Magic

Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Todo

Sácame a bailar.
Emborrachémonos.
Gritemos cuando todos duermen.
Corramos cuando ellos anden.
Ríemonos en sus caras serias.
Que no pueda detenernos nadie.
Que no le hagamos caso a las señales.
Que la vida nos pase rápido, que no haya más que fuego.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Tonterías

No sé en que momento pasó a ser algo bonito.
En que instante pasó a ser una chispa graciosa a algo así de grande.
Sorprende como cuando menos te lo esperas ¡Puf! Una sonrisa.
Y después de esa sonrisa, una carcajada, una mirada, un beso. Y otro más, y otro, y otro más.
Asusta no saber lo que es, lo que no es, lo que podría llegar a ser.
Intimida la belleza de esos centímetros donde nuestros alientos se juntan y bailan.
Una carrera a contrarreloj, no es buen momento para algo así.
Quizás nunca lo sea, pero no es algo que se programe, que se decida, que se hable previamente.
Un "me encantas" y la rabia desaparece. Coge los malos momentos y como un maestro de papiroflexia los transforma en algo frágil, dulce y hermoso.
Una lágrima en una sonrisa.
Una pesadilla en un sueño.
El miedo en valor.
Las voluntad gana al miedo.
Que dure lo que sea, que aprovechemos el tiempo en reírnos, en comernos, en abrazarnos. Que no le temamos a lo que tenga que llegar, a lo irremediable. Ilusionémonos un poquito, quizás nos los merecemos.
Y si no que más da.
Lleguemos a la sonrisa diez mil.
Y luego, ya veremos.



martes, 11 de noviembre de 2014

Sentidos

Respira.
Vamos, ¿A qué esperas?
Llena tus pulmones de aire, hínchalos tanto como puedas y después deja que lentamente de desinflen.
Huele, arruga la nariz, abre los poros.
Observa.
Venga, no es tan difícil.
Abre los ojos, deja que se acostumbren a la claridad y detente en cada cosa que haya a tu paso.
Pestañea, llora, que se dilaten tus pupilas.
Escucha.
Aprende a hacerlo.
Quítate los auriculares, gira la cabeza y concéntrate en todo aquello que emita algún sonido.
Destapónalos, siente la música, las voces, los ruidos. Que tus oídos sepan lo que es el placer.
Saborea.
No olvides que tu lengua está para algo.
Abre la boca, mastica lentamente, deleítate en los sabores dulces, en los picantes, en los amargos.
Bebe, fuma,muerde, siente la saliva de la otra persona.
Toca.
¿De veras vas a desaprovecharlo?
Haz que el calor se concentre en tus palmas, desliza tus yemas por la pared, por las ventanas, por las sábanas. Por tu cuerpo, por su cuerpo.
Acaricia, abraza, araña.
Siente.
Vive.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Mum

Miró a sus ojos y no pudo evitar sonreír. Esa mirada curiosa y enorme, esa sonrisa tan llena de vida, esa inocencia era lo que la mantenía fuerte.
Se acercó a él, que tumbado no apartaba la vista de ella, y le susurró bajito que él era lo que más quería, que no sería nadie si no estuviera allí. Le dijo que le quería, que le amaba, que era lo más feliz que le había pasado en la vida. No lo dejaría por nada del mundo, no dejaría que le hirieran, lo besaría cada noche. Le cuidaría, le haría reír, lo adoraría pasara lo que pasase y jamás la decepcionaría. Le comentó lo mucho que había estado esperando para un amor así, lo mucho que lo había anhelado, y que ahora que él estaba a su lado cada día, cada madrugada, cada noche, era como si siempre hubiera sido así. Abrazaría ese cuerpo cada vez que lo necesitase, nunca más estaría sola. Lo amaba con locura. Le dijo que era el hombre de su vida, que dedicaría cada segundo a su felicidad, a hacer crecer esa sonrisa, que moriría por él, que todo lo que él amase lo amaría ella también.
Se acercó a su frente y le besó con ternura.
Él ya dormía, y ella se quedó observándole un poco más; y cuando le entró sueño a ella, se apartó de la cuna y cerró la puerta con cuidado de no despertarle.

jueves, 30 de octubre de 2014

Cry



No me suele gustar Rihanna y nunca antes había escuchado esta canción, pero simplemente al oírla es como si me hubiera rajado.
No puede describir mejor lo que llevo sintiendo todo este tiempo.
Sencillamente no puede,

No soy del tipo de chica de las que le rompen el corazón 
No soy del tipo de las que se enfada y lloran 
Porque nunca deje mi corazón abierto 
Nunca me lastimó decir adiós 
Nunca me involucre profundamente 
Nunca lo di todo en el amor 
Alguno puede decir que me amó de verdad 
Pero al tiempo ya no me importaba 

Mi mente no esta en ningún lado 
Estoy girando 
Y en lo profundo 
Mis lágrimas ahogaré 
Pierdo el control 
Que esta pasando? 
Me desvié del amor 
Así es como me siento 

Esta vez fue diferente 
Me sentí como la víctima 
Y me cortó como un cuchillo 
Cuando te marchaste de mi vida 
Ahora estoy en esta condición 
Y tengo todos los síntomas 
De una chica con el corazón roto 
Nunca me verás llorar 

Pasó cuando te besé por primera vez 
Porque dolía dejarte ir 
Tal vez porque desperdicié demasiado tiempo 
Y ahora se que no tengo más 
Nunca debí dejar que me abraces 
Tal vez porque estoy triste por separarnos 
No cedí a ti a propósito 
No puedo entender como robaste mi corazón 

Mi mente no esta en ningún lado 
Estoy girando 
Y en lo profundo 
Mis lágrimas ahogaré 
Pierdo el control 
Que esta pasando? 
Me desvíe del amor 
Así es como me siento 

Esta vez fue diferente 
Me sentí como la víctima 
Y me cortó como un cuchillo 
Cuando te marchaste de mi vida 
Ahora estoy en esta condición 
Y tengo todos los síntomas 
De una chica con el corazón roto 
Nunca me verás llorar 

Como llegué a esto contigo 
Nunca lo sabré 
Nunca quise que fuera tan personal 
Y después de todo traté de 
Alejarme de tener que amarte 
Tengo el corazón roto 
No puedo dejar que lo sepas 
Y no te lo voy a demostrar 
No me veras llorar 

Esta vez fue diferente 
Me sentí como la víctima 
Y me cortó como un cuchillo 
Cuando te marchaste de mi vida 
Ahora estoy en esta condición 
Y tengo todos los síntomas 
De una chica con el corazón roto 
Nunca me verás llorar 

Esta vez fue diferente 
Me sentí como la víctima 
Y me cortó como un cuchillo 
Cuando te marchaste de mi vida 
Ahora estoy en esta condición 
Y tengo todos los síntomas 
De una chica con el corazón roto 
Nunca me verás llorar 

lunes, 13 de octubre de 2014

Terror

Es ese miedo.
Ese terror a no ser demasiado buena, a no estar a la altura.
Temerle a la vida se ha vuelto mi rutina. Aterroriza pensar en no conseguir las metas que me propongo, en que nadie vaya a valorarme.
Es paralizador, asfixiante, vertiginoso.
Una y otra vez se dibujan en mi mente esas caras de desaprobación, como si les hubiera defraudado a todos.
Nunca pensé que sería tan difícil perseguir un sueño. Es como si hubieran demasiadas cosas que te anclan en un sitio; no puedo dejar de infravalorar lo que soy, lo que pienso o como me veo.
Me apoyo en excusas para no seguir adelante y sueño con tener una vida más sencilla, más cómoda.
Hay días que incluso siento náuseas o mareos, como si estuviera a punto de lanzarme de un edificio demasiado alto, y a la lejanía, en el suelo, viera los cuerpos de aquellos que lo intentaron antes que yo y fracasaron sin remedio.
No puedo evitar desconfiar de mí misma.
No puedo evitar odiarme.
No puedo evitar envidiar a quienes van por delante de mí.
Pruebo a cerrar los ojos y me imagino abrazada a alguna de esas personas que confía en mi y me consuelan. Bueno, abrazada no, más bien acurrucada contra su cuerpo, dejando que me acaricie la cabeza y me susurre que soy mucho mejor de lo yo soy capaz de ver en el espejo.
Pero cuando abro los ojos solo estamos mi reflejo y yo. Y entre nosotros una verdad indiscutible.
Que no estoy a la altura.
Que todo esto me queda grande.

martes, 30 de septiembre de 2014

La suerte de mi vida

Y es por ella, que me cuida desde el cielo, por quien voy a luchar.
Es por ella por quien levantaré mi copa y brindaré.
A quien dedicaré mis logros, mis sonrisas, mi suerte.
Será ella siempre a la que imagine abrazándome cuando estoy hundida.
Será su recuerdo el que me haga retorcerme de dolor al mismo tiempo que me alivie como si fuera una canción de cuna.
Será su fotografía la que me quede mirando cada vez que me siente en mi escritorio, y será su voz la que escuche en mi cabeza cuando no sepa que camino tomar.
Será su chaqueta la que me caliente por las noches, la que me alumbre con su rojo fuego.
Será su collar el que adorne mi cuello, sintiendo como la fría piedra acaricia mi clavícula.
Por ella me levantaré las veces que me caiga. Aunque tenga las rodillas raspadas, aunque me sangren los codos, aunque nada amortigüe la caída. Porque solo recordar esa risa, esos ojos determinantes, esa fuerza; será suficiente para que únicamente mi voluntad cargue con mi cuerpo y lo lleve a donde sea que deba ir.
Y es que es ella. Es su pérdida la que llevo a los hombros con orgullo, aunque pese, porque nada me honra más que haya estado conmigo todos esos años; y porque es mi ejemplo a seguir, mis ganas de no tirar la toalla, de ser cada día un poquito más fuerte.
Nunca nadie podrá llegar siquiera a imaginar cuanto la quiero, y cuanto la extraño. Cuantas veces la pienso al día, o cuantos recuerdos guardo como si fueran el tesoro más valioso del mundo.
Y aunque se me llene el pecho de pena, también lo inflará la admiración que siento. 
Y es por eso, por ella, por su reflejo en las nubes, por lo que no seré nunca capaz de rendirme.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Pasos hacia arriba

Van a intentar hundirte.
Van a apuntarte con sus palabras y antes de que puedas pestañear dispararán. Y te harán daño.
Van a coger tus sueños, tu trabajo, tu esfuerzo. Van a hacer una bola con todo por lo que has luchado y lo van a tirar a la basura, y cuando acierten chocarán sus manos.
Te harán sentir mal, disfrutarán esa duda en tu mirada, esas manos sudorosas; nerviosas. Cuando tragues saliva con miedo, será la mejor melodía que puedas darles.
Si estás arriba, te mirarán con rabia y balancearán la escalera, querrán verte caer.
Si estás abajo, te sonreirán y tenderán su mano para que te levantes. Pero no dejarán que tus ojos estén a su altura. Quieren verte bien, pero nunca mejor que ellos.
Temerás al fracaso, pero aún más a la victoria. Porque cuando no tienes nada no resultas una amenaza, no intentan destruirte, no formas parte de la competencia. Pero si consigues algo, si te pones a unos pocos centímetros por delante; ahí es cuando deberás temer más, y cuidar más tus espaldas, dormir con un ojo abierto.
La vida es una eterna competencia: unos ganan, otros pierden. Habrá quienes prefieran perder y sentir su cuerpo cálido y arropado. Habrá quienes prefieran sentir el viento frío a través de su cuerpo, que cuando alcen la voz oigan su propio eco. Preferirán ver el paisaje desde arriba, no se conformarán con una postal de recuerdo.
Nunca seas del primer tipo.
Nunca le tengas miedo a estar solo, no le tengas miedo a las alturas, ni a las lenguas afiladas.
Cuando estés subiendo, dejándote las uñas y las rodillas en la escalada; cuando estés sintiendo como las gotas de sudor te provocan picor en los ojos y tengas la ropa rasgada y la piel arañada a causa de las manos que intentan devolverte al fondo; no pares. Dolerá, sentirás fatiga, ganas de dejarte llevar. Pero no lo hagas. No les des ese gusto.
Porque cuando llegues a la cima, cuando escapes de las garras de la envidia y te alces tu mirada para ver el paisaje; encontrarás a los que como tú llegaron a la meta, los que no desistieron.
Solo serán unos pocos.
Y ahí volverá a empezar de nuevo la escalada.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Pánico

A veces sencillamente no puedo más.
Es como si todo me superara, como si el peso de la realidad me presionara el pecho, impidiéndome respirar. Los recuerdos se vuelven más dolorosos, las miradas me acusan, la culpa me corroe.
Muchas veces me pregunto si alguien puede verlo.
¿Pueden los demás ver todo lo oscuro en mí? La maldad, la envidia, el miedo. Todo lo que me circula por las venas, todo lo malo que me compone. Porque yo sí lo veo, cada vez que observo mi reflejo, aunque sea solo un segundo puedo notarlo ahí y me intento convencer de que es mentira, una ilusión causada por mi autoestima.
Pero no es cierto.
Esta ahí. Es real.
Aquello que hice mal, lo que no puedo arreglar, todo lo que me convierte en la mala persona que soy.
Es duro aceptarse a uno mismo, más si tu fondo es negro; simplemente asumir que por mucho brillo que intentes sacarte, el color no cambia.
Y aún así espero bondad por parte de los demás, y me duele cuando no son amables; cuando me acuchillan con palabras. Aún así me quedo sin aire cuando veo las consecuencias de mis actos, el sentimiento de culpa que me invade intento hacerlo desaparecer, aunque sepa que no sería justo, que es lo que me he ganado, lo que debo soportar el resto de mi vida.
Cada noche me autocompadezco, y aun sabiendo la respuesta, me sigo preguntando qué hice mal, por qué esa decepción en sus ojos, por qué ese odio.
Lloro si me culpan y me dan la espalda, y aún lloro más si me perdonan y me tienden la mano. Porque sé que no es justo para ellos, que no debería ser tratada así, que el perdón tiene sus límites y lo que hice los superan.
En mis momentos de lucidez siento pánico; saber que nunca seré la protagonista de la historia, que siempre seré ese personaje al que odian y del que hacen caricaturas mofándose. Es como si mi vida fuera un chiste de humor negro. El pobre diablo que se disfraza de ángel. La madrastra mala que sueña con casarse con el príncipe. El lobo que finge ser vegetariano.
Si tuviera un hada madrina le pediría ser mejor persona, nada más. Simplemente que me quitara todo lo malo, todo lo que me hace herir a la gente que quiero.
Pero la vida no es cuento, no hay hadas madrinas, ni príncipes buenos que te buscan hasta el fin del mundo. Y si los hay, nunca vendrían a mí.

lunes, 25 de agosto de 2014

noches de verano

Me gustan las noches de verano.
Sentarme en el suelo de mi balcón, viendo las luces nocturnas malagueñas y escuchando los coches de lejos, preguntándome a donde irán a estas horas. Encenderme un cigarrillo y dejar que mi mente vuele por encima de todo.
Me gusta apoyarme en la barandilla y bajar de vez en cuando la mano para rascarme alguna picadura de mosquito de las piernas. Me gusta la sensación de llevar tan solo una camiseta de tirantes y aun así no tener frío. Me gusta ir descalza y tener el pelo recogido, que la brisa acaricie mi nuca.
Es curioso como he aprendido a apreciar estos momentos, tan sencillos y tan mágicos a la vez. Tararear cualquier canción y jugar a como de lejos puedo lanzar las colillas.
No cambiaría esta simpleza por nada del mundo.

sábado, 2 de agosto de 2014

Hay sonrisas que contagian.
Ojos que iluminan.
Bocas que tientan.
Hay historias que ponen la piel de gallina.
Y personas que te acompañas a donde quiera que vayas.
Hay objetos que traen recuerdos inolvidables.
Amores que marcan.
Voces que enamoran.
Hay sentimientos que se escurren entre palabras,
y que corren por tus venas, definiéndote.
Hay billetes de trenes que nunca llegaste a coger.
Hay zapatos desgastados de tanto caminar.
Hay fotos, momentos inmortalizados,
recuerdos atrapados en trozos de papel.
Hay lágrimas, carcajadas, gritos.
Hay pasión, cólera, adrenalina.
Hay amor, y hay odio.
Soles que ciegan, lunas que te acompañan en la noche,
vayas que saltar, carreteras que no llevan a ninguna parte.
Hay caricias que aceleran el pulso,
al igual que abrazos que alivian un cuerpo que tirita.
Hay verdades como puños que siempre negamos.
Hay manos que te apartan el pelo de la cara,
y pies que se entrelazan con los tuyos bajo las sábanas.
Hay kilómetros que se convierten en centímetros,
y centímetros que mueren aplastados entre bocas que se buscan.
Hay miedos que te frenan,
muros de papel que parecen de piedra,
mariposas asesinas estrellándose contra la pared de tu estómago.
Hay lluvia, sequía, mar.
Hay infinitos y límites.
Y entre todo eso, entre todo el caos, entre todo el ruido,
están tus ojos, tus ojos fijos.
Y ellos, egoístas, hacen que desaparezca todo,
que no haya nada, absolutamente nada;
excepto tú.



jueves, 15 de mayo de 2014

Vivir vale la pena

Tuve que ver la muerte para aprender a vivir, y eso es muy curioso. 
Dicen que no se valora lo que se tiene hasta que se pierde, y que uno ama realmente cuando esa persona se ha ido. Es decir, que para ver algo, primero tienes que ver su opuesto, lo contrario.
Si eso lo lleváramos a todos los aspectos de la vida, esa teoría pasaría a ser surrealista. No podrías saborear lo dulce hasta haber probado lo amargo, no podrías reír sin haber llorado primero, no podrías ir a la izquierda sin haber ido antes a la derecha. Y no podrías tener amigos sin saber que es la soledad primero.
Nada de eso tiene sentido, lo sé. Y lo cierto es que no sé muy bien como se rigen las leyes del universo, hasta que punto una idea puede ser cierta, cuanta realidad hay en una teoría bien formulada. Ni siquiera sé por qué ocurren las cosas más simples, como por qué un bocadillo sabe mejor en la playa, o cómo se mantiene un barco a flote con lo muchísimo que pesa.
Lo único que sé es que aprendí a vivir muchos años después de haber nacido. Porque existir y vivir no es lo mismo. Respirar, comer, dormir, ir al colegio o abrazar a un amigo; todo eso es existir.
Pero vivir es otra cosa.
Vivir es respirar y sentir como se llenan tus pulmones de aire. Un aire que después, lentamente sale por tu boca y llega a parar al cuerpo de otra persona que ni siquiera conoces, pero con la que ya has compartido algo que ha estado a escasos centímetros de tu corazón.
Vivir es un desayuno en compañía, con café caliente con mucha azúcar, que recorre tu garganta y huele a un buen día.
Vivir es acostarte y sentir como la almohada cede bajo tu peso, cómo las sábanas perfilan tu cuerpo y sientes que no puede haber lugar más seguro que ese en el mundo; aunque solo te proteja una pequeña tela.
Vivir, que remedio, vivir es levantarte temprano al sonar el despertador y calzarte tus zapatillas más cómodas, porque sabes que te espera un día agotador.
Vivir sí es abrazar a un amigo. Pero no por el hecho de abrazarle, si no porque al hacerlo sientes como tienes entre tus brazos una de las cosas más importantes del mundo.
A veces dejamos que pasen los días sin ser conscientes de todo lo que nos rodea. Solo somos capaces de mirar el reloj y seguir una rutina, esa que si sabemos captar sus detalles; comprendemos que no es monótona, si no que esta llena de pequeñas cosas que hacen cada día inesperado y único.
Hace poco que vivo, y puedo decir que es agotador. Vivo con tanta intensidad que acabo exhausta.
Sé muy pocas cosas, pero entre el pequeño repertorio de experiencias que tengo; puedo sacar algo en claro, y es que vivir vale la pena.

miércoles, 7 de mayo de 2014

No puedo más.

Como la echo de menos.
Sé que ya apenas escribo de algo que no sea sobre ella, pero es que no puedo pensar en otra cosa.
Cada mañana me levanto pensando en cuanto la extraño, y me duermo de la misma manera.
Cada día dedico un rato a recordarla, a asegurarme de que no me olvido de su risa, ni de su pelo, ni de su perfil, ni de su olor. Como la quiero.
Y es que a veces es sencillamente imposible pensar que no volveré a verla, ni a discutir con ella. No podré tocarla.
Y aún es más duro cuando no puedo hablarlo con nadie que no sea su fotografía, porque es incómodo. Aquel a quien le comento algo suele cambiar de tema rápido, porque no es agradable hablar de aquellos que ya no están. Y yo lo comprendo. Y lo respeto. Pero hay días que sencillamente necesito gritarle a alguien que duele demasiado. Que escuece. Que lloro casi cada día.
Me gustaría poder describirla, contar anécdotas sobre ella, sobre nosotras.
Pero nadie quiere escucharlas.
Y quizás yo tampoco quiera. A veces, cuando la comento de pasada, se me hace un nudo en la garganta y algo frío me atraviesa el pecho. Y en ese momento, simplemente me gustaría comentar "la echo de menos, ¿Tú no?" Pero sé que si lo dijera, me echaría a llorar.
Mi niña.
Mi hermana.
Nos prometimos tantas cosas.
Y la defraudé tanto.
Y son días así, un miércoles cualquiera a las ocho de la tarde cuando de repente no puedo evitar soltarlo de algún modo. Porque un día cualquiera como es hoy yo estaba hablando con ella quizás, o sentada en el sofá hablando de estupideces.
Que guapa era.
Que preciosa.

domingo, 4 de mayo de 2014

"Frena"

Últimamente todo el mundo me dice "frena".
Y es curioso, porque yo siento que voy a pasos de tortuga.
Varias personas me han dicho irónicamente "tú sabrás lo que haces".
Y me hace gracia, porque nunca he creído que no supiera lo que estaba haciendo.
En alguna ocasión he oído algo como "así vas mal"
Y yo, extrañada, comparo con ayer y no lo veo todo tan malo.
Creen que he perdido la cabeza.
Que hago lo que hago para huir del miedo.
Y es cierto.
Pero, ¿Qué esperan? 
Anoche, a una hora demasiado tarde como para estar aún despierta, pero muy temprana como para haberme levantado ya; sentada en una plaza concentrándome en el cambio de las luces de neón de una discoteca y dejando que los efectos de aquello que hubiera bebido y fumado se me pasaran un poco, pensé en aquello que me decían. Y quizás tuvieran razón, tal vez eso no era propio de mí.
Ahogar las penas, lo llaman.
Yo prefiero referirme a ello como pasarlo bien.
Pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. Había convertido eso en rutina, como mucha gente hace. Aunque como siempre, para los demás está permitido, pero para mí no. Porque siempre tengo que ser la excepción. Porque yo tengo que enfrentarme al mundo, no me puedo evadir, ni anestesiar mi cerebro.
No me quieren dejar tomar caminos fáciles.
Nadie lo ve. No me voy a estrellar, sé lo que hago y no voy mal. Simplemente a veces se necesita dejar de lado los recuerdos, olvidarlo todo, sentir sencillamente que eres uno más entre la gente, bailando, riendo, comportándote como uno más.
Tengo miedo. Pero sé como pararlo.

domingo, 30 de marzo de 2014

Escribir

Yo adoraba escribir.
Sentía como del centro de mi pecho salían un montón de sentimientos y formaban letras sobre una hoja, escondidos entre apuntes de clase.
Escribía sobre cualquier cosa, cada pequeño detalle que yo considerara especial. Cargaba mi pistola con recuerdos y disparaba contra un lienzo en blanco, salpicando mi mundo entero, haciéndolo temblar.
Las palabras de quienes me leían me animaban a seguir haciéndolo; era mas que un pasatiempo: era una vía de escape. Un pasadizo que me llevaba allí donde no existía la crueldad, ni los corazones rotos, ni el miedo.
Ya no sé que ha sido de ese lugar. Quizás un ejército con tanques cargados de realidad lo destruyeron todo, o simplemente construyeron encima. Quién sabe.
Lo único cierto es que dejé de escribir.
¿Para qué? ¿Huir de nuevo a un mundo donde solo estoy yo y mis estúpidas imaginaciones?
Al principio pensé que simplemente había crecido. Ya sabes, inventar es para niños. Yo creí que había crecido, que ya no me interesaba todo esto, que mis nuevas ocupaciones eran más importantes, que tenía que dejarme de fantasías.
Pero si soy sincera, nada de eso es cierto. No es que me desinteresara mi pequeño y maravilloso mundo, lo que en verdad ocurría es que la cruda realidad había caído sobre mí, su peso recaía entre mis hombros, y tan ocupada estaba con que no me aplastara que a penas podía pensar en evadirme.
Y quizás siga siendo así.
Porque ya no hay magia en mis palabras, ya no hay fantasía.
Solo anhelo, y sequedad.
Se podría decir que las arterias de mi imaginación se han taponado, y ya no les llega vida.
Todo es áspero, gris; sin una pizca de todo lo que fui ayer.
Echo de menos escribir. Pero quién sabe, quizás algún día un buen médico me haga un trasplante, y vuelva a soñar.

sábado, 22 de marzo de 2014

Pequeños amores

Nunca olvidamos a nuestro primer amor.
El primer beso que te hace subir al cielo, la primera caricia indiscreta, el primer ''te quiero", las primeras citas.
Yo me sentía tan mayor aquellos días: ya había cumplido 13 años, y podía considerarme oficialmente una adolescente. ¡Uau! Qué palabra. Sonaba tan bien.
Cada viernes salía con amigos mayores, y eso me hacía sentir aún mejor. ¡Mi mejor amigo tiene 15 años! ¡Ya es todo un hombre!
Y después cuando tocaban las nueve de la noche volvía a casa y le contaba a mi madre todos mis nuevos ''problemas adolescentes''
Y entre todos aquellos días estaba él: mi primer chico. O al que yo consideraba el primero. El primer ''novio'', otra palabra que se hacía tan grande en mi boca.
Duramos cinco meses. ¡Cuantísimo tiempo! Parecía una eternidad cuando realmente era solo un suspiro.
El me enseñaba marcas de coches, y cuando yo acertaba una, me besaba.
Eramos pequeños, e inmaduros, no teníamos experiencia y nos encantaba.
Pero después tocó crecer. La palabra adolescente ya no sonaba tan bien, el instituto era más duro de lo que esperaba y a veces resultaba hasta cruel. Nos separamos y no volvimos a saber del otro, apenas pequeñas noticias que nos llegaban de los amigos que aún teníamos en común. Cada uno siguió su camino, y cuando ya podíamos decir que casi habíamos dejado atrás la adolescencia, volvimos a encontrarnos.
Y parecía que esos años no habían pasado.
Por supuesto, los cambios eran evidentes, pero el brillo de ojos era el mismo. La sonrisa estaba manchada de experiencia y humo, pero seguía siendo suya. El olor, la forma de caminar, de abrazarte, todo eso seguía intacto, como si el tiempo no lo hubiera mancillado.
Siempre me sorprendo de como pasa el tiempo, como va cambiando todo. Pero aún me sorprendo más cuando observo que algunas cosas no cambian aunque los siglos las aplasten.
El primer amor nunca se olvida. Quizás sea porque nunca cambia.

martes, 11 de marzo de 2014

El día que iba a morir.

Una mañana desperté convencida de que ese mismo día iba a morir.
No hubo ninguna señal, ni se me apareció la muerte en sueños, ni esas tonterías que vienen en los libros; simplemente lo supe: sonó el despertador, abrí los ojos, miré al techo cuando la irritante musiquita del móvil seguía sonando y pensé ''hoy voy a morir''. Así de sencillo.
Si soy sincera, no me entristecí, ni lloré. Me levanté, apagué el despertador, me vestí y bajé a desayunar.
Comí cereales con leche fría y un vaso de agua.
Fui al baño, me maquillé, me lavé los dientes, me peiné, cogí mi mochila y me fui al instituto.
Pasé un día como cualquier otro, solo que mentalmente me iba despidiendo de cada uno de mis padres y profesores. Hablaba con ellos, les reía las gracias y preguntaba mis dudas en clase mientras pensaba ''a ti te voy a echar de menos, eres buena chica'' o ''cuando mañana no esté, ¿Con quién se sentará mi compañero de mesa?''
Había dado por hecho que iba a morir, y no iba a hacer nada para evitarlo.
Cuando volví de clase me puse a estudiar para el examen que tenía al día siguiente a pesar de que sabía que no lo iba a hacer. Llamé a mi padre y cuando me despedí de él supe que sería lo último que le diría.
Me duché y dediqué un largo rato a cepillarme el pelo mojado mientras miraba mi cuerpo desnudo en el espejo.
''Que joven voy a morir, si aún no tengo arrugas''
Y me peinaba.
''Me hubiera gustado saber como sería de vieja. Algunas ancianas simplemente se ponen gordas, pero mi abuela es delgada, ¿Cómo sería yo?''
Y me seguía peinando.
''Tener el pelo blanco hubiera estado bien''
Cené. Vi la televisión un rato. Subí a mi dormitorio y leí, dándome cuenta que nunca llegaría a saber el final de aquella tonta historia que bailaba entre las páginas.
A las diez y media apagué la luz y antes de dejarme vencer por el sueño, me despedí de mí misma.
''Adiós yo. Me ha gustado estar contigo todos estos años, ha habido peleas y a veces te he hecho daño, pero no ha sido una mala relación al fin y al cabo. Cuando ya no sea yo me echaré de menos, pero espero saber como ser yo sin ser yo porque yo voy a morir. Vaya, que cosa más rara''
Mi último pensamiento antes de quedarme dormida fue que iba a morir sin probar el helado de boquerones.
A la mañana siguiente desperté y volví a mirar el techo.
Mis piernas, mis brazos y mi cabeza seguían igual que siempre.
No estaba muerta, al menos no a efectos prácticos.
Pero si soy sincera, ahora que han pasado varios meses de aquello, desde entonces sigo preguntándome si realmente morí aquella noche.

viernes, 31 de enero de 2014

Lo valéis

Nunca he tenido nada de lo que sentirme orgullosa.
¡Es cierto! Me da tantísima vergüenza admitir que nada serio se me da bien.
No sé cantar.
Tampoco bailar.
Dibujar para qué.
¿Estudiar? Anda ya.
Si me metes en una cocina esta puede salir ardiendo.
Si pretendes que te arregle el ordenador probablemente tengas que comprar uno nuevo.
Pierdo a todos los juegos que existen, incluso al veo veo.
Soy lenta.
No sé mucho de música, ni veo demasiado cine culto, y sinceramente, todos los clásicos de la literatura me parecen un maravilloso coñazo.
Tampoco sé cuidar de los míos, y me cuesta más decir ''te quiero'' que hacer el puente en un acantilado.
No sé hacer el puente.
Ni poner los ojos bizcos.
Ni siquiera sé nadar de una forma digna.
Tampoco he hecho nunca nada demasiado grande por nadie, a no ser que un par de flashmobs en la calle para los niños con leucemia cuente como ayuda grande.
Aún así, a pesar de ser 90% defectos y 10% cualidades (entre las que se encuentra no roncar y ducharme a diario) sigo cayendo bien a la gente.
No a todos, por supuesto. De hecho, hay demasiadas personas que no pueden verme sin que se les ponga cara de peo; pero igualmente algunas personas siguen acercándose a mí.
Sinceramente, sin bromas ni victimismos ¿En serio no tenéis nada mejor que hacer?
Corréis el peligro de salir gravemente perjudicados tanto social, física, psicológica, moral e incluso económicamente. ¿De veras vivís tanto al límite? Vamos hombre.
Realmente admiro la valentía de mis amigos.
Tenéis cojones (u ovarios) bien puestos.
Por eso me gustaría darles las gracias. Porque sé que no es fácil estar a mi lado y aún así lo están.
Premio Nobel de la paz a todos mis amigos.
(Que peñazo mi hermana, que no se calla)
(Déjame terminar de escribir)
(joder)
¿No veis? Soy hasta borde.
En fin, gracias por aguantarme y quererme; o solo aguantarme, o no intentar asfixiarme con una bolsa de sándwich.
Gracias.

sábado, 25 de enero de 2014

Como cambian las cosas

Últimamente, desde principios de verano, me asombro de como cambian las cosas.
Hace apenas medio año deseaba salir de esta ciudad. Me sentía encerrada en un ambiente donde llevaba demasiado tiempo y sentía que mi rutina estaba manoseada y desgastada por el uso.
Luego, solo unos meses después me encontraba sola en la ciudad más grande de Europa, demasiado pequeña para sobrellevarlo todo y demasiado fascinada de lo grande que es el mundo.
Ahora, apenas un suspiro más tarde aquí estoy de nuevo, en mi ciudad. Pero ya no es la misma rutina, ya no son las mismas cosas. Todo ha cambiado pero a la vez sigue igual.
Ahora hay un nuevo chico.
Ahora hay un nuevo instituto.
Ahora hay tantas cosas.
Y seguro que al girar la vista atrás el verano que viene volveré a decir: como cambian las cosas.
Y qué cierto es eso.
Cómo pasa el tiempo, como los sentimientos van fundiéndose y aparentando ser otros.
Como cada persona va guardando esos recuerdos en ellos mismos y siguiendo hacia delante.
Ya no tengo miedo; lo que tenga que venir, vendrá; y yo lo asumiré lo mejor que pueda.
Ya no voy a volver a sentirme culpable, ni temer llorar, ni avergonzarme de decir que sí, que constantemente echo de menos a todo el mundo y que quizás eso no sea tan malo, quizás eso quiera decir que sigo con mi vida y voy dejando cosas atrás.
Mañana no lo sé, y ayer no lo supe, pero hoy aseguro que no estoy triste.