¿Volver a casa?
¿Cómo suena eso?
Sinceramente, no tan bien como creía que sería. Dios, claro que quiero volver.
Quiero ver cada día a mi padre, llevar al cine a mis sobrinos, ver películas cada sábado con mi hermana y estudiar teatro. Pero todo eso significaría irme de lo que suponía mi sueño.
Aquí todo es más gris de lo que imaginaba, a menudo me siento sola y hay días que sencillamente lo único que sé hacer es llorar. Pero ¿Rendirme tan pronto? ¿Cuatro meses y ya estoy cansada?
Es triste decir que así es. Soy una cobarde como llevo siendo toda mi vida.
Llegué aquí con más compañía que un buen libro que hablaba sobre lo maravilloso que era este lugar, con el corazón deshecho de pena y dejando atrás gente que me necesitaba. Fui cobarde al irme ese día a finales de verano. Y ahora vuelvo a ser cobarde al volver.
Y es que me paso la vida huyendo. Me alejo de todo lo que me asusta, busco cobijo en el revés de mi vida creyendo que allí no llegará todo lo que me hace daño sin saber que en esa otra cara hay otros monstruos.
Me gustaría tener aquí a mi hermana y que me aconsejara que debía hacer. Cogería el teléfono, marcaría y su voz aparecería al otro lado de la línea. ''¡Hola mi hermana guapa! ¿Cómo estás por tierras extranjeras? El estúpido de nuestro hermano ha dicho que tienes un muchacho por ahí...''
En ese momento yo le contaría todos los cotilleos habidos y por haber. Nos reiríamos, se enfadaría de lo que yo me enfado y después ella me contaría cualquier gamberrada de los enanos. Luego le preguntaría si quiere que vuelva con ella.
Ojalá que me dijera que sí. Así no tendría que preocuparme más. Si ella me lo dijera, tardaría diez minutos en hacer las maletas y esta misma noche estaría ayudando a darle de cenar a los niños en su cocina.
Pero no la voy a llamar. Y ella no me contestará el teléfono, ni se meterá con nuestro hermano, ni dirá que me necesita allí. Nada de eso va a acurrir y duele tanto.
Si no ella, necesito alguien que me diga que me necesita allí y yo poder marcharme. No sentir que huyo.
Pero nadie me necesita, seamos realistas. Desde que me fui cada uno ha seguido con su vida, me da miedo que volver a casa no sea como lo recuerdo, que todo haya cambiado.
Me dan miedo tantas cosas.
Ojalá pudiera llamarla.
Ojalá.
Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.
domingo, 8 de diciembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
Ella
Hay algo que no le he dicho a nadie.
Es vergonzoso y estúpido, ni siquiera me he atrevido a escribirlo hasta ahora. Pero hoy me siento valiente, así que allá va:
Últimamente llueve mucho y la ventana de mi dormitorio de Londres se empaña constantemente.
Cuando eso ocurre; con mucho cuidado y procurando que sea legible, empiezo a escribir en el cristal. Siempre suelo poner lo mismo: hola Marta, te echo de menos. Lo siento. Sonríe por papá.
Lo suelo acompañar con una sonrisa, para que ella vea que estoy contenta.
Luego me siento en el suelo y soy capaz de pasarme horas esperando a que mi hermana me conteste desde el cielo.
Sé que es estúpido pero a veces aún creo en la magia. No sé, un pequeño milagro que me la devuelva dos segundos, o quizás un gesto, una línea una palabra. Algo que me haga saber donde está, hacia donde debo mirar cuando le doy las buenas noches.
Obviamente, nunca he recibido respuesta. Y me convenzo a mí misma de que eso es mejor, porque tal vez signifique que no está en el cielo, si no en algún lugar en la tierra convertida en un pequeño bebé de tres meses que ni siquiera recuerda que no hace mucho, esa pequeña criatura era mi hermana.
Me gusta creer eso. Porque Marta era imparable y si se le metía algo en la cabeza no se le quitaba hasta que lo conseguía. Y se empeñó en vivir.
Por eso me convenzo de que aún está aquí. Que no ha perdido la batalla, simplemente ha cambiado de armadura.
Es estúpido, lo sé. Una simple excusa para no sentirme tan sola.
Pero es que estoy cansada de llorar hasta que se me doble el cuerpo y me duelan los pulmones.
Quiero ser ese tipo de chica fuerte que se toma el dolor con optimismo, que nunca mira hacia atrás. Quiero ser como mi hermana, pero a veces es difícil.
Y ahora me aferro a cualquier personita que lea esto y pueda sentir un poco de lo que siento yo ahora y desde lo lejos, saber que estoy aquí: en un país lluvioso esperando un último abrazo de ella.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Tiempo
Como pasa el tiempo.
A veces me da por volver a este pequeño refugio, pero ya no escribo.
Leo antiguas tonterías que dejaba aquí y me lleno el pecho de nostalgia.
Ya no somos los mismos. Ya ha pasado el tiempo y hemos crecido, nos hemos separado y hemos dicho adiós.
Hay días que entre esta nueva vida, me da por extrañar. No son fechas justas, si no simplemente, un martes cualquiera mientras el traqueteo del metro me mece algún recuerdo se fuga del olvido y me habla. A veces conversamos largo y tendido y otras lo ahuyento porque es demasiado triste pensar en algunas personas en pasado.
Ya no soy esa niña que bajaba cada viernes a la plaza de su ciudad a jugar a ser mayor. Ni siquiera la que se tumbaba a llorar por ranas disfrazadas de príncipe. Aunque sigo siendo inmadura y pequeña, he crecido.
En realidad, siempre lo he querido hacer. Vivir lejos de mi ciudad, ser independiente, adulta. Una vez oí ''ten cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad''. Qué verdad.
A día de hoy vivo básicamente sola en la ciudad más grande de Europa.
Estoy a miles de kilómetros de toda mi familia.
He comenzado desde cero.
Cuando deseé esto no pensé en la soledad que aquello implicaba.
Qué daría ahora yo por un abrazo de mi padre, o una película con mi hermana. Tumbarme en el sofá con mi gato y ponerme a leer. Salir a la calle y encontrarme a algún viejo amigo.
No pensé en todo lo que me perdía creciendo. Me he obligado a mi misma a madurar a la fuerza, me he negado a estar más tiempo protegida por mi pequeña ciudad sureña y ahora paso frío.
Ya nadie lee esta pequeña página. Hubo un tiempo en el que sí habia personas que me seguían el rastro a través de aquí.
Nadie leerá esto y se perderá en el olvido.
A veces me da por volver a este pequeño refugio, pero ya no escribo.
Leo antiguas tonterías que dejaba aquí y me lleno el pecho de nostalgia.
Ya no somos los mismos. Ya ha pasado el tiempo y hemos crecido, nos hemos separado y hemos dicho adiós.
Hay días que entre esta nueva vida, me da por extrañar. No son fechas justas, si no simplemente, un martes cualquiera mientras el traqueteo del metro me mece algún recuerdo se fuga del olvido y me habla. A veces conversamos largo y tendido y otras lo ahuyento porque es demasiado triste pensar en algunas personas en pasado.
Ya no soy esa niña que bajaba cada viernes a la plaza de su ciudad a jugar a ser mayor. Ni siquiera la que se tumbaba a llorar por ranas disfrazadas de príncipe. Aunque sigo siendo inmadura y pequeña, he crecido.
En realidad, siempre lo he querido hacer. Vivir lejos de mi ciudad, ser independiente, adulta. Una vez oí ''ten cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad''. Qué verdad.
A día de hoy vivo básicamente sola en la ciudad más grande de Europa.
Estoy a miles de kilómetros de toda mi familia.
He comenzado desde cero.
Cuando deseé esto no pensé en la soledad que aquello implicaba.
Qué daría ahora yo por un abrazo de mi padre, o una película con mi hermana. Tumbarme en el sofá con mi gato y ponerme a leer. Salir a la calle y encontrarme a algún viejo amigo.
No pensé en todo lo que me perdía creciendo. Me he obligado a mi misma a madurar a la fuerza, me he negado a estar más tiempo protegida por mi pequeña ciudad sureña y ahora paso frío.
Ya nadie lee esta pequeña página. Hubo un tiempo en el que sí habia personas que me seguían el rastro a través de aquí.
Nadie leerá esto y se perderá en el olvido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)