Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

martes, 30 de septiembre de 2014

La suerte de mi vida

Y es por ella, que me cuida desde el cielo, por quien voy a luchar.
Es por ella por quien levantaré mi copa y brindaré.
A quien dedicaré mis logros, mis sonrisas, mi suerte.
Será ella siempre a la que imagine abrazándome cuando estoy hundida.
Será su recuerdo el que me haga retorcerme de dolor al mismo tiempo que me alivie como si fuera una canción de cuna.
Será su fotografía la que me quede mirando cada vez que me siente en mi escritorio, y será su voz la que escuche en mi cabeza cuando no sepa que camino tomar.
Será su chaqueta la que me caliente por las noches, la que me alumbre con su rojo fuego.
Será su collar el que adorne mi cuello, sintiendo como la fría piedra acaricia mi clavícula.
Por ella me levantaré las veces que me caiga. Aunque tenga las rodillas raspadas, aunque me sangren los codos, aunque nada amortigüe la caída. Porque solo recordar esa risa, esos ojos determinantes, esa fuerza; será suficiente para que únicamente mi voluntad cargue con mi cuerpo y lo lleve a donde sea que deba ir.
Y es que es ella. Es su pérdida la que llevo a los hombros con orgullo, aunque pese, porque nada me honra más que haya estado conmigo todos esos años; y porque es mi ejemplo a seguir, mis ganas de no tirar la toalla, de ser cada día un poquito más fuerte.
Nunca nadie podrá llegar siquiera a imaginar cuanto la quiero, y cuanto la extraño. Cuantas veces la pienso al día, o cuantos recuerdos guardo como si fueran el tesoro más valioso del mundo.
Y aunque se me llene el pecho de pena, también lo inflará la admiración que siento. 
Y es por eso, por ella, por su reflejo en las nubes, por lo que no seré nunca capaz de rendirme.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Pasos hacia arriba

Van a intentar hundirte.
Van a apuntarte con sus palabras y antes de que puedas pestañear dispararán. Y te harán daño.
Van a coger tus sueños, tu trabajo, tu esfuerzo. Van a hacer una bola con todo por lo que has luchado y lo van a tirar a la basura, y cuando acierten chocarán sus manos.
Te harán sentir mal, disfrutarán esa duda en tu mirada, esas manos sudorosas; nerviosas. Cuando tragues saliva con miedo, será la mejor melodía que puedas darles.
Si estás arriba, te mirarán con rabia y balancearán la escalera, querrán verte caer.
Si estás abajo, te sonreirán y tenderán su mano para que te levantes. Pero no dejarán que tus ojos estén a su altura. Quieren verte bien, pero nunca mejor que ellos.
Temerás al fracaso, pero aún más a la victoria. Porque cuando no tienes nada no resultas una amenaza, no intentan destruirte, no formas parte de la competencia. Pero si consigues algo, si te pones a unos pocos centímetros por delante; ahí es cuando deberás temer más, y cuidar más tus espaldas, dormir con un ojo abierto.
La vida es una eterna competencia: unos ganan, otros pierden. Habrá quienes prefieran perder y sentir su cuerpo cálido y arropado. Habrá quienes prefieran sentir el viento frío a través de su cuerpo, que cuando alcen la voz oigan su propio eco. Preferirán ver el paisaje desde arriba, no se conformarán con una postal de recuerdo.
Nunca seas del primer tipo.
Nunca le tengas miedo a estar solo, no le tengas miedo a las alturas, ni a las lenguas afiladas.
Cuando estés subiendo, dejándote las uñas y las rodillas en la escalada; cuando estés sintiendo como las gotas de sudor te provocan picor en los ojos y tengas la ropa rasgada y la piel arañada a causa de las manos que intentan devolverte al fondo; no pares. Dolerá, sentirás fatiga, ganas de dejarte llevar. Pero no lo hagas. No les des ese gusto.
Porque cuando llegues a la cima, cuando escapes de las garras de la envidia y te alces tu mirada para ver el paisaje; encontrarás a los que como tú llegaron a la meta, los que no desistieron.
Solo serán unos pocos.
Y ahí volverá a empezar de nuevo la escalada.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Pánico

A veces sencillamente no puedo más.
Es como si todo me superara, como si el peso de la realidad me presionara el pecho, impidiéndome respirar. Los recuerdos se vuelven más dolorosos, las miradas me acusan, la culpa me corroe.
Muchas veces me pregunto si alguien puede verlo.
¿Pueden los demás ver todo lo oscuro en mí? La maldad, la envidia, el miedo. Todo lo que me circula por las venas, todo lo malo que me compone. Porque yo sí lo veo, cada vez que observo mi reflejo, aunque sea solo un segundo puedo notarlo ahí y me intento convencer de que es mentira, una ilusión causada por mi autoestima.
Pero no es cierto.
Esta ahí. Es real.
Aquello que hice mal, lo que no puedo arreglar, todo lo que me convierte en la mala persona que soy.
Es duro aceptarse a uno mismo, más si tu fondo es negro; simplemente asumir que por mucho brillo que intentes sacarte, el color no cambia.
Y aún así espero bondad por parte de los demás, y me duele cuando no son amables; cuando me acuchillan con palabras. Aún así me quedo sin aire cuando veo las consecuencias de mis actos, el sentimiento de culpa que me invade intento hacerlo desaparecer, aunque sepa que no sería justo, que es lo que me he ganado, lo que debo soportar el resto de mi vida.
Cada noche me autocompadezco, y aun sabiendo la respuesta, me sigo preguntando qué hice mal, por qué esa decepción en sus ojos, por qué ese odio.
Lloro si me culpan y me dan la espalda, y aún lloro más si me perdonan y me tienden la mano. Porque sé que no es justo para ellos, que no debería ser tratada así, que el perdón tiene sus límites y lo que hice los superan.
En mis momentos de lucidez siento pánico; saber que nunca seré la protagonista de la historia, que siempre seré ese personaje al que odian y del que hacen caricaturas mofándose. Es como si mi vida fuera un chiste de humor negro. El pobre diablo que se disfraza de ángel. La madrastra mala que sueña con casarse con el príncipe. El lobo que finge ser vegetariano.
Si tuviera un hada madrina le pediría ser mejor persona, nada más. Simplemente que me quitara todo lo malo, todo lo que me hace herir a la gente que quiero.
Pero la vida no es cuento, no hay hadas madrinas, ni príncipes buenos que te buscan hasta el fin del mundo. Y si los hay, nunca vendrían a mí.