Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

domingo, 16 de octubre de 2011

Lo que conlleva la muerte.

Bueno, nunca he subido ningun fic yaoi ni nada a mi blog, pero hoy me apetece hacerlo. Ni si quiera me he parado a releerlo desde hace tiempo, así que no recuerdo si está bien  está mal. Aunque esta entrada aya a ser la más reciente, es el escrito más antiguo que hay de todos. O eso creo...en fin, si quieren leerlo, allá va. Pero recuerden: ES YAOI.


Querido Zoro:

Hola, ¿Como estas? Por aquí todo esta bien, tal y como tu lo dejaste. No he cambiado nada de tu habitación porque aun conservo la esperanza de que algún día puedas volver junto a mi. No sabia si escribirte esto ya que seguramente tu te habrás olvidado de mi.....

Rompo la hoja de papel sin ni si quiera terminar mi carta. ¿Acaso estoy loco? Es una idiotez escribir una carta a alguien que ya nunca volverá; realmente la ausencia de mi pequeño peliverde en mi vida me a trastornado bastante.

Decido ir a tomar un café, en media hora he quedado con Nami para ir a ver a Luffy, todabia sigue en el mismo estado de...¿invernación? Ese no era el termino que usa el medico; bueno, en realidad no importa como se llame.

Mientras paseo por el vacío pasillo del pequeño piso con mi taza me paro en su dormitorio, cuando lo veo me trae recuerdos muy cálidos, pero en cuestión de segundos se convierten en punzadas de dolor y amargas imágenes de aquel día pasan por mi mente.

Termino mi café y me pongo mi chaqueta, hoy hace bastante frio y las nubes tapan el sol, igual que el dia en el que Zoro nos abandono.

Salgo a la calle y me tapo con mi bufanda hasta por encima de la nariz. Mientras paseo por las calles yendo hacia la casa de mi amiga reflexiono en el estado de Luffy, y por un instante me da hasta rabia. ¿Como puede ser tan cobarde? No es justo que sea el único que se encierre en si mismo para no sentir el vacío y el miedo que se cuela por tu garganta hasta llegar al estomago, donde se crea un nudo que impide que salgan las lagrimas desde lo mas hondo de tu alma cuando la muerte llama a la puerta de un ser querido, bueno, en su caso a dos. Pero la partida de Ace ya fue hace tres años, para todos esta mas que superado eso ¿Por que para el no?

De pronto sacudo la cabeza para quitarme la idea esa de mi mente. Es lógico que Luffy no quiera ver la realidad, al fin y al cabo es el mas pequeño del grupo y el que mas a sufrido. Despues de la muerte de su hermano y de su mejor amigo, aparte de que Usopp, que era la persona que mas le había ayudado en su vida se fuera a trabajar en el extranjero, era razonable que no quisiese seguir con su vida. Pero yo también lo había pasado mal, la persona a la que amaba ya no estaba a mi lado, y bueno...Ace también era importante para mi, nunca llego a estar demasiado metido en nuestro pequeño grupo de universidad, pero siempre estaba ahi cuando se le necesitaba.

Sin ni siquiera darme cuenta ya estoy en la puerta de la casa de Nami, a punto de llamar al timbre. La verdad me sorprendió la rapidez con la que había recorrido tres calles. ¿Tal vez fuese que estaba demasiado absorto en mis pensamientos? Bueno, que mas da, no le doy demasiada importancia y me concentro en los miles de botoncitos para los diferentes bloques que hay al lado de la verja de casa. Cuando encuentro el que estaba buscando y llamo me sale la voz de Nami, me dice que en un segundo estará abajo.

Pasados veinte minutos emprendemos nuestro camino hacia el centro de rehabilitación, y por el camino Nami y yo charlamos un poco.

-Dentro de poco se hara un año desde la muerte de Zoro, ¿piensas ir a ponerle flores?-pregunta ella.

-Si, claro-respondo apresuradamente, no me había dado cuenta de que ya mismo hacia un año desde aquello....ese dia en el que pasaron los dos sucesos mas importantes de mi vida hasta ahora- ¿Franky, Brook, Chopper y los demás también vendrán?

-Si, y si acaso podríamos convencer a los médicos para que dejasen salir a Luffy ese día y que viniera con nosotros.

-No esta en condiciones de salir, ya sabes lo que nos dijo Robin despues de su visita el otro dia.

-¿Umm?-Nami me miro con una mueca haciendo entender que nadie se lo había comentado.

-¿Eh? ¿No te lo dije? Bueno-hago una pequeña pausa para respirar, me parece que se lo había dicho, pero no le doy importancia- según Robin, Luffy no esta dando ninguna señal de mejora, es mas, esta cada vez peor, por lo que me dijo, ya apenas come, y sabes lo extraño es eso.

Mi amiga pelirroja va relentizando el paso, me parece que esta reflexionando lo que le acabo de contar.

Al cabo de dos minutos andando en silencio, a Nami se le ocurre decir:

-¿Que haremos si Luffy tiene que pasar mucho mas tiempo en el centro de habilitación? Su abuelo es muy mayor, y cuando el también nos deje ¿que haremos? Ni siquiera entre todos podríamos pagar para que pudiera seguir estando allí.

Bonita manera de llenar el silencio. No quiero reprocharle nada a mi preciosa pelirroja, pero la verdad me gustaría hablar de un tema que no fuese tan punzante, estoy cansado de tantos problemas, es como si todo se nos echase encima de repente.

-No te preocupes-digo en un suspiro, lento pero cortante-ese hombre seguramente deje toda su herencia a nuestro pequeño mono.

Nami asiente con la cabeza, creo que ha notado que no me apetece hablar de eso.

Veinte minutos mas tarde nos encontramos en la habitación de Luffy, intentando hablar con el.

-A ver, ¿Como estas, Luffy?-pregunta Nami sentándose en el borde de la cama en la que esta el moreno. Este tiene la espalda apoyada en la pared y su mirada es completamente ausente.

No contesta.

-¿Te dan bien de comer?-pregunto yo.

El asiente.

-Ya mismo iremos a visitar a Zoro al cementerio, ¿vendrás?-el importuno comentario de Nami me incomoda bastante, pero un caballero nunca debe reprocharle las cosas que diga a una dama.

Luffy sigue mirando a la nada, pero siento una pizca de amargura en su rostro, tal vez sean imaginaciones mias, pero prefiero cambiar el rumbo de la conversación, si se le puede llamar asi.

-Bueno, bueno, olvidalo-no se si mi sonrisa se nota falsa o forzada, pero sinceramente, me da lo mismo-Tu, monito, ¿quieres dormir un rato?

Tras unos largos segundos de incomodo silencio, Luffy asiente. Tras su respuesta nosotros nos despedimos y salimos de la habitación.

-Es cierto-las palabras de Nami suenan quebradas, como si se fuesen a romper con solo una simple brisa. Ella, al ver que yo no se a que se refiere, decide continuar, inundando lentamente el pasillo con sus palabras-Antes, Luffy al menos decia un ''aja'' o un ''um'', ahora ni si quiera eso...

Yo asiento y empiezo a caminar con ritmo pausado.

Me despido de mi compañera y me meto en casa. Me dejo caer sobre la cama bruscamente y cojo la foto que hay en mi mesilla de noche. En esta se puede ver a mi querido Zoro refunfuñando porque no queria hacerse la foto; al lado esta Ussop con su sincera sonrisa levantando los brazos junto a Luffy que rie feliz, Nami, Franky, Chopper, Brook.....todos. Se les ve contentos, pienso en aquellos tiempos y me doy cuenta de que estoy sonriendo. Una sonrisa acompañada de lagrimas que van desde el filo de mis ojos hasta la almohada.

Dejo el peuqeño marco con la foto al lado de mi y me tapo la cara con los brazos, y empiezo a recordar. Pienso en la triste muerte de Ace que nos dejo a todos un nudo en la garganta, pienso en la ida de Ussop al extranjero, pienso en cuando me declare a Zoro...aquel beso...aquella sonrisa...aquel coche...

Me despierto sobresaltado. Me incorporo rápidamente y miro la hora del reloj: cuatro y cuarto, domingo. Sin darme cuenta me había quedado dormido mientras me introducía en un mar de recuerdos alegres, amargos, tristes, dolorosos...

Voy al baño a lavarme la cara, las lagrimas ya secas me molestan en los ojos. Al salir arrastro los pies por el pasillo oscuro y me paro delante del calendario. Dos dias. Solo dos dias para que ya se haga un año desde la muerte de Zoro.

Desde aquel dia todo ha pasado deprisa, pero sin emociones, ya que sin el mi vida ha perdido completamente el sentido. Suspiro y vuelvo a arrastrar los pies, yendo a mi dormitorio. Pero una vez mas me paro frente a la puerta de la habitación de mi peliverde. ¿Entro? ¿O no entro?

Entro. Me tumbo en su cama y me abrazo a la almohada. Incluso después de tanto tiempo aun sigue oliendo un poco a el, aunque tal vez sean imaginaciones mías. Paso la vista por toda la habitación y miles de imágenes se me vienen a la cabeza, por ejemplo cuando el entro por primera vez a esta casa, seguía quejándose de ser compañero de piso de un ''rubio chalado con las cejas raras''. Me rió un poco recordando eso, pero mi sonrisa desaparece a los pocos segundos. Empiezo a recordar las veces que venia con heridas y yo me enfadaba con el porque se negaba a decirme quien le había hecho eso. También cuando me entere que tenia peleas callejeras y acabe metido en una para defenderle. O cuando tuvimos esa discusión...

Los ojos se me vuelven a llenar de lagrimas, pero me los seco con las sabanas. No me puedo permitir seguir llorando o lamentándome, porque todo eso ya no tiene ningun sentido. Me levanto apresuradamente y me vuelvo a mi habitación, asegurándome primero de dejar la puerta del otro dormitorio cerrada.

Como no pude volver a conciliar el sueño decido ponerme a leer. Las horas se me hacen realmente eternas y me entra una sensación de vacío que me recorre todo el cuerpo.

Las nueve y media. Despierto con mi libro de texto en la cara y con las sabanas tiradas a un lado de la cama. Toso varias veces, al parecer he cogido frio y para colmo me acabe durmiendo con la ventana abierta.

Me levanto lentamente y me desperezo una vez que me he puesto las zapatillas. Me asomo por la ventana; se ve muy nublado, así que seguramente llueva, pero por el frío hasta es posible que granice. La verdad, no me importa. Abro la puerta de la casa y compruebo el correo. En total tres cartas, una del recibo de la luz, otra es simple propaganda; la tercera es de Ussop. Me alegro bastante al verla, ya que se fue dos meses después del accidente con Zoro y desde entonces apenas hemos tenido noticias suyas.
Desayuno tranquilamente mientras leo la carta de mi amigo. Dice que me escribía a mi porque estaba seguro que yo haría que la leyeran todos. Según lo que me comenta, el esta bien y en las vacaciones de verano posiblemente venga a visitarnos. Sonrió al pensar que todavía se acuerda de nosotros. Al terminar de leerla, lavo los platos y la dejo encima de la mesa.

Salgo a la calle; como es domingo todo esta cerrado así que mi pequeño grupo y yo hemos quedado para una partida de cartas en casa de Chopper.


Brook se lamenta porque Nami le ha robado la carta que el necesitaba.

-Jooo Nami!! Devuélvemela! Es mía!!

-Ni hablar, yo voy primero, la necesito para mi escalera de diamantes.

-Vamos vamos, es solo una carta- Chopper intenta tranquilizar a Brook, pero en cuanto ve que a el le pasa lo mismo con Franky, se le cambia la cara-¿¡Como!? ¡Franky devuélveme ese seis de picas!

Todos reímos tranquilamente, por un momento olvido todos los momentos malos y contemplo el cálido ambiente, aunque ya nunca volverá a ser el mismo sin ver a Luffy carcajeando o a Zoro enfadándose como un crió. Cierro los ojos con fuerza intentando olvidarme de lo que acabo de pensar. Ellos no están, y punto. Lo mejor es disfrutar de lo que tengo ahora y no lamentarme de lo que una vez tuve.

Bebemos, charlamos, reímos, nos olvidamos de los males, volvemos a reír, recordamos viejos tiempos fingiendo que no nos duele pensar en ellos, seguimos bebiendo...así todo el día, la primera vez desde hace mucho tiempo que puedo decir que estoy aliviado.

Tal y como predije, llueve. Por suerte no llega a granizar pero la lluvia cae con tanta fuerza que un paraguas no sirve de nada, así que al final del día me encuentro en mi casa completamente empapado. Suspiro con pesadez y me doy un buen baño caliente. Mañana sera el aniversario de muerte de Zoro.


El día amanece despejado. La verdad, es una alegría poder ver el sol. Y a pesar de que el frío hiela hasta las zonas mas cálidas, es un día bonito, perfecto para ir a ver a mi antiguo compañero de piso.

Quedamos en la plaza central Nami, Robin, Chopper, Franky, Brook y yo; como es lógico, Luffy no esta. Los seis nos presentamos frente a la tumba de Zoro y rezamos.

La tumba de nuestro amigo es pequeña y su nombre esta gravado en piedra, como las demás, pero esta precisamente tiene flores compradas y puestas este mismo día, un bol de arroz, que es la comida preferida de Zoro (sugerencia de Franky), le llevamos su espada de kendo para que pueda ver que sigue bien. Tal vez suene esto un poco idiota, ya que las flores se pudrirían a los pocos días, el bol de arroz no seria comido por nadie y la espada de kendo el no la podría ver; pero se lo llevamos igual, siguiendo con la esperanza de que nos estaba viendo desde algún lugar.

-Bonito dia para celebrar un aniversario-comenta Robin para llenar el silencio, cosa que hace sacarme de mis pensamientos.

-Y que lo digas, es como si el destino nos estuviese diciendo que todo esta en paz, yohoho!

-Jajaj, y que lo digas- Nami sonríe, al igual que todos, pero yo puedo notar la tristeza mas halla de sus ojos, en la atmósfera se nota una profunda nube de tristeza. Un año....ya ha pasado un año.

Ya esta atardeciendo cuando todos nosotros seguimos allí, plantados frente a la tumba de un amigo. Franky dice de irse y todos hacen caso, menos yo. Decido quedarme un rato mas.

Miro la lápida fijamente, deseo que me absorba e ir con Zoro, pero se que si el viese que he ido a su lado, sea donde sea que este ahora, se enojaría conmigo por no seguir mi vida y guardarle en mis recuerdos. Si, conociéndole seguro que me diría que le recordase a el, no el dolor.

Me muerdo el labio inferior y muestro una media sonrisa, cierro los ojos y suspiro. Decido olvidarme de todo el sufrimiento y hago un juramento frente a a tumba. <<Juro ante la tumba de esta persona amada...que sonreiré y seguiré caminando, siendo feliz aunque el ya no este a mi lado>>. Abro los ojos y dirijo la vista al cielo despejado; es un atardecer realmente bonito. Una ráfaga de aire frío me hace estremecer y me abrazo a mi mismo.

Sigo mirando la tumba de Zoro, el viento ha traído el olor de las baritas de incienso y siento algo cálido que me envuelve. Zoro sabe que me gusta el incienso, y que me abracen cuando tengo frió. ¿Sera realmente el? ¿Es posible que me este abrazando ahora mismo? Si es así, no me importaría en absoluto.

Vuelvo a cerrar los ojos y me dejo envolver por este extraño calor, me siento aliviado, tranquilo, feliz. Me doy la vuelta y me salgo del cementerio, sin dirigir la vista atrás ni un solo momento. Se que ahora todo esta gris, y los problemas se acumulan, pero algo me dice que tengo que seguir adelante y no estancarme en el pasado. ¿Es Zoro el que me esta dando fuerzas? Ojalá.

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