Con un pequeño portátil sobre mis piernas pasaba el rato en aquel vagón de metro. Escribía cualquier artículo sobre la adolescencia que más tarde iría destinado a mi blog. Todo lo que relataba era siempre lo mismo...desamor, estudios, soledad, incomprensión...fotocopias unas de otras.
Pero esa vez fue diferente.
Agité la cabeza para quitarme el flequillo de los ojos, que al levantar la vista dieron un repaso a todo mi alrededor. Y allí estaba él, con otro portátil, escribiendo quizá sobre lo mismo que escribía yo.
Supongo que él debió notar mi mirada fija en sus movimientos, porque decidió levantar los ojos y mirarme también, pero yo sentí verguenza y volví a mi escrito. Él hizo lo mismo.
Y así durante varias paradas. Yo le miraba, él me miraba, yo apartaba la vista, el apartaba la vista. Borré toda mi queja sobre el mundo que estaba explayando contra las teclas para dedicarme a describirle. Sus ojos eran claros pero a la vez mostraban dureza. Su pelo desarreglado y de un extraño color avena oscuro. Sus manos largas y fuertes. Perfectas.
Sus labios creaban una fina línea mientras escribía, y su rostro se mostraba concentrado sin dejar de parecer tranquilo. Para mí era perfecto.
Pensé en hablarle, decirle cualquier cosa para poder acercarme a ese chico, pero no fui capaz y esperé a que quizá él diera el primer paso. Nuestras miradas seguían jugando cada vez con menos vergüenza, pero sin dejar de ser tímidas.
Y de pronto, sin previo aviso, sin ninguna señal que me indicara que se me estaba acabando el tiempo, el tren se paró. Él se levantó cerrando su portátil y salió a la estación, cerrándose las puertas tras de sí.
''Un amor fugaz en un metro'' pensé.
''No le volveré a ver'' pasó por mi mente.
''¿Qué es eso?'' me pregunté.
Decidí levantarme y fui hasta el que antes fue su asiento y recogí un trozo de papel arrugado.
En él había escrito un número de teléfono con torpe escritura.
Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.
viernes, 27 de abril de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
Jugando a ser poeta.
Quién lo llamaría sonrisa,
si jurando digo que es una lágrima
asustadiza y equivocada
que se esconde tras una comisura fina.
Quién lo llamaría voz,
si de fuerza carece
y menos tiembla el miedo
al escuchar a la muerte.
Luz viva cegada
por el hielo de tu iris.
Vaga esperanza cubierta
por la escarcha de tu mirada.
si jurando digo que es una lágrima
asustadiza y equivocada
que se esconde tras una comisura fina.
Quién lo llamaría voz,
si de fuerza carece
y menos tiembla el miedo
al escuchar a la muerte.
Luz viva cegada
por el hielo de tu iris.
Vaga esperanza cubierta
por la escarcha de tu mirada.
Silencio, soledad y paz.
Alzando las manos intenté tocar el cielo, pero estaba demasiado lejos.
Mirando hacia abajo intenté aferrar mis pies a la tierra, pero el suelo también estaba demasiado lejos.
En medio de la nada contemplándolo todo, mirando absorta como la vida pasa bajo mis pies y los ángeles vuelan sobre mi cabeza.
Silencio, soledad y paz.
Mirando hacia abajo intenté aferrar mis pies a la tierra, pero el suelo también estaba demasiado lejos.
En medio de la nada contemplándolo todo, mirando absorta como la vida pasa bajo mis pies y los ángeles vuelan sobre mi cabeza.
Silencio, soledad y paz.
jueves, 12 de abril de 2012
Sueños imposibles.
Y así, descalza y cansada, destrozada y con el llanto nublando mi vista, me vi la vuelta y salí corriendo.
El corazón latía rápido e irregular, las piernas tropezaban y me rogaban parar; y la cabeza me amenazaba con estallar. Pero de todos modos, yo seguí corriendo.
Un pie tras otro, cada vez más rápido, cuesta arriba, miles de imágenes pasándome por la mente; algunas incitándome a no parar y otras gritando que mirase hacia atrás y viera todo lo que estaba perdiendo huyendo así.
Pero todo daba igual, yo no quería estar allí. Y entonces, de repente, estuve lo suficiente lejos. El sol cegó mis ojos y un aire fresco y libre inundó mis pulmones. Alcé los brazos y dejé que esa brisa recorriera todo mi cuerpo y me limpiase por dentro. Rompí a reír y noté como la libertad se iba haciendo dueña de mi mente y de mi cuerpo. Tras tanto tiempo de tristezas, de crudas realidades que me golpeaban donde más me podía doler, tras despedidas dolorosas y la soledad abrazada a mi eternamente...tras tanto sufrimiento, por fin era libre...
Y entonces, cuando una felicidad plena, amable y cálida me abrazaba con ternura, sonó mi despertador.
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