Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

viernes, 31 de enero de 2014

Lo valéis

Nunca he tenido nada de lo que sentirme orgullosa.
¡Es cierto! Me da tantísima vergüenza admitir que nada serio se me da bien.
No sé cantar.
Tampoco bailar.
Dibujar para qué.
¿Estudiar? Anda ya.
Si me metes en una cocina esta puede salir ardiendo.
Si pretendes que te arregle el ordenador probablemente tengas que comprar uno nuevo.
Pierdo a todos los juegos que existen, incluso al veo veo.
Soy lenta.
No sé mucho de música, ni veo demasiado cine culto, y sinceramente, todos los clásicos de la literatura me parecen un maravilloso coñazo.
Tampoco sé cuidar de los míos, y me cuesta más decir ''te quiero'' que hacer el puente en un acantilado.
No sé hacer el puente.
Ni poner los ojos bizcos.
Ni siquiera sé nadar de una forma digna.
Tampoco he hecho nunca nada demasiado grande por nadie, a no ser que un par de flashmobs en la calle para los niños con leucemia cuente como ayuda grande.
Aún así, a pesar de ser 90% defectos y 10% cualidades (entre las que se encuentra no roncar y ducharme a diario) sigo cayendo bien a la gente.
No a todos, por supuesto. De hecho, hay demasiadas personas que no pueden verme sin que se les ponga cara de peo; pero igualmente algunas personas siguen acercándose a mí.
Sinceramente, sin bromas ni victimismos ¿En serio no tenéis nada mejor que hacer?
Corréis el peligro de salir gravemente perjudicados tanto social, física, psicológica, moral e incluso económicamente. ¿De veras vivís tanto al límite? Vamos hombre.
Realmente admiro la valentía de mis amigos.
Tenéis cojones (u ovarios) bien puestos.
Por eso me gustaría darles las gracias. Porque sé que no es fácil estar a mi lado y aún así lo están.
Premio Nobel de la paz a todos mis amigos.
(Que peñazo mi hermana, que no se calla)
(Déjame terminar de escribir)
(joder)
¿No veis? Soy hasta borde.
En fin, gracias por aguantarme y quererme; o solo aguantarme, o no intentar asfixiarme con una bolsa de sándwich.
Gracias.

sábado, 25 de enero de 2014

Como cambian las cosas

Últimamente, desde principios de verano, me asombro de como cambian las cosas.
Hace apenas medio año deseaba salir de esta ciudad. Me sentía encerrada en un ambiente donde llevaba demasiado tiempo y sentía que mi rutina estaba manoseada y desgastada por el uso.
Luego, solo unos meses después me encontraba sola en la ciudad más grande de Europa, demasiado pequeña para sobrellevarlo todo y demasiado fascinada de lo grande que es el mundo.
Ahora, apenas un suspiro más tarde aquí estoy de nuevo, en mi ciudad. Pero ya no es la misma rutina, ya no son las mismas cosas. Todo ha cambiado pero a la vez sigue igual.
Ahora hay un nuevo chico.
Ahora hay un nuevo instituto.
Ahora hay tantas cosas.
Y seguro que al girar la vista atrás el verano que viene volveré a decir: como cambian las cosas.
Y qué cierto es eso.
Cómo pasa el tiempo, como los sentimientos van fundiéndose y aparentando ser otros.
Como cada persona va guardando esos recuerdos en ellos mismos y siguiendo hacia delante.
Ya no tengo miedo; lo que tenga que venir, vendrá; y yo lo asumiré lo mejor que pueda.
Ya no voy a volver a sentirme culpable, ni temer llorar, ni avergonzarme de decir que sí, que constantemente echo de menos a todo el mundo y que quizás eso no sea tan malo, quizás eso quiera decir que sigo con mi vida y voy dejando cosas atrás.
Mañana no lo sé, y ayer no lo supe, pero hoy aseguro que no estoy triste.