró, me alegró mucho.
Pero entonces, me di cuenta de que se había hecho tarde y decidí regresar, pero no antes sin llevarme todos aquellos recuerdos conmigo, para tenerlos siempre cerca, y cada vez qe me mirara al espejo, poder creer que todo lo que él dijo, era cierto, y que sí, eso sí era una sonrisa. Una sonrisa enamorada.
Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.
martes, 13 de diciembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
Fuego.
Comprendí que sonreír no servía para nada, y pensé que destruirlo todo era la mejor opción.
Así hice; en el aula no había nadie excepto yo.
Las tablas de madera de los pupitres estaban separadas de sus respectivas patas de metal, algunas lamparas ya habían caído, y las que no, colgaban del techo por unos finos cables. Las sillas estaban volcadas, las ventanas rotas con los trocitos de cristal esparcidos por el suelo. Todos los diccionarios y libros tenían las páginas arrancadas y creaban una desordenada montaña que ardía con ímpetu. Las taquillas rotas y tiradas sobre los pupitres, las paredes descolchadas y la puerta cerrada con llave.
Todo formaba un hermoso caos cubierto por un espeso humo que salía de la hoguera de libros, aunque yo no me molesté en taparme la cara. Respiré hondo y contemplé mi creación. ¡Era increíblemente precioso! "¡Colosal, sencillamente!" diría el protagonista del libro que acababa de terminas y que ahora formaba parte del cúmulo de libros ardiendo. Algunas chispas caían sobre mi pie y la quemaban, pero el dolor ya no era problema para mí.
Saqué mi móvil de la mochila que caía sobre mis hombros y busqué una canción. A todo volumen sonaba Innocence de Avril Lavigne. Era perfecta para la ocasión, y me puse a susurrar la letra cerrando los ojos. <<This moment is perfect....please don't go away...>>
Un rap grotesco interrumpió la melodía. Era mi tono de llamada. Al ver quién osaba molestar mi maravilloso momento, hice una mueca y consteté:
-Cariño, ahora voy.
Y me adentré en el fuego.
Así hice; en el aula no había nadie excepto yo.
Las tablas de madera de los pupitres estaban separadas de sus respectivas patas de metal, algunas lamparas ya habían caído, y las que no, colgaban del techo por unos finos cables. Las sillas estaban volcadas, las ventanas rotas con los trocitos de cristal esparcidos por el suelo. Todos los diccionarios y libros tenían las páginas arrancadas y creaban una desordenada montaña que ardía con ímpetu. Las taquillas rotas y tiradas sobre los pupitres, las paredes descolchadas y la puerta cerrada con llave.
Todo formaba un hermoso caos cubierto por un espeso humo que salía de la hoguera de libros, aunque yo no me molesté en taparme la cara. Respiré hondo y contemplé mi creación. ¡Era increíblemente precioso! "¡Colosal, sencillamente!" diría el protagonista del libro que acababa de terminas y que ahora formaba parte del cúmulo de libros ardiendo. Algunas chispas caían sobre mi pie y la quemaban, pero el dolor ya no era problema para mí.
Saqué mi móvil de la mochila que caía sobre mis hombros y busqué una canción. A todo volumen sonaba Innocence de Avril Lavigne. Era perfecta para la ocasión, y me puse a susurrar la letra cerrando los ojos. <<This moment is perfect....please don't go away...>>
Un rap grotesco interrumpió la melodía. Era mi tono de llamada. Al ver quién osaba molestar mi maravilloso momento, hice una mueca y consteté:
-Cariño, ahora voy.
Y me adentré en el fuego.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Songs.
En este orden fueron, y en este orden se quedaron en mí.
-Hijo de hombre.
-La bella y la bestia.
-Inoccence.
-Ven, fóllame.
-Hijo de hombre.
-La bella y la bestia.
-Inoccence.
-Ven, fóllame.
viernes, 11 de noviembre de 2011
La carencia de lo más importante.
¿Sabéis cuál es la base de todo? ¿Lo que de verdad define a las personas, fuera de tribus sociales? El respeto.
Sí, esa palabra que mucha gente ni siquiera conoce. RESPETO.
Hoy me han dicho ''todo el mundo rechaza lo diferente''. No, queridos, no todo el mundo rechaza lo diferente, la gente que carece de la palabra en mayúsculas dicha antes, sí que lo hace.
Les pondré un ejemplo:
Una chica al parecer es distinta a los demás por llevar el pelo de un color llamativo. Bien, hasta aquí todo normal ¿No? Pues bien, ella se queja a un amigo de que el lugar por donde se junta está muy aburrido. Este, tan pancho, le contesta que si se cambia el pelo, la llevará con sus amigos a divertirse.
AHÍ ESTÁ EL FALLO SEÑORES. Retrocedamos: ¿Qué ha dicho el chico? ¿Qué si no se cambia el pelo no podrá entrar en otro grupo de gente de su edad? ¿Y ESO POR QUÉ? Fácil, señores, la respuesta es CARENCIA DE RESPETO. ¿La chica tiene que ser mala persona por llevar el pelo de una manera no usual? ¿Tiene que ser una ''mitaza'' y una don nadie? ¿Debe ser una rarita sin derecho a juntarse con gente que no es igual de ''anormal'' que ella?
Por dios señores, POR DIOS! ¿Pero en qué mundo vivimos? Para empezar, esa chica soy yo. SÍ YO; y segundo: NO soy una mala persona, NO soy una mitaza, NO soy una don nadie, NO soy una rarita. y SI tengo amigos de todo tipo,¡no solo gente con el pelo de colores raros!
¿Y sabeis qué mas os digo? Que sí, que el lugar por donde me junto, seáse, como ya se sabe, la plaza de La Marina, se está volviendo aburrida. Pero al menos, allí no me rechazan ni me etiquetan de cosas sin conocerme solo por mi apariencia física, y si lo hacen, al menos es para sus adentros. Esa es la gran diferencia gente, esa es. Solo una palabra de siete letras que la mayoría de la humanidad no alcanza a comprender.
¡HAY QUE RESPETAR SEÑORES, HAY QUE RESPETAR! Y si llevo el pelo de aquella manera, es porque me gusta, y si visto de tal otra forma, porque me apetece, y si leo o veo cosas de tal género porque me sale del alma hacerlo. Y tú no tienes porqué cuestionarlo. Cuestiona mi personalidad, mi forma de tratar a las personas, de conocerlas y de pensar. NO MI FÍSICO.
Sí, esa palabra que mucha gente ni siquiera conoce. RESPETO.
Hoy me han dicho ''todo el mundo rechaza lo diferente''. No, queridos, no todo el mundo rechaza lo diferente, la gente que carece de la palabra en mayúsculas dicha antes, sí que lo hace.
Les pondré un ejemplo:
Una chica al parecer es distinta a los demás por llevar el pelo de un color llamativo. Bien, hasta aquí todo normal ¿No? Pues bien, ella se queja a un amigo de que el lugar por donde se junta está muy aburrido. Este, tan pancho, le contesta que si se cambia el pelo, la llevará con sus amigos a divertirse.
AHÍ ESTÁ EL FALLO SEÑORES. Retrocedamos: ¿Qué ha dicho el chico? ¿Qué si no se cambia el pelo no podrá entrar en otro grupo de gente de su edad? ¿Y ESO POR QUÉ? Fácil, señores, la respuesta es CARENCIA DE RESPETO. ¿La chica tiene que ser mala persona por llevar el pelo de una manera no usual? ¿Tiene que ser una ''mitaza'' y una don nadie? ¿Debe ser una rarita sin derecho a juntarse con gente que no es igual de ''anormal'' que ella?
Por dios señores, POR DIOS! ¿Pero en qué mundo vivimos? Para empezar, esa chica soy yo. SÍ YO; y segundo: NO soy una mala persona, NO soy una mitaza, NO soy una don nadie, NO soy una rarita. y SI tengo amigos de todo tipo,¡no solo gente con el pelo de colores raros!
¿Y sabeis qué mas os digo? Que sí, que el lugar por donde me junto, seáse, como ya se sabe, la plaza de La Marina, se está volviendo aburrida. Pero al menos, allí no me rechazan ni me etiquetan de cosas sin conocerme solo por mi apariencia física, y si lo hacen, al menos es para sus adentros. Esa es la gran diferencia gente, esa es. Solo una palabra de siete letras que la mayoría de la humanidad no alcanza a comprender.
¡HAY QUE RESPETAR SEÑORES, HAY QUE RESPETAR! Y si llevo el pelo de aquella manera, es porque me gusta, y si visto de tal otra forma, porque me apetece, y si leo o veo cosas de tal género porque me sale del alma hacerlo. Y tú no tienes porqué cuestionarlo. Cuestiona mi personalidad, mi forma de tratar a las personas, de conocerlas y de pensar. NO MI FÍSICO.
Un ángel para mí.
¿Saben? Teno que comentar que en mi vida hay un ángel.
Sí, sí...bueno, le falta tener alas y todas esas chorradas, ¡Pero para mí es un ángel!
Le veo cada día y su afecto hacia mí hace que no me hunda y pueda seguir adelante.
Mi ángel tiene unos ojos preciosos, y una sonrisa que hace que sonrías tú tambien. ¡Pero, vaya con el chiquillo, que no sabe abrazar! Se lo digo todos los días, para molestarle un ratito, aunque tengo que confesar que no es cierto. Si me faltaran uno de sus ''abrazos de mierda'' me moriría. Sí, sí, así lo digo: morirme. Ha hecho que me acostumbre tanto a él que no me puedo imaginar de nuevo sola. ¿Qué cosas eh?
Bueno, quizá si alguien lee esto se pregunte si ese angelito me quiere a mí. ¡Pues no lo sé! Yo creo que cariño me tiene, aunque quizá siempre le esté preocupando y molestando, pero sabe que es de cariño. (o eso creo)
Para terminar, he de añadir que no lo amo, ni cosas románticas de esas. Pero sí se podría decir que es más importante que muchos amigos juntos. Eso sí que sí. Le quiero muchísimo, y pensar que algún día por algún motivo pudiesemos separarnos, me aterroriza. En fin...mientras por el momento, en el presente, me siga diciendo cada mañana ''¿Qué te pasa?(...)¡Siempre dices que es que tienes sueño y no es verdad!'' seré feliz.
Sí, sí...bueno, le falta tener alas y todas esas chorradas, ¡Pero para mí es un ángel!
Le veo cada día y su afecto hacia mí hace que no me hunda y pueda seguir adelante.
Mi ángel tiene unos ojos preciosos, y una sonrisa que hace que sonrías tú tambien. ¡Pero, vaya con el chiquillo, que no sabe abrazar! Se lo digo todos los días, para molestarle un ratito, aunque tengo que confesar que no es cierto. Si me faltaran uno de sus ''abrazos de mierda'' me moriría. Sí, sí, así lo digo: morirme. Ha hecho que me acostumbre tanto a él que no me puedo imaginar de nuevo sola. ¿Qué cosas eh?
Bueno, quizá si alguien lee esto se pregunte si ese angelito me quiere a mí. ¡Pues no lo sé! Yo creo que cariño me tiene, aunque quizá siempre le esté preocupando y molestando, pero sabe que es de cariño. (o eso creo)
Para terminar, he de añadir que no lo amo, ni cosas románticas de esas. Pero sí se podría decir que es más importante que muchos amigos juntos. Eso sí que sí. Le quiero muchísimo, y pensar que algún día por algún motivo pudiesemos separarnos, me aterroriza. En fin...mientras por el momento, en el presente, me siga diciendo cada mañana ''¿Qué te pasa?(...)¡Siempre dices que es que tienes sueño y no es verdad!'' seré feliz.
jueves, 10 de noviembre de 2011
Edad prohibida.
La últimas palabras de la incríble historia fueron ''oía tan solo sus voces interiores y el latir gozoso y apresurado de su corazón''.
Tuve miedo de cerrar el libro. Se había acabado. Y yo también oía voces interiores. pero no eran mías, si no las de Anastasio, las de Enrique, las de Celia, las de Andrés...las de todos los personajes, repitiéndome las frases de la novela una y otra vez. Y me encantaba, tanto que creí que si cerraba el libro dejarían de oírse, quería saborear unos segundos más todas las sensaciones que me había provocado la novela.
Pasé páginas atrás y llegué hasta la dedicatoria de mi hermano. ¡Cuánta razón tiene ese diablejo! ¡Por supuesto que sentí como si Torcuato Luca de Tena escribiese tomando como referencia todos y cada uno de mis pensamientos y emociones! ¡Claro que me sentí identificada con los personajes! ¿Qué con cuál más? No lo sé. Yo no soy tímida y reservada como Anastasio, ni dulce y refinada como Celia, pero quizá Enrique...¡No soy tan tonta cómo él! Pero quizá si sea despreocupada y desinteresada por el pasado y futuro...Enrique...¡Qué maravilloso personaje!
¿Que el que menos me gustó preguntará mi hermano? No hay ninguno que no me gustase...bueno...¡Leopoldo! ¡Qué malo e idiota era! Aunque como personaje también es magnífico.
Bien. He cerrado el libro, y las voces de los impertinentes chicos siguen susurrándome al oído. No hay problema. Y así, desde aquí y con Anastasio, Enrique y los demás a mi lado, le grito al mundo entero que lea ''Edad Prohibida''.
Tuve miedo de cerrar el libro. Se había acabado. Y yo también oía voces interiores. pero no eran mías, si no las de Anastasio, las de Enrique, las de Celia, las de Andrés...las de todos los personajes, repitiéndome las frases de la novela una y otra vez. Y me encantaba, tanto que creí que si cerraba el libro dejarían de oírse, quería saborear unos segundos más todas las sensaciones que me había provocado la novela.
Pasé páginas atrás y llegué hasta la dedicatoria de mi hermano. ¡Cuánta razón tiene ese diablejo! ¡Por supuesto que sentí como si Torcuato Luca de Tena escribiese tomando como referencia todos y cada uno de mis pensamientos y emociones! ¡Claro que me sentí identificada con los personajes! ¿Qué con cuál más? No lo sé. Yo no soy tímida y reservada como Anastasio, ni dulce y refinada como Celia, pero quizá Enrique...¡No soy tan tonta cómo él! Pero quizá si sea despreocupada y desinteresada por el pasado y futuro...Enrique...¡Qué maravilloso personaje!
¿Que el que menos me gustó preguntará mi hermano? No hay ninguno que no me gustase...bueno...¡Leopoldo! ¡Qué malo e idiota era! Aunque como personaje también es magnífico.
Bien. He cerrado el libro, y las voces de los impertinentes chicos siguen susurrándome al oído. No hay problema. Y así, desde aquí y con Anastasio, Enrique y los demás a mi lado, le grito al mundo entero que lea ''Edad Prohibida''.
domingo, 16 de octubre de 2011
Lo que conlleva la muerte.
Bueno, nunca he subido ningun fic yaoi ni nada a mi blog, pero hoy me apetece hacerlo. Ni si quiera me he parado a releerlo desde hace tiempo, así que no recuerdo si está bien está mal. Aunque esta entrada aya a ser la más reciente, es el escrito más antiguo que hay de todos. O eso creo...en fin, si quieren leerlo, allá va. Pero recuerden: ES YAOI.
Querido Zoro:
Hola, ¿Como estas? Por aquí todo esta bien, tal y como tu lo dejaste. No he cambiado nada de tu habitación porque aun conservo la esperanza de que algún día puedas volver junto a mi. No sabia si escribirte esto ya que seguramente tu te habrás olvidado de mi.....
Rompo la hoja de papel sin ni si quiera terminar mi carta. ¿Acaso estoy loco? Es una idiotez escribir una carta a alguien que ya nunca volverá; realmente la ausencia de mi pequeño peliverde en mi vida me a trastornado bastante.
Decido ir a tomar un café, en media hora he quedado con Nami para ir a ver a Luffy, todabia sigue en el mismo estado de...¿invernación? Ese no era el termino que usa el medico; bueno, en realidad no importa como se llame.
Mientras paseo por el vacío pasillo del pequeño piso con mi taza me paro en su dormitorio, cuando lo veo me trae recuerdos muy cálidos, pero en cuestión de segundos se convierten en punzadas de dolor y amargas imágenes de aquel día pasan por mi mente.
Termino mi café y me pongo mi chaqueta, hoy hace bastante frio y las nubes tapan el sol, igual que el dia en el que Zoro nos abandono.
Salgo a la calle y me tapo con mi bufanda hasta por encima de la nariz. Mientras paseo por las calles yendo hacia la casa de mi amiga reflexiono en el estado de Luffy, y por un instante me da hasta rabia. ¿Como puede ser tan cobarde? No es justo que sea el único que se encierre en si mismo para no sentir el vacío y el miedo que se cuela por tu garganta hasta llegar al estomago, donde se crea un nudo que impide que salgan las lagrimas desde lo mas hondo de tu alma cuando la muerte llama a la puerta de un ser querido, bueno, en su caso a dos. Pero la partida de Ace ya fue hace tres años, para todos esta mas que superado eso ¿Por que para el no?
De pronto sacudo la cabeza para quitarme la idea esa de mi mente. Es lógico que Luffy no quiera ver la realidad, al fin y al cabo es el mas pequeño del grupo y el que mas a sufrido. Despues de la muerte de su hermano y de su mejor amigo, aparte de que Usopp, que era la persona que mas le había ayudado en su vida se fuera a trabajar en el extranjero, era razonable que no quisiese seguir con su vida. Pero yo también lo había pasado mal, la persona a la que amaba ya no estaba a mi lado, y bueno...Ace también era importante para mi, nunca llego a estar demasiado metido en nuestro pequeño grupo de universidad, pero siempre estaba ahi cuando se le necesitaba.
Sin ni siquiera darme cuenta ya estoy en la puerta de la casa de Nami, a punto de llamar al timbre. La verdad me sorprendió la rapidez con la que había recorrido tres calles. ¿Tal vez fuese que estaba demasiado absorto en mis pensamientos? Bueno, que mas da, no le doy demasiada importancia y me concentro en los miles de botoncitos para los diferentes bloques que hay al lado de la verja de casa. Cuando encuentro el que estaba buscando y llamo me sale la voz de Nami, me dice que en un segundo estará abajo.
Pasados veinte minutos emprendemos nuestro camino hacia el centro de rehabilitación, y por el camino Nami y yo charlamos un poco.
-Dentro de poco se hara un año desde la muerte de Zoro, ¿piensas ir a ponerle flores?-pregunta ella.
-Si, claro-respondo apresuradamente, no me había dado cuenta de que ya mismo hacia un año desde aquello....ese dia en el que pasaron los dos sucesos mas importantes de mi vida hasta ahora- ¿Franky, Brook, Chopper y los demás también vendrán?
-Si, y si acaso podríamos convencer a los médicos para que dejasen salir a Luffy ese día y que viniera con nosotros.
-No esta en condiciones de salir, ya sabes lo que nos dijo Robin despues de su visita el otro dia.
-¿Umm?-Nami me miro con una mueca haciendo entender que nadie se lo había comentado.
-¿Eh? ¿No te lo dije? Bueno-hago una pequeña pausa para respirar, me parece que se lo había dicho, pero no le doy importancia- según Robin, Luffy no esta dando ninguna señal de mejora, es mas, esta cada vez peor, por lo que me dijo, ya apenas come, y sabes lo extraño es eso.
Mi amiga pelirroja va relentizando el paso, me parece que esta reflexionando lo que le acabo de contar.
Al cabo de dos minutos andando en silencio, a Nami se le ocurre decir:
-¿Que haremos si Luffy tiene que pasar mucho mas tiempo en el centro de habilitación? Su abuelo es muy mayor, y cuando el también nos deje ¿que haremos? Ni siquiera entre todos podríamos pagar para que pudiera seguir estando allí.
Bonita manera de llenar el silencio. No quiero reprocharle nada a mi preciosa pelirroja, pero la verdad me gustaría hablar de un tema que no fuese tan punzante, estoy cansado de tantos problemas, es como si todo se nos echase encima de repente.
-No te preocupes-digo en un suspiro, lento pero cortante-ese hombre seguramente deje toda su herencia a nuestro pequeño mono.
Nami asiente con la cabeza, creo que ha notado que no me apetece hablar de eso.
Veinte minutos mas tarde nos encontramos en la habitación de Luffy, intentando hablar con el.
-A ver, ¿Como estas, Luffy?-pregunta Nami sentándose en el borde de la cama en la que esta el moreno. Este tiene la espalda apoyada en la pared y su mirada es completamente ausente.
No contesta.
-¿Te dan bien de comer?-pregunto yo.
El asiente.
-Ya mismo iremos a visitar a Zoro al cementerio, ¿vendrás?-el importuno comentario de Nami me incomoda bastante, pero un caballero nunca debe reprocharle las cosas que diga a una dama.
Luffy sigue mirando a la nada, pero siento una pizca de amargura en su rostro, tal vez sean imaginaciones mias, pero prefiero cambiar el rumbo de la conversación, si se le puede llamar asi.
-Bueno, bueno, olvidalo-no se si mi sonrisa se nota falsa o forzada, pero sinceramente, me da lo mismo-Tu, monito, ¿quieres dormir un rato?
Tras unos largos segundos de incomodo silencio, Luffy asiente. Tras su respuesta nosotros nos despedimos y salimos de la habitación.
-Es cierto-las palabras de Nami suenan quebradas, como si se fuesen a romper con solo una simple brisa. Ella, al ver que yo no se a que se refiere, decide continuar, inundando lentamente el pasillo con sus palabras-Antes, Luffy al menos decia un ''aja'' o un ''um'', ahora ni si quiera eso...
Yo asiento y empiezo a caminar con ritmo pausado.
Me despido de mi compañera y me meto en casa. Me dejo caer sobre la cama bruscamente y cojo la foto que hay en mi mesilla de noche. En esta se puede ver a mi querido Zoro refunfuñando porque no queria hacerse la foto; al lado esta Ussop con su sincera sonrisa levantando los brazos junto a Luffy que rie feliz, Nami, Franky, Chopper, Brook.....todos. Se les ve contentos, pienso en aquellos tiempos y me doy cuenta de que estoy sonriendo. Una sonrisa acompañada de lagrimas que van desde el filo de mis ojos hasta la almohada.
Dejo el peuqeño marco con la foto al lado de mi y me tapo la cara con los brazos, y empiezo a recordar. Pienso en la triste muerte de Ace que nos dejo a todos un nudo en la garganta, pienso en la ida de Ussop al extranjero, pienso en cuando me declare a Zoro...aquel beso...aquella sonrisa...aquel coche...
Me despierto sobresaltado. Me incorporo rápidamente y miro la hora del reloj: cuatro y cuarto, domingo. Sin darme cuenta me había quedado dormido mientras me introducía en un mar de recuerdos alegres, amargos, tristes, dolorosos...
Voy al baño a lavarme la cara, las lagrimas ya secas me molestan en los ojos. Al salir arrastro los pies por el pasillo oscuro y me paro delante del calendario. Dos dias. Solo dos dias para que ya se haga un año desde la muerte de Zoro.
Desde aquel dia todo ha pasado deprisa, pero sin emociones, ya que sin el mi vida ha perdido completamente el sentido. Suspiro y vuelvo a arrastrar los pies, yendo a mi dormitorio. Pero una vez mas me paro frente a la puerta de la habitación de mi peliverde. ¿Entro? ¿O no entro?
Entro. Me tumbo en su cama y me abrazo a la almohada. Incluso después de tanto tiempo aun sigue oliendo un poco a el, aunque tal vez sean imaginaciones mías. Paso la vista por toda la habitación y miles de imágenes se me vienen a la cabeza, por ejemplo cuando el entro por primera vez a esta casa, seguía quejándose de ser compañero de piso de un ''rubio chalado con las cejas raras''. Me rió un poco recordando eso, pero mi sonrisa desaparece a los pocos segundos. Empiezo a recordar las veces que venia con heridas y yo me enfadaba con el porque se negaba a decirme quien le había hecho eso. También cuando me entere que tenia peleas callejeras y acabe metido en una para defenderle. O cuando tuvimos esa discusión...
Los ojos se me vuelven a llenar de lagrimas, pero me los seco con las sabanas. No me puedo permitir seguir llorando o lamentándome, porque todo eso ya no tiene ningun sentido. Me levanto apresuradamente y me vuelvo a mi habitación, asegurándome primero de dejar la puerta del otro dormitorio cerrada.
Como no pude volver a conciliar el sueño decido ponerme a leer. Las horas se me hacen realmente eternas y me entra una sensación de vacío que me recorre todo el cuerpo.
Las nueve y media. Despierto con mi libro de texto en la cara y con las sabanas tiradas a un lado de la cama. Toso varias veces, al parecer he cogido frio y para colmo me acabe durmiendo con la ventana abierta.
Me levanto lentamente y me desperezo una vez que me he puesto las zapatillas. Me asomo por la ventana; se ve muy nublado, así que seguramente llueva, pero por el frío hasta es posible que granice. La verdad, no me importa. Abro la puerta de la casa y compruebo el correo. En total tres cartas, una del recibo de la luz, otra es simple propaganda; la tercera es de Ussop. Me alegro bastante al verla, ya que se fue dos meses después del accidente con Zoro y desde entonces apenas hemos tenido noticias suyas.
Desayuno tranquilamente mientras leo la carta de mi amigo. Dice que me escribía a mi porque estaba seguro que yo haría que la leyeran todos. Según lo que me comenta, el esta bien y en las vacaciones de verano posiblemente venga a visitarnos. Sonrió al pensar que todavía se acuerda de nosotros. Al terminar de leerla, lavo los platos y la dejo encima de la mesa.
Salgo a la calle; como es domingo todo esta cerrado así que mi pequeño grupo y yo hemos quedado para una partida de cartas en casa de Chopper.
Brook se lamenta porque Nami le ha robado la carta que el necesitaba.
-Jooo Nami!! Devuélvemela! Es mía!!
-Ni hablar, yo voy primero, la necesito para mi escalera de diamantes.
-Vamos vamos, es solo una carta- Chopper intenta tranquilizar a Brook, pero en cuanto ve que a el le pasa lo mismo con Franky, se le cambia la cara-¿¡Como!? ¡Franky devuélveme ese seis de picas!
Todos reímos tranquilamente, por un momento olvido todos los momentos malos y contemplo el cálido ambiente, aunque ya nunca volverá a ser el mismo sin ver a Luffy carcajeando o a Zoro enfadándose como un crió. Cierro los ojos con fuerza intentando olvidarme de lo que acabo de pensar. Ellos no están, y punto. Lo mejor es disfrutar de lo que tengo ahora y no lamentarme de lo que una vez tuve.
Bebemos, charlamos, reímos, nos olvidamos de los males, volvemos a reír, recordamos viejos tiempos fingiendo que no nos duele pensar en ellos, seguimos bebiendo...así todo el día, la primera vez desde hace mucho tiempo que puedo decir que estoy aliviado.
Tal y como predije, llueve. Por suerte no llega a granizar pero la lluvia cae con tanta fuerza que un paraguas no sirve de nada, así que al final del día me encuentro en mi casa completamente empapado. Suspiro con pesadez y me doy un buen baño caliente. Mañana sera el aniversario de muerte de Zoro.
El día amanece despejado. La verdad, es una alegría poder ver el sol. Y a pesar de que el frío hiela hasta las zonas mas cálidas, es un día bonito, perfecto para ir a ver a mi antiguo compañero de piso.
Quedamos en la plaza central Nami, Robin, Chopper, Franky, Brook y yo; como es lógico, Luffy no esta. Los seis nos presentamos frente a la tumba de Zoro y rezamos.
La tumba de nuestro amigo es pequeña y su nombre esta gravado en piedra, como las demás, pero esta precisamente tiene flores compradas y puestas este mismo día, un bol de arroz, que es la comida preferida de Zoro (sugerencia de Franky), le llevamos su espada de kendo para que pueda ver que sigue bien. Tal vez suene esto un poco idiota, ya que las flores se pudrirían a los pocos días, el bol de arroz no seria comido por nadie y la espada de kendo el no la podría ver; pero se lo llevamos igual, siguiendo con la esperanza de que nos estaba viendo desde algún lugar.
-Bonito dia para celebrar un aniversario-comenta Robin para llenar el silencio, cosa que hace sacarme de mis pensamientos.
-Y que lo digas, es como si el destino nos estuviese diciendo que todo esta en paz, yohoho!
-Jajaj, y que lo digas- Nami sonríe, al igual que todos, pero yo puedo notar la tristeza mas halla de sus ojos, en la atmósfera se nota una profunda nube de tristeza. Un año....ya ha pasado un año.
Ya esta atardeciendo cuando todos nosotros seguimos allí, plantados frente a la tumba de un amigo. Franky dice de irse y todos hacen caso, menos yo. Decido quedarme un rato mas.
Miro la lápida fijamente, deseo que me absorba e ir con Zoro, pero se que si el viese que he ido a su lado, sea donde sea que este ahora, se enojaría conmigo por no seguir mi vida y guardarle en mis recuerdos. Si, conociéndole seguro que me diría que le recordase a el, no el dolor.
Me muerdo el labio inferior y muestro una media sonrisa, cierro los ojos y suspiro. Decido olvidarme de todo el sufrimiento y hago un juramento frente a a tumba. <<Juro ante la tumba de esta persona amada...que sonreiré y seguiré caminando, siendo feliz aunque el ya no este a mi lado>>. Abro los ojos y dirijo la vista al cielo despejado; es un atardecer realmente bonito. Una ráfaga de aire frío me hace estremecer y me abrazo a mi mismo.
Sigo mirando la tumba de Zoro, el viento ha traído el olor de las baritas de incienso y siento algo cálido que me envuelve. Zoro sabe que me gusta el incienso, y que me abracen cuando tengo frió. ¿Sera realmente el? ¿Es posible que me este abrazando ahora mismo? Si es así, no me importaría en absoluto.
Vuelvo a cerrar los ojos y me dejo envolver por este extraño calor, me siento aliviado, tranquilo, feliz. Me doy la vuelta y me salgo del cementerio, sin dirigir la vista atrás ni un solo momento. Se que ahora todo esta gris, y los problemas se acumulan, pero algo me dice que tengo que seguir adelante y no estancarme en el pasado. ¿Es Zoro el que me esta dando fuerzas? Ojalá.
Canciones en el tren.
Distraída, y con Jet Lag de Simple Plan sonando en mis auriculares, me puse a mirar por la ventanilla del tren. Solo se veían montañas, montones de paja, árboles y alguna que otra casa de campo. Mi padre dormía a mi lado y mi anillo relucía hermosamente en mi dedo corazón.
La música cambió, ahora sonaba Bring Me to Life, de Evanescence. Pero la cambié, ultimamente Evanescence no me gustaba escucharlo. En mis oídos ahora se escuchaba Penélope, de Serrat. Eso ya era otra cosa.
Respiré hondo y me imaginé allí, esperando a algún amante en la estación de tren. Delirante y desesperada porque llegara antes de que de los sauces cayesen las hojas. El final de la canción era tan triste que preferí cambiarlo en mi mente mientras el estribillo sonaba. Ahora, yo era Penélope, y no estaba loca.
Mi amante llegó, y yo le reconocí, su cara y su piel no eran iguales, pero el brillo de sus ojos no había cambiado. Con lágrimas de alegría, salté a sus brazos y le besé con máxima pasión. Y así, me fui de la estación de su brazo. No, no me quedé esperando con mis zapatitos de tacón, ni con mi bolso de piel marrón.
...¡Ah! Sin darme cuenta, entre tanto fantasear, la canción se acabó y ahora sonaba Cosas que suenan a triste, de Maldita Nerea. Me gustaba es canción, me sentía identificada con algunas partes. Esta vez, no quise imaginarme ninguna historia, y simplemente disfruté de la buena voz del cantante, pero al llegar el segundo estribillo, la pasé. Era lo malo de ese grupo, demasiada repetición, cosa que no le pasaba a Shinoflow, que era lo que escuchaba en ese momento. ''Estoy vivo''. Gran tema ¿verdad? Siempre me anima esa canción, pensando que yo también estoy viva. Pero en ese momento no me animó demasiado, no se, en vez de pensar en la letra, preferí divagar sobre el autor de la canción. ¿Cómo sería él? Tan joven, con una voz tan dulce y tan guapo. ¿De esa manera no debería ser un arrogante? O quizá no se lo tuviera creído, quien sabe. A veces crees conocer a una persona y no sabes ni el 0'5% de ella, ¿verdad?
Vaya, vuelve a sonar otra canción. Esta vez era El sueño de Morfeo, con Demasiado tarde, una de sus últimas canciones. Me gustaba, pero a la vez...según el videoclip, la chica se pelea con sus padres y se va de casa, y es feliz siendo como es, independiente. ¿Y con qué dinero? Bueno, quizá es un pensamiento muy frío, es solo una canción. Pero eso de prescindir tan de repente de tu casa y apañártelas sola, ¿de verdad es tan genial como dicen esas estrofas? No sé, no sé, eh? Bah, pasemos a otra canción.
Hombre, Joaquín Sabina, con su maravilloso tema Y sin embargo. Que buena canción, es preciosa. Y siempre me ha hecho sentirme muy identificada con ella. La voz de Sabina se va perdiendo un poco, no? Es cosa de tanto tabaco y tal, pero bueno, sigue siendo el rey. En ese momento, de repente me dio un poco de susto. Mi padre odia a Sabina, y lo tenía al lado. A ver si por arte de magia o algo llegaba a escucharlo y volvía a decir cosas feas sobre él. Puede que no sea el mejor cantante, hombre, ni persona sana del mundo, pero hay que admitir que es un genio, ¿no? Yo lo vi la semana pasada, en el estreno de su musical. ¡Claro! ¡Por supuesto que fui! ¡Si es mi cantante favorito! Estaba allí, con Serrat, Javier Krae, Miguel Bosé...vaya, con todos los grandes. Por cierto, el musical fue magnifico. Mejor que el de los Cuarenta principales. Aunque no creo que pueda representarlo del colegio, ya sabes, es que el musical va muy por encima de putas, ladrones y estafas...no es plan ¿no?
¡Ay! Ellas, de Nach e Ismael Serrano. De las mejores del rapero ¿no? E Ismael lo hace genial en la canción, solo que no me gusta mucho él en sí, porque no se, es como si imitara a Serrat. Pero de todos modos la canción es genial. Fui siguiendo el rap con los labios. Me la sabía entera, Mi frase favorita de la parte de Ismael es la de ''el hecho de vivir deja secuelas'' Es increíble.
Bueno, miré el reloj mientras seguía sonando la canción. Vaya, a una hora de llegar a Málaga. ¡Qué emoción! Bajaría a la Plaza de La Marina...y dejaría de escribir pamplinas....¡OH! ¡HOLLYWOOD UNDEAD SONABA! Turn off the lights. Una de las mejores. Amaba, bueno, y amo, a ese grupo. Aunque la persona que me lo dio a conocer no sea el mejor recuerdo que tenga en la mente, el regalo, que fue este grupo, fue magnifico. Sonreí ampliamente al pensar que el 2012 iría a Inglaterra, y con un poco de suerte compraría los discos junto a Carlos. ¡Qué ilusión!
En fin, ya sí, cuando sonó el ''eat my pussy'' del final, me di cuenta de que me había perdido la canción entera escribiendo pamplinas. Lo siento, pero aquí se acaba, no voy a perderme más canciones de HU por una tontería para mi blog.
martes, 11 de octubre de 2011
Undead.
Mejor salte del camino
mañana nos alzaremos, asi que mejor vamos a luchar hoy
Sabes que no me importa un coño lo que pienses o digas
pues vamos a rockear este sitio de todos modos
mañana nos alzaremos, asi que mejor vamos a luchar hoy
Sabes que no me importa un coño lo que pienses o digas
pues vamos a rockear este sitio de todos modos
martes, 13 de septiembre de 2011
El mensajero de los caminos.
Cuando el hambre y la desesperación inundaba el país que gobernaba un malvado rey, el mensajero del pueblo que había bajo la colina donde vivía aquel rey con su hija, decidió hacer una visita a palacio.
Al llegar frente al trono donde un viejo señor lo miraba con desprecio, se arrodilló y le rogó que ayudase al país, que le cediera algo de sus riquezas para poder comer.
Ante la descabellada idea del joven y la súplica que le hizo su hija pidiéndole ir a ayudar, el rey entró en cólera, echó al mensajero de su país y le dijo a su hija que si iba, que no volviera jamás; y de esta manera, ambos se fueron. El mensajero se fue indignado del país y caminó durante días por caminos y más caminos sin rumbo, sabiendo que antes o después atravesaría la frontera del reino.
Al tercer día de su viaje, cuando la noche cayó y él casi dormía sobre montoncitos de hierba y hojas, un espíritu se le apareció. Él, lejos de asustarse por la linda niña que había frente a él sonriendo de manera infantil, la saludó divertido y le preguntó que hacía el fantasma de una niña tan pequeña recorriendo los bosques de noche. Ella, indignada, le respondió que tendría como mínimo cien años más que él que no era una niña aunque su apariencia así mostrase. También le contó que ella no vivía en el bosque, si no en un palacio en el país vecino, pero que había notado la presencia del joven y fue corriendo hacia él.
-Entonces eres un espíritu que necesita mi ayuda para hacer que la princesa de mi reino vaya hacia el tuyo ¿no?-concluyó el mensajero algo incrédulo tras dos horas de largas explicaciones.
-Así es, mañana te encontrarás con ella en la frontera, y debes decirle que vaya hacia el palacio de mi príncipe- el chico asintió y se despidió de la niña hasta la mañana siguiente.
Cuando el sol asomó por encima de las montañas, un joven medio muerto de frío despertó sobre hojas húmedas. Había llovido aquella noche y sus ropas estaban empapadas y tan frías como el hielo. Pero sin molestarse en calentar su cuerpo, se dirigió rápido a la frontera de su país y esperó pacientemente a que la princesa llegase.
Pasadas dos horas, el rubio cabello de la muchacha asomó entre los árboles. El chico se acercó a ella y dijo que dirección debía tomar.
-Recuerde, piérdase en aquellos bosques y se encontrará a sí misma-dijo él, dejado aún más desconcertada a la chica. Cuando ella asintió, le dio las gracias y se dispuso a irse, el mensajero la paró por última vez- Espere, princesa, ¿Podría decirme que pasó con mi aldea?
La sonrisa de ella se desvaneció en segundo y con su mirada llena de tristeza, sacó de su pequeña bolsa una manta pintada con muchas flores y se la entregó.
-Ellos siempre te acompañarán joven, gracias por tus indicaciones, ojalá encuentres tu meta-Y dicho esto volvió su sonrisa, esta vez salpicada de dolor, y se fue desapareciendo entre los árboles del bosque.
El mensajeró cerró los ojos y dejó caer lágrimes en silencio mientras abrazaba la tela de flores. En aquel momento el espíritu apareció a su lado sin decir nada y le miró fijamente.
-¿Tú me abandonarás?-preguntó el chico, sin saber muy bien porqué, a la niñita.
Esta sonrió y se acercó al muchacho, el cuál sintió un beso helado en su mejilla.
El principe envidioso.
En el país de las riquezas había un príncipe con una belleza otorgada por los dioses y una familia que le daba todo el amor que necesitaba. Era un joven lleno de comodidades y lujos. Pero no todo eran rosas, ya que en el interior de su corazón habitaba el peor monstruo de todos.
Ese monstruo llenaba de amargura a cualquier persona o cosa. Y hacía que él entrara en enojo y odiase al mundo. Los aldeanos llamaban a ese monstruo Envidia, que desde pequeño fue creciendo en el interior del principito, se acomodó en su corazón y no quiso irse nunca. Él no era un virus que los médicos pudieran hacer desaparecer, ni un demonio que pudieran matar los exorcistas. Solo era una enorme silueta que disfrutaba haciendo sufrir al príncipe.
Un día, mientras miraba por la ventana de su habitación, el muchacho observó a una preciosa chic que caminaba por los bosques de al lado de su palacio. Se la veía dolida, pero libre. Y eso a Envidia le molestó, e hizo que él fuera a encontrarse con la chica y encerrarla por caminar en tierras de la familia real.
Al llegar a la gran extensión de bosques y flores, el chico se acercó a ella, que descansaba tranquilamente bajo la sombra de un árbol. Cuando le preguntó que qué hacía en los bosques de su familia, ella respondió que estaba perdida, que era la princesa del país vecino y había huido de su padre tras ver morir a un pequeño pueblo sin poder hacer nada por ayudar a los aldeanos. El príncipe, afligido por la historia de la joven, ignoró a su monstruo por un rato y se sentó a su lado. Él le ofreció cobijo en su palacio, podría vivir feliz en un país donde ninguna persona sufría, todos eran libres y tenían de que comer. Ella accedió, le dijo que estaría por un tiempo hasta saber que hacer y ponerle una nueva meta a su vida.
En el momento en que ella se instaló en la habitación continua a la del príncipe y paseaba por sus jardines llenos de girasoles, un nuevo monstruo empezaba a nacer en el corazón del chico: éste luchaba contra Envidia, que poco a poco iba haciéndose mas débil. La lucha duraba día y noche; el nuevo monstruo luchaba por la felicidad del muchacho, mientras Envidia deseaba con fuerzas que odiase a la hermosa princesa.
Lo que el principito no sabía es que en el corazón de la señorita de las flores también estaba creciendo otro monstruo con los mismos objetivos que el del chico: ambos decidieron llamarlos Amor.
Ese monstruo llenaba de amargura a cualquier persona o cosa. Y hacía que él entrara en enojo y odiase al mundo. Los aldeanos llamaban a ese monstruo Envidia, que desde pequeño fue creciendo en el interior del principito, se acomodó en su corazón y no quiso irse nunca. Él no era un virus que los médicos pudieran hacer desaparecer, ni un demonio que pudieran matar los exorcistas. Solo era una enorme silueta que disfrutaba haciendo sufrir al príncipe.
Un día, mientras miraba por la ventana de su habitación, el muchacho observó a una preciosa chic que caminaba por los bosques de al lado de su palacio. Se la veía dolida, pero libre. Y eso a Envidia le molestó, e hizo que él fuera a encontrarse con la chica y encerrarla por caminar en tierras de la familia real.
Al llegar a la gran extensión de bosques y flores, el chico se acercó a ella, que descansaba tranquilamente bajo la sombra de un árbol. Cuando le preguntó que qué hacía en los bosques de su familia, ella respondió que estaba perdida, que era la princesa del país vecino y había huido de su padre tras ver morir a un pequeño pueblo sin poder hacer nada por ayudar a los aldeanos. El príncipe, afligido por la historia de la joven, ignoró a su monstruo por un rato y se sentó a su lado. Él le ofreció cobijo en su palacio, podría vivir feliz en un país donde ninguna persona sufría, todos eran libres y tenían de que comer. Ella accedió, le dijo que estaría por un tiempo hasta saber que hacer y ponerle una nueva meta a su vida.
En el momento en que ella se instaló en la habitación continua a la del príncipe y paseaba por sus jardines llenos de girasoles, un nuevo monstruo empezaba a nacer en el corazón del chico: éste luchaba contra Envidia, que poco a poco iba haciéndose mas débil. La lucha duraba día y noche; el nuevo monstruo luchaba por la felicidad del muchacho, mientras Envidia deseaba con fuerzas que odiase a la hermosa princesa.
Lo que el principito no sabía es que en el corazón de la señorita de las flores también estaba creciendo otro monstruo con los mismos objetivos que el del chico: ambos decidieron llamarlos Amor.
El Amor que vivía en la princesa desconocía la existencia de Envidia, pues su inocencia era tan grande como el palacio en el que vivían. Pero el otro Amor se batía sin descanso contra Envidia, que iba desapareciendo cada vez más rápido, porque la sonrisa, la voz, la dulzura y la gracia de la princesa eran como balas hundidas en su pecho.
La horrible bestia, sin querer separarse del corazón del príncipe lloraba y agonizaba por su vida, pero Amor no tenía piedad, y cuando la princesa le quiso presentar al chico el bello monstruo que vivía en ella, Envidia murió para siempre siendo derrotada por la felicidad del principito al poder besar a su princesa.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Impotencia[2]
Y minutos después un mensaje sobresaltó mi enfurecida y desesperada existencia. ¡Pero qué cara! ¡Que nos veamos a las siete y media en la plaza de nuevo! Pensé enfurruñada. Pero...bueno...al fin y al cabo me recorri el pais para verla ¿no? Está bien, volveré de nuevo a esa maldita plaza
Y así hice, quince minutos depues estaba medio llorando abrazando a mi querida y tonta amiga. Pasé la tarde con ella y nos contamos todo lo que nos podíamos contar. En fin, nada es tan malo como lo esperas al final ¿no? Creo que mi felicidad puede aguantar un poco más estando por el norte.
Impotencia.
Hace unos minutos estaba en la plaza central de Tudela esperando la llegada de una antigua amiga que conocí por internet hace unos años. Yo sabía que no iba a venir, pero igualmente esperé hasta media hora mas tarde. En el transcurso de esos treinta minutos me he sentido la persona mas impotente del mundo:
me temblaba todo el cuerpo, intentaba contener el llanto inútilmente, tenía la boca seca, la gente me miraba con pena y yo me sentía la persona más pequeña del mundo. ¿Todo por qué? Pues no lo sé, creo que porque me vi tan estúpida en medio de una plaza desconocida, rodeada de gente desconocida y esperando a una persona desconocida que no pude evitar derrumbarme. Sentía mi respiración irregular y a cada minuto miraba un gran reloj que había en un edificio en la plaza. Y si, me preguntaba desesperada, esa chica no vivía allí? ¿Y si era todo mentira? ¿Y si en verdad ni si quiera era una chica de quince años a la que le gustaba el manga? ¿O me había equivocado de lugar simplemente? O simplemente ella no se presentó, tal y como dijo que es posible que pasara, estaría ocupada en cualquier otra cosa supongo.
No pude más. Llamé a Ines, mi mejor amiga, y la entretuve mientras estaba con compañeros suyos para no sentirme tan sola. En ese momento era un perrito abandonado que pedía desesperadamente compañía.
De hecho así me siento ahora...quiero volver a Málaga, quiero ver a Pablo, a mis amigos, a mi hermana y a mi madre, quiero irme de este lugar...Llevadme a casa...!
me temblaba todo el cuerpo, intentaba contener el llanto inútilmente, tenía la boca seca, la gente me miraba con pena y yo me sentía la persona más pequeña del mundo. ¿Todo por qué? Pues no lo sé, creo que porque me vi tan estúpida en medio de una plaza desconocida, rodeada de gente desconocida y esperando a una persona desconocida que no pude evitar derrumbarme. Sentía mi respiración irregular y a cada minuto miraba un gran reloj que había en un edificio en la plaza. Y si, me preguntaba desesperada, esa chica no vivía allí? ¿Y si era todo mentira? ¿Y si en verdad ni si quiera era una chica de quince años a la que le gustaba el manga? ¿O me había equivocado de lugar simplemente? O simplemente ella no se presentó, tal y como dijo que es posible que pasara, estaría ocupada en cualquier otra cosa supongo.
No pude más. Llamé a Ines, mi mejor amiga, y la entretuve mientras estaba con compañeros suyos para no sentirme tan sola. En ese momento era un perrito abandonado que pedía desesperadamente compañía.
De hecho así me siento ahora...quiero volver a Málaga, quiero ver a Pablo, a mis amigos, a mi hermana y a mi madre, quiero irme de este lugar...Llevadme a casa...!
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Motivos por los que sonreir.
Motivos por los que sonreir:
- Tienes amigos que se preocupan por ti y hacen que no te sientas sola.
- Tienes a un chico maravilloso al que quieres con locura.
- Tienes una familia que, a pesar de todo, te da todo el calor que necesitas.
- Tienes al chico mas puro e inocente a tu lado en el maldito colegio al que vas.
- Siempre tienes a alguien que te puede dar un abrazo.
- Quitando pequeños problemas de salud, puedes tener una vida plenamente normal.
- Te ríes.
- Besas.
- Amas
lunes, 5 de septiembre de 2011
La princesa de las flores.
Hace muchos muchos muchos años, había una hermosa princesa amante de la pintura.
Ella se pasaba todas las mañanas y todos los atardeceres dibujando. Sus cuadros eran preciosos y transmitían sentimientos llenos de esperanza y libertad. Todas sus pinturas estaban llenas de colores, vida y sobretodo muchísimas flores de todo tipo. La princesa era feliz dibujando cada lirio, cada girasol, cada pequeña lila...la princesa loca no hacía más que pintar felicidad por todos lados.
Un día, un mensajero llegó al palacio donde ella vivía junto a su padre. Este hombre traía la triste noticia de que el pueblo del pie de la colina carecía de comida y salud. Los niños morían de hambre en las calles, los adultos trabajaban duramente de sol a sol para poder ganar unas míseras monedas, el ganado enfermaba, los cultivos se secaban, la gente peleaba por diminutas migas de pan y los llantos de bebés no se calmaban nunca. Todo era un caos, y el rey lo sabía, todo lo que el mensajero le iba contando era ya conocido por el padre de la princesa, pero no por la pequeña joven, la cual escuchaba todo lo que ocurría desde una ventana del enorme jardín.
La pequeña chica, espantada, fue a rogarle a su padre una vez se fue el joven, que le diese partes de sus riquezas a la gente del pueblo, para que todos pudieran estar tan cómodos como ella. Pero al escuchar esto el rey entró en cólera y se lo negó. Ellá le rogó que la dejase ir con los plebeyos a ayudar, y él le contestó que si iba, no se molestase en volver. Y eso hizo la princesa: se descalzó, cogió pan, leche y pinceles, y fue hasta el pueblo.
Al llegar allí todos gritaron de felicidad. La bella princesita tría comida para todos y ella disfrutaba de sus sonrisas y sus agradecimientos. Era realmente feliz pudiendo ayudar en las tierras que su padre gobernaba desde lo alto de la colina.
Pero no fue suficiente. El pan y la leche se les acabó, y ella no podía volver a palacio. Ayudó con el cultivo todo lo que pudo, pero una princesa criada entre lujosidades no conseguía ayudar a aquellos pobres campesinos. Todo era demasiado duro. Cada vez morían más personas y la princesa se sentía más y más sola. Cuando alguien fallecía, ella lo llevaba a la plaza del pueblo y lo cubría con una manta llena de flores pintadas por ella. En menos de una semana, la princesa se encontraba sola en aquel pueblecito, todos los demas estaban inertes bajo mantas y mantas llenas de pequeñas flores.
La chica subió la colina hasta llegar a la puerta de palacio. Cuando llegó allá cogió un pequeño papel y escribió unas palabras para su padre, luego bajó de nuevo y se adentró en los bosques del reinado.
El rey siguió las instrucciones que ponía en el papel. Decía que se asomase al jardín y observase el pueblo que estaba al pie de la colina. Este se veía cubierto de hermosas flores, todo lleno de bonitos colores vivos y alegres. Pero el rey no sonrió, porque cada porción de tierra cubierta por flores era el cádaver de un aldeano púdriendose ante el gran sol de una mañana de agosto.
Ella se pasaba todas las mañanas y todos los atardeceres dibujando. Sus cuadros eran preciosos y transmitían sentimientos llenos de esperanza y libertad. Todas sus pinturas estaban llenas de colores, vida y sobretodo muchísimas flores de todo tipo. La princesa era feliz dibujando cada lirio, cada girasol, cada pequeña lila...la princesa loca no hacía más que pintar felicidad por todos lados.
Un día, un mensajero llegó al palacio donde ella vivía junto a su padre. Este hombre traía la triste noticia de que el pueblo del pie de la colina carecía de comida y salud. Los niños morían de hambre en las calles, los adultos trabajaban duramente de sol a sol para poder ganar unas míseras monedas, el ganado enfermaba, los cultivos se secaban, la gente peleaba por diminutas migas de pan y los llantos de bebés no se calmaban nunca. Todo era un caos, y el rey lo sabía, todo lo que el mensajero le iba contando era ya conocido por el padre de la princesa, pero no por la pequeña joven, la cual escuchaba todo lo que ocurría desde una ventana del enorme jardín.
La pequeña chica, espantada, fue a rogarle a su padre una vez se fue el joven, que le diese partes de sus riquezas a la gente del pueblo, para que todos pudieran estar tan cómodos como ella. Pero al escuchar esto el rey entró en cólera y se lo negó. Ellá le rogó que la dejase ir con los plebeyos a ayudar, y él le contestó que si iba, no se molestase en volver. Y eso hizo la princesa: se descalzó, cogió pan, leche y pinceles, y fue hasta el pueblo.
Al llegar allí todos gritaron de felicidad. La bella princesita tría comida para todos y ella disfrutaba de sus sonrisas y sus agradecimientos. Era realmente feliz pudiendo ayudar en las tierras que su padre gobernaba desde lo alto de la colina.
Pero no fue suficiente. El pan y la leche se les acabó, y ella no podía volver a palacio. Ayudó con el cultivo todo lo que pudo, pero una princesa criada entre lujosidades no conseguía ayudar a aquellos pobres campesinos. Todo era demasiado duro. Cada vez morían más personas y la princesa se sentía más y más sola. Cuando alguien fallecía, ella lo llevaba a la plaza del pueblo y lo cubría con una manta llena de flores pintadas por ella. En menos de una semana, la princesa se encontraba sola en aquel pueblecito, todos los demas estaban inertes bajo mantas y mantas llenas de pequeñas flores.
La chica subió la colina hasta llegar a la puerta de palacio. Cuando llegó allá cogió un pequeño papel y escribió unas palabras para su padre, luego bajó de nuevo y se adentró en los bosques del reinado.
El rey siguió las instrucciones que ponía en el papel. Decía que se asomase al jardín y observase el pueblo que estaba al pie de la colina. Este se veía cubierto de hermosas flores, todo lleno de bonitos colores vivos y alegres. Pero el rey no sonrió, porque cada porción de tierra cubierta por flores era el cádaver de un aldeano púdriendose ante el gran sol de una mañana de agosto.
Recuerdos.
Y hoy, mientras deshojaba la margarita que había guardado en un cajón porque odiaba cederle el amor a la suerte, cerré los ojos y pensé en ti.
En silencio, fui dejando caer cada pétalo de la hermosa y marchita flor en mis recuerdos, y despacio acaricié cada error que cometimos, tranquilizándolo y consolando su fuerte y desagradable dolor. Borré cada lágrima del pasado e imaginé que tú estarías en el mismo banco de siempre, esperando a que llegase y sonriendo de una manera tan amplia que no dejaba lugar a una sola queja. No dejé que se me escapara ningún suspiro al imaginarte, para así convertirlos en palabras desordenadas que gritan en silencio y ruegan tu atención y piedad.
¿Sabes? Casi lo conseguimos, estuvimos a punto de encontrar ese tesoro tan extraño al que los humanos llaman ''felicidad''. Pero aunque nuestro errores hubieran sido perdonados, no habríamos alcanzado tal sentimiento maravilloso, ya que fue algo que los dioses crearon para las personas, para seres bellos y cargados de deseos, no para los ángeles despojados de alas y pureza, que es lo que el destino quiso que yo fuera. Pero tú, pequeña perla, seguro que conseguirás un pedacito de esa felicidad, y lo podrás compartir con un ser amado.
Y eso es lo que deseo, que no mires atrás y me ofrezcas esperanza y un trocito de esa ''felicidad''; porque significará que no me olvidas, que sigues amando a este torpe virus que un día se instaló en tu corazón. Quiero que sepas que yo ya hice las maletas y me marché, que no vuelvas a recordar mi olor ni mis ojos, porque nada de eso existe ya, que ahora solo queda mi corazón, que sabes que siempre pertenecerá a ti, pero a eso tú no le darás importancia, así que me lo quedaré yo, y será como una habitación ventilada, vacía y muerta, que solo vivirá si es amueblada por cada parte de ti.
Y ya, tras guardarme el corazón en mi pecho, despedirme de ti en sueños y terminar de deshojar mi margarita sin obtener ni un ''me quiere'' ni un ''no me quiere'', si no un ''me olvidó'', abrí los ojos y encontré lo que siempre veo cada vez que recupero cachitos de tu recuerdo: la muerte hiriéndome de nuevo.
Ángel.
Las alas de mi ángel caído: pequeñas, rotas, grises, con poco plumaje, doloridas...y sobretodo hermosas.
No necesita volar, solo ver como todo lo que ama alza el vuelo y desaparece le es suficiente para saber que él nunca podrá tocar el cielo.
Mi ángel aún no sabe que sigo detrás de él, intentando sanar sus alas para que vaya junto a todo lo que le hace feliz.
Arranco una pluma de las mías y la pego a las suyas. Poco a poco voy cubriendo de mi blanco plumaje sus pequeñas alitas. Él sigue sin saberlo, está seguro de que pasará su eternidad en el suelo.
Con cada lagrima que derraman mis ojos voy curando sus heridas, aliviando su dolor, dejándolas caer con máximo cuidado sobre sus rasguños, cicatrizándolos. Él no lo nota, pues el dolor de su corazón es mil veces mayor al de sus alas.
Poco a poco, sin prisa, mis alas van menguando mientras las suyas crecen, van derramando sangre mientras las de mi ángel ya casi son perfectas. Sonrío aguantando el dolor y suavemente, muy despacio, voy besando cada una de sus nuevas plumas. Al terminar le doy un pequeño empujoncito, cas imperceptible, y le dejo ir.
Mi ángel empieza a elevarse, llora de felicidad. Se acerca y roza el cielo sin mirar ni un solo momento hacia mí.
Yo le observo,verle feliz llena mi corazón de alivio. No dejo de mirarle hasta que se pierde entre las nubes. Se ha ido llevándose mis alas, pero no me arrepiento ya que robarle el dolor al a persona mas querida y guardártelo tú en tu corazón es lo mas satisfactorio que puedes hacer en tu vida, ver a esa persona sonreír por fin hace que te olvides de lo que vas a llorar sin ella, porque quitarle sus cadenas de sufrimiento y ponértelas en su lugar hace sentirte mas libre que nunca. Por eso mismo me tumbo y observo el inalcanzable cielo, y llenando mis pulmones de aire empiezoa susurrar aquella canción que a mi ángel le gustaba tanto.
''Gracias...''
domingo, 4 de septiembre de 2011
Casi te odio [prólogo]
Sentada en el suelo de mi dormitorio, hice un corazón con las manos y decidí sonreír. Por mi cara no caía ninguna lágrima y mis latidos eran regulares y tranquilos. Todo estaba en calma.
Me sorprendí al notar que mi cuerpo ya no temblaba, y el nudo de mi garganta había desaparecido, dejando que mi cuerpo se relajase y pudiese cerrar los ojos; pero estos no tardaron mucho en abrirse: a los pocos segundos otra vez observaban en pequeño corazón que formaban mis manos. Era como si no quisiesen perder detalle de la metamorfosis que estaba sufriendo todo mi cuerpo, mis sentimientos y mi vida en general, como si un solo segundo de despiste pudiese hacer que me perdiera mil cosas. A través de la pequeña ventana que estaba en frente de mi, observé el exterior: la noche había llegado y con ella, el silencio, dejando que solo se escuchase la música de mi reproductor, el cual emitía una canción que recordaba viejos momentos.
En el suelo, a mi derecha, había un pequeño cuaderno con mis dibujos, algunos a color, otros en blanco y negro; unos con marcas de mis lágrimas, otros con arrugas al descargar mi rabia contra ellos...también había muchísimos de aquella persona querida. Pequeños retratos que le hacía sin que se diera cuenta, y que ahora se acumulaban todos entre garabatos marcados con distintas fechas.
A mi izquierda, mi portátil encendido, al lado de mi reproductor. La pantalla estaba encendida y en ella se mostraba el inicio de mi cuenta en una de las muchas redes sociales que circulaban por internet. No tenía novedades, nadie me mandaba mensajes y nadie me hablaba por mi chat. A esa hora todos estarían en alguna fiesta, a la cual, por descontado, yo no había querido ir. Aunque tampoco es que nadie me hubiera invitado.
Respiré hondo y estiré la mano para alcanzar mi libro de texto que estaba encima del escritorio. Lo abrí por la pagina señalada y comencé a leer. Mis estudios era lo único que me quedaba a parte de muchísimos recuerdos de tiempos pasados.
Despedida de mi corazón
Aquella noche lancé mi corazón por el acantilado de la angustia. Cayó rodando cubierto de sangre hasta llegar al agua donde flotó unos instantes rogándome que lo salvara y luego se hundió resignado.
Respiré tranquila. Por fin me había librado de esas odiosas emociones que oprimían mi pecho y torturaban mi cuerpo; fui libre de sentimientos, no me dolía, no me sentía esclava de mis lagrimas, era un robot dueño de sus actos.
Tragué saliva, me aferré a mi osito lleno de recuerdos de infancia y seguí con la vista fija en el mar. Estaba tranquilo. Pensé por un momento en mi corazón que ahora formaba parte del hermoso océano. Sin él estaba liberada, vacía...un cuerpo vacío...justamente lo que yo era sin mi estúpido corazón que tanto me había hecho amar y sufrir.
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