Magic
Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.
lunes, 8 de febrero de 2016
Hoy estoy de un humor de perros.
Últimamente todo me aburre.
Me da asco lo que hago, porque no es ni de lejos lo que creía que haría este año.
Me da asco lo que dejo de hacer, porque realmente quiero hacerlo pero ya ni ganas me quedan.
Me da asco lo que quiero hacer, porque no puedo, al menos no hasta dentro de un tiempo.
Me siento como si estuviera en una transición de una etapa de mi vida hacia otra, un periodo de cambio que se está haciendo eterno, que no deja de alargarse y al que no para de sumársele más peso. Mi espalda ya no puede más.
La única persona que hacía que mis días fueran más rápidos se ha tenido que ir, y le echo tanto de menos que hay días y noches enteras en las que solo soy capaz de quedarme en modo de espera. Sin hacer nada, sin aprender nada, sin disfrutar nada...solo contar los días para verle, y los meses para tenerlo de vuelta conmigo. Le extraño de una forma tan absoluta que hasta me da ansiedad, me asfixia no poder estar a su lado.
Debo asumir responsabilidades que no van acorde a mi edad, y las personas que podrían haberme ayudado a sobrellevarlas no están porque yo misma las eché. O porque ellos se fueron. Qué mas da como fue, si eso no cambia nada.
Mis objetivos están más lejos que nunca, a la par que cerca. Supongo que eso quiere decir que podría tenerlo todo, pero no lo tengo. Porque me da pereza, porque ellos no quieren venir a mí o porque soy demasiado cobarde como para tomar las riendas y asumir riesgos.
Lo peor de todo es que antes no era así. Disfrutar el viaje, tanto el avanzar como los momentos de descanso era una de las leyes que regían mi vida hasta hace poco y no sé que ha sido de todo aquello. No quiero vivir este presente y lo único que soy capaz para cambiarlo es sentarme a esperar.
Me estoy volviendo vaga, he perdido la ambición que hacía que me moviera antes. Estoy desesperada por un cambio y ni siquiera he buscado usa solución.
A veces supongo que esto debía ser así, que tantas ganas no eran normales. Lo que me da más pánico de todo es pensar que en verdad soy así, que no me he resignado, que simplemente antes me aferraba a cosas para no sentirme vulgar.
Siempre me ha parecido la peor palabra de la tierra. Vulgar. Cuando mi abuela o mi madre llaman vulgar a alguien, significaba que esa persona no tenía nada que demostrar al mundo, ni por dentro ni por fuera. Era simplemente vulgar. Es la palabra más hiriente de nuestro idioma, supera incluso a “fracasado” o “inútil”, aunque posiblemente sean esas las que le sigan.
También pensaba que tener la autoestima física baja era algo horrible. No sabía lo que era tener la moral por los suelos. Eso es mil veces peor.
Estoy cansada de no hacer nada, y más cansada aún de hacer cualquier cosa. Sencillamente estoy insoportable.
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