Magic

Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

martes, 22 de diciembre de 2015

Suerte 🍀

He llegado a la conclusión de que soy una chica afortunada. Es cierto que paso horas y horas echando desesperadamente de menos a aquellos que hoy ya no están, pero eso también significa que un día tuve a esas personas a mi lado. Personas que me enseñaron a amar y me han dejado como legado la fuerza para seguir adelante. Tuve la grandisima suerte de crecer rodeada de cariño, y aunque ya no tenga a quienes me arroparon por las noches, su recuerdo es ahora la manta que me protege del espantoso frío que a veces se cuela por las rendijas de mi vida. Tengo el maravillosa regalo de saber lo que es que entre en tu rutina alguien que te quiera tanto como tú a él, porque hay días que le miro a los ojos y solo puedo pensar que el destino me lo ha regalado para que nunca esté sola. También tengo sueños, metas, objetivos que cumplir y que me harán luchar hasta conseguirlos. Tengo una voz con la que hablar. Tengo oídos con los que escuchar. Tengo ojos con los que puedo admirar el paisaje, observar los pequeños detalles y llorar por las cosas que merezcan mis lágrimas. Hay noches que maldigo mi suerte, que deseo ser otra persona para no cargar con la pena, pero cuando sale el sol me doy cuenta de que llevo a hombros mis vivencias con orgullo. No todas son buenas, algunas pesan tanto que me aplastan el alma, pero al fin y al cabo son todo lo que he vivido. Y me enorgullezco de ellas. Las cargo con respeto y no me importa mostrar al mundo que esta es mi vida: a ratos dolorosa y a otros sencillamente genial. Esta es mi vida y jamás la cambiaria por nada.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Noviembre

Cómo voy a echarte de menos.
 Nunca antes te había metido en mi lista de cosas por las que lloro un ratito cada noche. Y ahora aquí estás: desvelándome, haciendo que repase cada uno de nuestros recuerdos de este último año acompañados de una lágrima en vez de una sonrisa.
A día de hoy eres lo único que mantiene en pie, el único motivo por el que soy capaz de levantarme por las mañanas y la única persona que me acompaña cada día, que escucha mis quejas y las cambia por carcajadas.
Últimamente me han arrebatado tantas cosas que mi boca se ha cansado de decir “no puedo más", pero siempre he encontrado la forma de sacar las fuerzas para seguir adelante.
Ahora no. Después de esto ya no. No tengo donde derramar mi pena y si me la guardo dentro explotará y no volveré a levantar la cabeza del suelo.
No vas a estar ahí para abrazarme, ni para darme un beso o para acariciarme la espalda hasta quedarme dormida. Te vas.
Y siento de veras ser tan egoísta pero no puedo evitar que en la misma medida que me alegro y me siento orgullosa de ti, me parte el alma pensar en no tenerte conmigo y no poder estar a tu lado en lo que sé que será lo mejor que vas a vivir en la vida.
También siento ser tan dramática pero no consigo verlo todo desde otra perspectiva.
Estoy perdiendo tantas cosas...y aún no puedo creer que tu vayas a ser una de ellas. Se me encoge el corazón cada vez que hablamos de ello y me odio a mi misma cuando la sonrisa no acompaña a mis palabras de ánimo.
 Porque se que no es justo para ti y que no debería dejarte ver lo mucho que me duele todo esto.
Pero cariño, de verdad, cómo voy a echarte de menos.

lunes, 26 de octubre de 2015

Putadas

"Esto te va a hacer más fuerte"
"Son estas situaciones las que te harán madurar"
"Ahora es cuando deberás comportarte como una adulta"
Son ese tipo de cosas las que oigo a diario últimamente. Llamadme psicópata si digo que cada vez que escucho algo así deseo tener una pistola en el bolso para matarlos a todos.
He perdido el mayor pilar de mi vida, he tenido que decirle adiós a la persona que más quiero en el mundo. He empaquetado sus ropa, he regalado sus cosas, he guardado en cajas todos sus recuerdos.
Y lo único que se le ocurre decir a la gente es que eso me hará madurar.
Que les jodan. Que les jodan a todos.
Esto no me está haciendo madurar. No me hace ser más fuerte, ni más adulta, ni más nada. Esto es sencillamente la mayor putada que podría haberme ocurrido, y odio que la gente intente buscarle el lado positivo. Porque no lo tiene. Y aunque fuera cierto que todo esto me hace crecer, que alguien me explique donde está lo positivo ahí, porque yo no puedo verle el lado bueno al hecho de que la poca inocencia que me quedaba se haya extinguido.
He aprendido cosas, eso es cierto. He aprendido muchas cosas a partir de esto. Por ejemplo, ahora sé que las personas se mueven por la conveniencia, y da igual que sea tu familia o tu amigo, si no le conviene tenderte la mano, ten por seguro que no lo hará.
He aprendido que la desgracia para uno es el morbo para otro.
Que a la hora de la verdad, muy poca gente está a tu lado.
Que a las buenas, todos; a las malas, a saber.
¿A eso le llaman madurar? ¿A volverte absolutamente cínica y fría hacia las personas que antes amabas?
Yo no lo creo así. Si me miro en el espejo solo veo a una niña a la que le ha caído encima un peso que le está machacando el alma, 
Todo el mundo pone de excusa que ahora soy más fuerte y que yo puedo con todo para no tender su mano.
Nunca antes me había sentido tan sola.
Jamás había sufrido tanto como estoy sufriendo ahora.
Y tampoco antes había mostrado menos mis sentimientos a los demás.

sábado, 4 de julio de 2015

Te quiero.

¿Sabes? Ya puedo hablar de ti sin romperme por dentro.
Creí que nunca podría pronunciar tu nombre sin que se me creara un nudo en la garganta, sin que me temblaran las manos.
Cuando me preguntan cuantos hermanos tengo ya puedo responder “dos”.
Poco a poco he ido aceptando que no estás ni volverás.
Ya solo lloro de noche.
Tampoco suelo hablar de ti en presente, aunque eso ha sido quizás lo más difícil, enlazar tu nombre al pasado, cambiar el “es” por “era”.
Ya no me derrumbo al oír hablar de ti, de hecho me gusta escuchar, me gusta aprender e imaginarte. Porque aunque ya no me haga pedazos tu sombra, me niego a olvidarla. No quiero que se difumine tu cara, tus manos, tu pelo. Aún puedo escuchar claramente tu voz en mi cabeza y si me concentro también puedo recordar tu tacto.
Te echo de menos con optimismo, con orgullo.
Aunque hay días en los que me permito abrazar tu fotografía y llorar, susurrarte bajito que te echo de menos y lo guapa que eras.
Pero esos días cada vez son más escasos, aunque también es cierto que cuando llega uno de ellos tardo en recuperarme más tiempo.
No estoy llorando mientras escribo esto.
Ni lloraré cuando termine y apague la luz, porque sé que si lo hago mañana no podré levantarme. Y el mundo no espera a nadie.
Pero no pienses que he dejado de quererte mi niña, no se te ocurra creer que ya no pienso en ti.
Es solo que el tiempo alivia el dolor y tengo que ser fuerte. Tengo que vivir con tanta fuerza como viviste tú, y si me estanco en mi pena mis pies pesan el doble. Los necesito ligeros para poder correr, preciosa.
Pero te quiero, te quiero muchísimo y pienso en ti cada día. No olvides nunca que eres mi faro, mi guía y mis ganas de seguir adelante.
Te quiero, te quiero.

viernes, 3 de julio de 2015

Hay noches.

Hay noches en las que me siento sola.
Tengo a personas maravillosas a mi lado: mi familia, mis amigos, el mejor chico del mundo...
Pero aún así hay noches en las que los siento a todos lejos. Aunque no lo estén.
En mi cabeza imagino situaciones en las que todo se rompe, o motivos por los que se alejan de mi lado. Las analizo, las comprendo y sobretodo las temo.
Madrugadas de un día cualquiera donde en mi cabeza nadie está conmigo.
Ese siempre ha sido mi miedo más grande, la soledad. Quizás porque alguna vez supe lo que realmente significaba y lo que me hizo sentir.
Es extraño verme arropada por tanta gente, con tanto amor, y volver la vista atrás, a cuando nadie estaba allí.
Las noches de insomnio son el escenario de todos esos miedos, y el silencio suele ser el detonante.
Hay noches en las que me siento sola.
Hay noches en las que creo morir.

viernes, 26 de junio de 2015

Luchar

A veces es necesario echarle coraje.
Aspirar la última calada, pisar la colilla y salir corriendo.
No para hasta que te sientas empapado de sudor, hasta que las piernas te den calambres y el corazón te vaya a salir del pecho.
Luchar, luchar y luchar. Hasta que ganes.
Y si no, al menos no te arrepentirás de no haberlo intentado con todas tus ganas.
Peca mil veces más de pasarte de la raya, que de no llegar a pisar la línea.
Un gran dramaturgo dijo una vez que lo importante en nuestro hacer es aprender a sufrir, pero yo no estoy de acuerdo. Lo que de verdad es necesario es transformar el sufrimiento en determinación.
Agrupar todos los miedos, todo el dolor y todos los complejos y que superarlos sea la meta.
Y cuando la alcances, volver a ponerte otro objetivo. Porque nunca se deja de sufrir, y del mismo modo nunca se debería dejar de pelear contra tus propias barreras.


miércoles, 15 de abril de 2015

Cursiladas de miércoles noche.

Tiene los ojos de esas olas que ya han navegado lo suficiente para coger fuerzas, pero aún no temen estrellarse contra la orilla.
Tiene la cabeza de viento. Ventoleras de futuro que lo despeinan, que lo empujan, que alzan su imaginación hacia donde todo es posible.
Tiene la risa de agua. Riachuelos que se cuelan por los rincones polvorientos y los limpia, agua fresca que empapa y agua con sal de quien sabe y a veces calla.
Tiene los pies de tierra. Raíces que se aferran al suelo conocido, que se alargan, atrapan y abrazan. Tierra con ganas de ser removida, arrastrada, pero que disfruta con las flores que han crecido a su alrededor.
Tiene las manos capaces de abarcarlo todo.
Tiene el corazón valiente.
Tiene los dientes llenitos de ganas de morder la vida,
y el alma de una bestia salvaje que duerme.