Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

martes, 13 de septiembre de 2011

El principe envidioso.

En el país de las riquezas había un príncipe con una belleza otorgada por los dioses y una familia que le daba todo el amor que necesitaba. Era un joven lleno de comodidades y lujos. Pero no todo eran rosas, ya que en el interior de su corazón habitaba el peor monstruo de todos.
Ese monstruo llenaba de amargura a cualquier persona o cosa. Y hacía que él entrara en enojo y odiase al mundo. Los aldeanos llamaban a ese monstruo Envidia, que desde pequeño fue creciendo en el interior del principito, se acomodó en su corazón y no quiso irse nunca. Él no era un virus que los médicos pudieran hacer desaparecer, ni un demonio que pudieran matar los exorcistas. Solo era una enorme silueta que disfrutaba haciendo sufrir al príncipe.
Un día, mientras miraba por la ventana de su habitación, el muchacho observó a una preciosa chic que caminaba por los bosques de al lado de su palacio. Se la veía dolida, pero libre. Y eso a Envidia le molestó, e hizo que él fuera a encontrarse con la chica y encerrarla por caminar en tierras de la familia real.
Al llegar a la gran extensión de bosques y flores, el chico se acercó a ella, que descansaba tranquilamente bajo la sombra de un árbol. Cuando le preguntó que qué hacía en los bosques de su familia, ella respondió que estaba perdida, que era la princesa del país vecino y había huido de su padre tras ver morir a un pequeño pueblo sin poder hacer nada por ayudar a los aldeanos. El príncipe, afligido por la historia de la joven, ignoró a su monstruo por un rato y se sentó a su lado. Él le ofreció cobijo en su palacio, podría vivir feliz en un país donde ninguna persona sufría, todos eran libres y tenían de que comer. Ella accedió, le dijo que estaría por un tiempo hasta saber que hacer y ponerle una nueva meta a su vida.
En el momento en que ella se instaló en la habitación continua a la del príncipe y paseaba por sus jardines llenos de girasoles, un nuevo monstruo empezaba a nacer en el corazón del chico: éste luchaba contra Envidia, que poco a poco iba haciéndose mas débil. La lucha duraba día y noche; el nuevo monstruo luchaba por la felicidad del muchacho, mientras Envidia deseaba con fuerzas que odiase a la hermosa princesa.
Lo que el principito no sabía es que en el corazón de la señorita de las flores también estaba creciendo otro monstruo con los mismos objetivos que el del chico: ambos decidieron llamarlos Amor.
El Amor que vivía en la princesa desconocía la existencia de Envidia, pues su inocencia era tan grande como el palacio en el que vivían. Pero el otro Amor se batía sin descanso contra Envidia, que iba desapareciendo cada vez más rápido, porque la sonrisa, la voz, la dulzura y la gracia de la princesa eran como balas hundidas en su pecho.
La horrible bestia, sin querer separarse del corazón del príncipe lloraba y agonizaba por su vida, pero Amor no tenía piedad, y cuando la princesa le quiso presentar al chico el bello monstruo que vivía en ella, Envidia murió para siempre siendo derrotada por la felicidad del principito al poder besar a su princesa.

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