Magic

Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

martes, 20 de febrero de 2018

Hoy he levantado la persiana. La luz me ha dado dolor de cabeza. La ha vuelto a cerrar. Quizás mañana.

viernes, 16 de febrero de 2018

Anoche me dormí antes de las doce. A las nueve sonó el despertador. Intenté ponerme en pie y no pude. No fui capaz de levantar la persiana para ver que día hacía, ni de vestirme y salir a hacer la vida que yo he elegido tener. Vuelve a ser poco antes de las doce. Y aún no he conseguido levantarme. Mi persiana sigue echada, no sé si ha hecho sol o ha estado nublado porque no he salido de aquí. No de la casa, ni del dormitorio. No he salido de debajo de las mantas. Solo para abrir al repartidor de comida rápida. Ni siquiera he escuchado la voz de nadie. Ni en una canción, ni en una película. Solo he estado aquí. Cada vez que mis pies tocaban el suelo helado dispuestos a conseguir la verticalidad, el miedo me agarraba y me lanzaba de nuevo a la cama. Mi móvil solo ha encendido su lucecita confirmando mi pedido. Nadie sabe que este día no existe. Que posiblemente mañana tampoco exista. Que ayer, y antes de ayer, y la semana pasada y el año pasado y el anterior y el otro si existieron y que cada día en ese tiempo he dado un pasito más a que hoy no exista. Aunque quizás para ellos sí. Es posible. Yo no lo sé. No he abierto la persiana. No la abriré mañana.

jueves, 19 de enero de 2017

No estoy bien. Lo intento, lo intento cada día pero no lo consigo. No soy feliz y ni siquiera puedo fingir serlo. Nunca he estado tan hundida. Ni siquiera cuando me los arrancaron de mis manos. Ni siquiera entonces. No sé cómo pararlo. De repente algo en mi cerebro se tuerce y mi mente cae en picado. Pienso cosas horribles, imágenes que no deberían estar ahí. Empiezo a sentir una mezcla de miedo, odio y tristeza que cada vez se hace mayor. Dejo de respirar bien, me mareo y no paro de llorar. Y entonces toda esa rabia la dirijo a mi. Me lío a cañonazos contra mi misma. Siento como mi propio cerebro me susurra las cosas más crueles que jamás me haya dicho nadie y me las creo, y las confirmo y me odio infinitamente por ellas. Cuando todo acaba me abrazo a mi misma y me pido perdón. Y al poco tiempo vuelve a ocurrir, y así una y otra vez. Y ya el odio no desaparece. Debería ser feliz. Tengo tantas cosas que agradecer que me avergüenza estar en este pozo. Necesito a mi papá.

sábado, 7 de enero de 2017

.

No sé cuantas semanas llevo sin sentir nada. No sé cuando fue la última vez que lloré. Yo siempre lloro, por cada tontería bonita que vea en la tele o recordando; sea por lo que sea, siempre lloro. Ahora siento como si se me hubiera olvidado de que forma se hace eso. Tengo mis recuerdos manoseados y llenos de mugre. Tomo decisiones sucias. No soy capaz de arrepentirme, aunque desee hacerlo con todas mis ganas. No miro con amor a nadie ni a nada. Tampoco con pena. No hago lo que debo hacer, ni pienso las cosas que debería pensar. Deber, deber, deber. Ese verbo me sabe a vómito en la garganta. Sonrío mecánicamente y todo lo hago mal. Como si no supiera nada. Tengo un máster en hacerme la loca y ya no sé aplicar lo aprendido. Llevo tanto tiempo haciendo como que no escucho las voces de mi cabeza que acabé teniendo dos opciones: o me volvía loca de verdad, o les prestaba atención de una vez por todas. Al hacer lo segundo, perdí gran parte de lo que yo consideraba importante, y aún más estoy por perder. Y no le puedo hacer nada. Lo siento.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Hoy me he despertado con miedo.

Hoy me he despertado con miedo. Ya no suelen acosarme los fantasmas por la noche, pero hoy he abierto los ojos aterrorizada. Escuchaba mis propios gritos, lloraba, intentaba escapar. Después me descubrí en mi cama, envuelta en un sudor frío, con el pulso retumbándome en la cabeza, intentando comprender que había pasado, como había llegado hasta aquí y quién coño era yo. Normalmente en cuestión de segundos yo misma me contesto a estas preguntas. Normalmente. Otras me paso lo que a mi me parecen siglos intentando reordenar mi cabeza y separando lo que es real de lo que no. He aprendido a consolarme a mí misma. Me susurro bajito la misma perorata: "ya está, Lola, estás aquí. Él está aquí. Todos están aquí" Pero hoy otra voz me ha respondido. Una voz oscura que provenía de ese maldito triángulo de mi cabeza, con sorna. Mi voz. "Todos no". Todos no. Ya lo sé. Ya no gasto energía en los que no están. No paso horas muertas recordando ni llorando. Las personas que han salido de mi vida, las que están en algún lugar pero no conmigo, y las que sencillamente no están. A ninguna le dedico ya más de cinco minutos minutos de lágrimas, aunque estén siempre rondando en mi cabeza y sus rostros aparezcan en aquellas cosas o frases que sistemáticamente relaciono con ellos. Cinco minutos contados meticulosamente. Menos en sueños. Menos hoy. Mis ojos como platos solo podían ver su cara. Ya es mediodía y aún sigo viéndole.