Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

martes, 13 de septiembre de 2011

El mensajero de los caminos.


Cuando el hambre y la desesperación inundaba el país que gobernaba un malvado rey, el mensajero del pueblo que había bajo la colina donde vivía aquel rey con su hija, decidió hacer una visita a palacio.

Al llegar frente al trono donde un viejo señor lo miraba con desprecio, se arrodilló y le rogó que ayudase al país, que le cediera algo de sus riquezas para poder comer.

Ante la descabellada idea del joven y la súplica que le hizo su hija pidiéndole ir a ayudar, el rey entró en cólera, echó al mensajero de su país y le dijo a su hija que si iba, que no volviera jamás; y de esta manera, ambos se fueron. El mensajero se fue indignado del país y caminó durante días por caminos y más caminos sin rumbo, sabiendo que antes o después atravesaría la frontera del reino.

Al tercer día de su viaje, cuando la noche cayó y él casi dormía sobre montoncitos de hierba y hojas, un espíritu se le apareció. Él, lejos de asustarse por la linda niña que había frente a él sonriendo de manera infantil, la saludó divertido y le preguntó que hacía el fantasma de una niña tan pequeña recorriendo los bosques de noche. Ella, indignada, le respondió que tendría como mínimo cien años más que él que no era una niña aunque su apariencia así mostrase. También le contó que ella no vivía en el bosque, si no en un palacio en el país vecino, pero que había notado la presencia del joven y fue corriendo hacia él.

-Entonces eres un espíritu que necesita mi ayuda para hacer que la princesa de mi reino vaya hacia el tuyo ¿no?-concluyó el mensajero algo incrédulo tras dos horas de largas explicaciones.

-Así es, mañana te encontrarás con ella en la frontera, y debes decirle que vaya hacia el palacio de mi príncipe- el chico asintió y se despidió de la niña hasta la mañana siguiente.

Cuando el sol asomó por encima de las montañas, un joven medio muerto de frío despertó sobre hojas húmedas. Había llovido aquella noche y sus ropas estaban empapadas y tan frías como el hielo. Pero sin molestarse en calentar su cuerpo, se dirigió rápido a la frontera de su país y esperó pacientemente a que la princesa llegase.

Pasadas dos horas, el rubio cabello de la muchacha asomó entre los árboles. El chico se acercó a ella y dijo que dirección debía tomar.

-Recuerde, piérdase en aquellos bosques y se encontrará a sí misma-dijo él, dejado aún más desconcertada a la chica. Cuando ella asintió, le dio las gracias y se dispuso a irse, el mensajero la paró por última vez- Espere, princesa, ¿Podría decirme que pasó con mi aldea?

La sonrisa de ella se desvaneció en segundo y con su mirada llena de tristeza, sacó de su pequeña bolsa una manta pintada con muchas flores y se la entregó.

-Ellos siempre te acompañarán joven, gracias por tus indicaciones, ojalá encuentres tu meta-Y dicho esto volvió su sonrisa, esta vez salpicada de dolor, y se fue desapareciendo entre los árboles del bosque.

El mensajeró cerró los ojos y dejó caer lágrimes en silencio mientras abrazaba la tela de flores. En aquel momento el espíritu apareció a su lado sin decir nada y le miró fijamente.

-¿Tú me abandonarás?-preguntó el chico, sin saber muy bien porqué, a la niñita.

Esta sonrió y se acercó al muchacho, el cuál sintió un beso helado en su mejilla.

El principe envidioso.

En el país de las riquezas había un príncipe con una belleza otorgada por los dioses y una familia que le daba todo el amor que necesitaba. Era un joven lleno de comodidades y lujos. Pero no todo eran rosas, ya que en el interior de su corazón habitaba el peor monstruo de todos.
Ese monstruo llenaba de amargura a cualquier persona o cosa. Y hacía que él entrara en enojo y odiase al mundo. Los aldeanos llamaban a ese monstruo Envidia, que desde pequeño fue creciendo en el interior del principito, se acomodó en su corazón y no quiso irse nunca. Él no era un virus que los médicos pudieran hacer desaparecer, ni un demonio que pudieran matar los exorcistas. Solo era una enorme silueta que disfrutaba haciendo sufrir al príncipe.
Un día, mientras miraba por la ventana de su habitación, el muchacho observó a una preciosa chic que caminaba por los bosques de al lado de su palacio. Se la veía dolida, pero libre. Y eso a Envidia le molestó, e hizo que él fuera a encontrarse con la chica y encerrarla por caminar en tierras de la familia real.
Al llegar a la gran extensión de bosques y flores, el chico se acercó a ella, que descansaba tranquilamente bajo la sombra de un árbol. Cuando le preguntó que qué hacía en los bosques de su familia, ella respondió que estaba perdida, que era la princesa del país vecino y había huido de su padre tras ver morir a un pequeño pueblo sin poder hacer nada por ayudar a los aldeanos. El príncipe, afligido por la historia de la joven, ignoró a su monstruo por un rato y se sentó a su lado. Él le ofreció cobijo en su palacio, podría vivir feliz en un país donde ninguna persona sufría, todos eran libres y tenían de que comer. Ella accedió, le dijo que estaría por un tiempo hasta saber que hacer y ponerle una nueva meta a su vida.
En el momento en que ella se instaló en la habitación continua a la del príncipe y paseaba por sus jardines llenos de girasoles, un nuevo monstruo empezaba a nacer en el corazón del chico: éste luchaba contra Envidia, que poco a poco iba haciéndose mas débil. La lucha duraba día y noche; el nuevo monstruo luchaba por la felicidad del muchacho, mientras Envidia deseaba con fuerzas que odiase a la hermosa princesa.
Lo que el principito no sabía es que en el corazón de la señorita de las flores también estaba creciendo otro monstruo con los mismos objetivos que el del chico: ambos decidieron llamarlos Amor.
El Amor que vivía en la princesa desconocía la existencia de Envidia, pues su inocencia era tan grande como el palacio en el que vivían. Pero el otro Amor se batía sin descanso contra Envidia, que iba desapareciendo cada vez más rápido, porque la sonrisa, la voz, la dulzura y la gracia de la princesa eran como balas hundidas en su pecho.
La horrible bestia, sin querer separarse del corazón del príncipe lloraba y agonizaba por su vida, pero Amor no tenía piedad, y cuando la princesa le quiso presentar al chico el bello monstruo que vivía en ella, Envidia murió para siempre siendo derrotada por la felicidad del principito al poder besar a su princesa.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Impotencia[2]

Y minutos después un mensaje sobresaltó mi enfurecida y desesperada existencia. ¡Pero qué cara! ¡Que nos veamos a las siete y media en la plaza de nuevo! Pensé enfurruñada. Pero...bueno...al fin y al cabo me recorri el pais para verla ¿no? Está bien, volveré de nuevo a esa maldita plaza

Y así hice, quince minutos depues estaba medio llorando abrazando a mi querida y tonta amiga. Pasé la tarde con ella y nos contamos todo lo que nos podíamos contar. En fin, nada es tan malo como lo esperas al final ¿no? Creo que mi felicidad puede aguantar un poco más estando por el norte.

Impotencia.

Hace unos minutos estaba en la plaza central de Tudela esperando la llegada de una antigua amiga que conocí por internet hace unos años. Yo sabía que no iba a venir, pero igualmente esperé hasta media hora mas tarde. En el transcurso de esos treinta minutos me he sentido la persona mas impotente del mundo:
me temblaba todo el cuerpo, intentaba contener el llanto inútilmente, tenía la boca seca, la gente me miraba con pena y yo me sentía la persona más pequeña del mundo. ¿Todo por qué? Pues no lo sé, creo que porque me vi tan estúpida en medio de una plaza desconocida, rodeada de gente desconocida y esperando a una persona desconocida que no pude evitar derrumbarme. Sentía mi respiración irregular y a cada minuto miraba un gran reloj que había en un edificio en la plaza. Y si, me preguntaba desesperada, esa chica no vivía allí? ¿Y si era todo mentira? ¿Y si en verdad ni si quiera era una chica de quince años a la que le gustaba el manga? ¿O me había equivocado de lugar simplemente? O simplemente ella no se presentó, tal y como dijo que es posible que pasara, estaría ocupada en cualquier otra cosa supongo.
No pude más. Llamé a Ines, mi mejor amiga, y la entretuve mientras estaba con compañeros suyos para no sentirme tan sola. En ese momento era un perrito abandonado que pedía desesperadamente compañía.
De hecho así me siento ahora...quiero volver a Málaga, quiero ver a Pablo, a mis amigos, a mi hermana y a mi madre, quiero irme de este lugar...Llevadme a casa...!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Motivos por los que sonreir.

Motivos por los que sonreir:

  • Tienes amigos que se preocupan por ti y hacen que no te sientas sola.
  • Tienes a un chico maravilloso al que quieres con locura.
  • Tienes una familia que, a pesar de todo, te da todo el calor que necesitas.
  • Tienes al chico mas puro e inocente a tu lado en el maldito colegio al que vas.
  • Siempre tienes a alguien que te puede dar un abrazo.
  • Quitando pequeños problemas de salud, puedes tener una vida plenamente normal.
  • Te ríes.
  • Besas.
  • Amas
Y ahora dime, maldito reflejo, porqué sigues llorando y lamentándote por cosas que no tiene solución ¡Estúpido!

lunes, 5 de septiembre de 2011

La princesa de las flores.

Hace muchos muchos muchos años, había una hermosa princesa amante de la pintura.

Ella se pasaba todas las mañanas y todos los atardeceres dibujando. Sus cuadros eran preciosos y transmitían sentimientos llenos de esperanza y libertad. Todas sus pinturas estaban llenas de colores, vida y sobretodo muchísimas flores de todo tipo. La princesa era feliz dibujando cada lirio, cada girasol, cada pequeña lila...la princesa loca no hacía más que pintar felicidad por todos lados.

Un día, un mensajero llegó al palacio donde ella vivía junto a su padre. Este hombre traía la triste noticia de que el pueblo del pie de la colina carecía de comida y salud. Los niños morían de hambre en las calles, los adultos trabajaban duramente de sol a sol para poder ganar unas míseras monedas, el ganado enfermaba, los cultivos se secaban, la gente peleaba por diminutas migas de pan y los llantos de bebés no se calmaban nunca. Todo era un caos, y el rey lo sabía, todo lo que el mensajero le iba contando era ya conocido por el padre de la princesa, pero no por la pequeña joven, la cual escuchaba todo lo que ocurría desde una ventana del enorme jardín.

La pequeña chica, espantada, fue a rogarle a su padre una vez se fue el joven, que le diese partes de sus riquezas a la gente del pueblo, para que todos pudieran estar tan cómodos como ella. Pero al escuchar esto el rey entró en cólera y se lo negó. Ellá le rogó que la dejase ir con los plebeyos a ayudar, y él le contestó que si iba, no se molestase en volver. Y eso hizo la princesa: se descalzó, cogió pan, leche y pinceles, y fue hasta el pueblo.

Al llegar allí todos gritaron de felicidad. La bella princesita tría comida para todos y ella disfrutaba de sus sonrisas y sus agradecimientos. Era realmente feliz pudiendo ayudar en las tierras que su padre gobernaba desde lo alto de la colina.

Pero no fue suficiente. El pan y la leche se les acabó, y ella no podía volver a palacio. Ayudó con el cultivo todo lo que pudo, pero una princesa criada entre lujosidades no conseguía ayudar a aquellos pobres campesinos. Todo era demasiado duro. Cada vez morían más personas y la princesa se sentía más y más sola. Cuando alguien fallecía, ella lo llevaba a la plaza del pueblo y lo cubría con una manta llena de flores pintadas por ella. En menos de una semana, la princesa se encontraba sola en aquel pueblecito, todos los demas estaban inertes bajo mantas y mantas llenas de pequeñas flores.

La chica subió la colina hasta llegar a la puerta de palacio. Cuando llegó allá cogió un pequeño papel y escribió unas palabras para su padre, luego bajó de nuevo y se adentró en los bosques del reinado.

El rey siguió las instrucciones que ponía en el papel. Decía que se asomase al jardín y observase el pueblo que estaba al pie de la colina. Este se veía cubierto de hermosas flores, todo lleno de bonitos colores vivos y alegres. Pero el rey no sonrió, porque cada porción de tierra cubierta por flores era el cádaver de un aldeano púdriendose ante el gran sol de una mañana de agosto.

Recuerdos.

Y hoy, mientras deshojaba la margarita que había guardado en un cajón porque odiaba cederle el amor a la suerte, cerré los ojos y pensé en ti.

En silencio, fui dejando caer cada pétalo de la hermosa y marchita flor en mis recuerdos, y despacio acaricié cada error que cometimos, tranquilizándolo y consolando su fuerte y desagradable dolor. Borré cada lágrima del pasado e imaginé que tú estarías en el mismo banco de siempre, esperando a que llegase y sonriendo de una manera tan amplia que no dejaba lugar a una sola queja. No dejé que se me escapara ningún suspiro al imaginarte, para así convertirlos en palabras desordenadas que gritan en silencio y ruegan tu atención y piedad.
¿Sabes? Casi lo conseguimos, estuvimos a punto de encontrar ese tesoro tan extraño al que los humanos llaman ''felicidad''. Pero aunque nuestro errores hubieran sido perdonados, no habríamos alcanzado tal sentimiento maravilloso, ya que fue algo que los dioses crearon para las personas, para seres bellos y cargados de deseos, no para los ángeles despojados de alas y pureza, que es lo que el destino quiso que yo fuera. Pero tú, pequeña perla, seguro que conseguirás un pedacito de esa felicidad, y lo podrás compartir con un ser amado.
Y eso es lo que deseo, que no mires atrás y me ofrezcas esperanza y un trocito de esa ''felicidad''; porque significará que no me olvidas, que sigues amando a este torpe virus que un día se instaló en tu corazón. Quiero que sepas que yo ya hice las maletas y me marché, que no vuelvas a recordar mi olor ni mis ojos, porque nada de eso existe ya, que ahora solo queda mi corazón, que sabes que siempre pertenecerá a ti, pero a eso tú no le darás importancia, así que me lo quedaré yo, y será como una habitación ventilada, vacía y muerta, que solo vivirá si es amueblada por cada parte de ti.

Y ya, tras guardarme el corazón en mi pecho, despedirme de ti en sueños y terminar de deshojar mi margarita sin obtener ni un ''me quiere'' ni un ''no me quiere'', si no un ''me olvidó'', abrí los ojos y encontré lo que siempre veo cada vez que recupero cachitos de tu recuerdo: la muerte hiriéndome de nuevo.

Ángel.

Las alas de mi ángel caído: pequeñas, rotas, grises, con poco plumaje, doloridas...y sobretodo hermosas.
No necesita volar, solo ver como todo lo que ama alza el vuelo y desaparece le es suficiente para saber que él nunca podrá tocar el cielo.
Mi ángel aún no sabe que sigo detrás de él, intentando sanar sus alas para que vaya junto a todo lo que le hace feliz.
Arranco una pluma de las mías y la pego a las suyas. Poco a poco voy cubriendo de mi blanco plumaje sus pequeñas alitas. Él sigue sin saberlo, está seguro de que pasará su eternidad en el suelo.
Con cada lagrima que derraman mis ojos voy curando sus heridas, aliviando su dolor, dejándolas caer con máximo cuidado sobre sus rasguños, cicatrizándolos. Él no lo nota, pues el dolor de su corazón es mil veces mayor al de sus alas.
Poco a poco, sin prisa, mis alas van menguando mientras las suyas crecen, van derramando sangre mientras las de mi ángel ya casi son perfectas. Sonrío aguantando el dolor y suavemente, muy despacio, voy besando cada una de sus nuevas plumas. Al terminar le doy un pequeño empujoncito, cas imperceptible, y le dejo ir.
Mi ángel empieza a elevarse, llora de felicidad. Se acerca y roza el cielo sin mirar ni un solo momento hacia mí.
Yo le observo,verle feliz llena mi corazón de alivio. No dejo de mirarle hasta que se pierde entre las nubes. Se ha ido llevándose mis alas, pero no me arrepiento ya que robarle el dolor al a persona mas querida y guardártelo tú en tu corazón es lo mas satisfactorio que puedes hacer en tu vida, ver a esa persona sonreír por fin hace que te olvides de lo que vas a llorar sin ella, porque quitarle sus cadenas de sufrimiento y ponértelas en su lugar hace sentirte mas libre que nunca. Por eso mismo me tumbo y observo el inalcanzable cielo, y llenando mis pulmones de aire empiezoa susurrar aquella canción que a mi ángel le gustaba tanto.
''Gracias...''

domingo, 4 de septiembre de 2011

Casi te odio [prólogo]


Sentada en el suelo de mi dormitorio, hice un corazón con las manos y decidí sonreír. Por mi cara no caía ninguna lágrima y mis latidos eran regulares y tranquilos. Todo estaba en calma.

Me sorprendí al notar que mi cuerpo ya no temblaba, y el nudo de mi garganta había desaparecido, dejando que mi cuerpo se relajase y pudiese cerrar los ojos; pero estos no tardaron mucho en abrirse: a los pocos segundos otra vez observaban en pequeño corazón que formaban mis manos. Era como si no quisiesen perder detalle de la metamorfosis que estaba sufriendo todo mi cuerpo, mis sentimientos y mi vida en general, como si un solo segundo de despiste pudiese hacer que me perdiera mil cosas. A través de la pequeña ventana que estaba en frente de mi, observé el exterior: la noche había llegado y con ella, el silencio, dejando que solo se escuchase la música de mi reproductor, el cual emitía una canción que recordaba viejos momentos.

En el suelo, a mi derecha, había un pequeño cuaderno con mis dibujos, algunos a color, otros en blanco y negro; unos con marcas de mis lágrimas, otros con arrugas al descargar mi rabia contra ellos...también había muchísimos de aquella persona querida. Pequeños retratos que le hacía sin que se diera cuenta, y que ahora se acumulaban todos entre garabatos marcados con distintas fechas.

A mi izquierda, mi portátil encendido, al lado de mi reproductor. La pantalla estaba encendida y en ella se mostraba el inicio de mi cuenta en una de las muchas redes sociales que circulaban por internet. No tenía novedades, nadie me mandaba mensajes y nadie me hablaba por mi chat. A esa hora todos estarían en alguna fiesta, a la cual, por descontado, yo no había querido ir. Aunque tampoco es que nadie me hubiera invitado.

Respiré hondo y estiré la mano para alcanzar mi libro de texto que estaba encima del escritorio. Lo abrí por la pagina señalada y comencé a leer. Mis estudios era lo único que me quedaba a parte de muchísimos recuerdos de tiempos pasados.

Despedida de mi corazón

Aquella noche lancé mi corazón por el acantilado de la angustia. Cayó rodando cubierto de sangre hasta llegar al agua donde flotó unos instantes rogándome que lo salvara y luego se hundió resignado.
Respiré tranquila. Por fin me había librado de esas odiosas emociones que oprimían mi pecho y torturaban mi cuerpo; fui libre de sentimientos, no me dolía, no me sentía esclava de mis lagrimas, era un robot dueño de sus actos.
Tragué saliva, me aferré a mi osito lleno de recuerdos de infancia y seguí con la vista fija en el mar. Estaba tranquilo. Pensé por un momento en mi corazón que ahora formaba parte del hermoso océano. Sin él estaba liberada, vacía...un cuerpo vacío...justamente lo que yo era sin mi estúpido corazón que tanto me había hecho amar y sufrir.