Supe que ese era mi momento, que debía hacerlo ahora, pero de todos modos un miedo desesperado se agarró a mi garganta y a mi corazón. Pero por suerte, conseguí vencerlo y salí corriendo hacia la estación de tren. Corrí tanto que creía que me iban a estallar los pulmones.
Bajé las escaleras mecánicas de dos en dos, salte a las máquinas tarjeteras, y seguí corriendo. No podía perder ese momento, tenía que decirlo o moriría de dolor. Quería que él supiera lo mucho que había esperado para poder decir al mundo le que amaba, que me daba igual que no me correspondiera, que necesitaba decirle mis sentimientos.
Paré en seco justo un paso antes de chocarme contra la pared del tren, que ya empezaba a moverse.
-¡No, espere por favor! ¡¡No!!- Pero era tarde, las puertas estaban cerradas, con él dentro, sumergido en su ignorancia esperando volver a casa, ajeno a todo lo que estaba sucediendo dentro de mí. No pude más, me resultó desgarrador ver como mis posibilidades, por escasas que fueran, se esfumaban por las vías. Me dejé caer de rodillas y no me reprimí más. Me eché a llorar como nunca antes lo había hecho, diciendo una y otra vez ''espere por favor...''. Me tapé la cara con las manos y no intenté disimular mi dolor. Sollocé agitando mis hombros, intentando calmar mi corazón.
Pero de repente oí su voz. Tan dulce y tranquila como siempre la recordaba. Dijo mi nombre en una interrogación y entonces me decidí a mirar hacia el otro lado de la vía.
Y allí estaba él, con su sudadera oscura y las manos en los bolsillos, mirándome preocupado. Claro, él tomaba el tren en la otra dirección...
Grité su nombre e inspiré fuerte, intentando que las lágrimas no fueran a parar mis palabras.
-...¡Te quiero! Pero no como tú te crees...¡te quiero de verdad! ¡Estoy enamorada de ti joder! ¡Y ya sé que tú nunca vas a estar conmigo pero quería decírtelo porque estoy cansada de sufrir en silencio, quiero que sepas que todo este tiempo, desde la primera vez que te oí reír, no he tenido ojos para nadie más, y ya no puedo más! yo...-le miré una vez más, al otro lado de la vía, de pie, serio y sorprendido, con sus ojos fijos en mí y sentí como todo mi mundo se rompía en pedazos. Volví a bajar la cabeza y llorar, presionando mi brazo contra mis ojos, intentando parar. No oía nada, solo mi sollozo...y unos pasos por unas escaleras. Pero no podían ser de él. Porque seguía plantado al otro lado, seguramente, intentando rechazarme sin que me doliera demasiado. Qué ingenuo...
Pero me equivoqué. Cada vez oía los pasos más cerca. Esa persona estaba corriendo y se acercaba a mí. Venían desde el piso de abajo. Si fuera él, hubiera tenido que recorrer media estación por el subsuelo para llegar a mí, así que no podía serlo. Pero esos pasos cada vez estaban más cerca.
Hasta que lo sentí. Sus brazos rodeando mi tembloroso cuerpo, su cara hundiéndose en mi cuello y todo su cuerpo acercándome al suyo. No podía verle porque estaba detrás de mí, pero ese era su olor, esos mechones que asomaban al a izquierda de mi hombro eran de su pelo. Esa era su sudadera, sus manos...me estaba abrazando. Con tanta fuerza que podría haberme partido en dos. El corazón estaba demasiado acelerado, mis mejillas demasiado calientes, mis ojos demasiado abiertos...y cuando le oí hablar, sentí que iba a morirme.
-Yo también te quiero...desde el primer momento...desde la primera llamada...siempre. Intenté ocultarlo pero yo tampoco puedo más...quiero estar contigo...
En ese momento, el tren de la vía de enfrente paró, y pude ver como salían y entraban pasajeros, y luego se ponía en marcha y se iba.
-Has perdido el tren...-susurré.
Sentí en mi cuello como sus labios creaban una sonrisa.
-Al menos no te he perdido a ti.