La últimas palabras de la incríble historia fueron ''oía tan solo sus voces interiores y el latir gozoso y apresurado de su corazón''.
Tuve miedo de cerrar el libro. Se había acabado. Y yo también oía voces interiores. pero no eran mías, si no las de Anastasio, las de Enrique, las de Celia, las de Andrés...las de todos los personajes, repitiéndome las frases de la novela una y otra vez. Y me encantaba, tanto que creí que si cerraba el libro dejarían de oírse, quería saborear unos segundos más todas las sensaciones que me había provocado la novela.
Pasé páginas atrás y llegué hasta la dedicatoria de mi hermano. ¡Cuánta razón tiene ese diablejo! ¡Por supuesto que sentí como si Torcuato Luca de Tena escribiese tomando como referencia todos y cada uno de mis pensamientos y emociones! ¡Claro que me sentí identificada con los personajes! ¿Qué con cuál más? No lo sé. Yo no soy tímida y reservada como Anastasio, ni dulce y refinada como Celia, pero quizá Enrique...¡No soy tan tonta cómo él! Pero quizá si sea despreocupada y desinteresada por el pasado y futuro...Enrique...¡Qué maravilloso personaje!
¿Que el que menos me gustó preguntará mi hermano? No hay ninguno que no me gustase...bueno...¡Leopoldo! ¡Qué malo e idiota era! Aunque como personaje también es magnífico.
Bien. He cerrado el libro, y las voces de los impertinentes chicos siguen susurrándome al oído. No hay problema. Y así, desde aquí y con Anastasio, Enrique y los demás a mi lado, le grito al mundo entero que lea ''Edad Prohibida''.
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