Comprendí que sonreír no servía para nada, y pensé que destruirlo todo era la mejor opción.
Así hice; en el aula no había nadie excepto yo.
Las tablas de madera de los pupitres estaban separadas de sus respectivas patas de metal, algunas lamparas ya habían caído, y las que no, colgaban del techo por unos finos cables. Las sillas estaban volcadas, las ventanas rotas con los trocitos de cristal esparcidos por el suelo. Todos los diccionarios y libros tenían las páginas arrancadas y creaban una desordenada montaña que ardía con ímpetu. Las taquillas rotas y tiradas sobre los pupitres, las paredes descolchadas y la puerta cerrada con llave.
Todo formaba un hermoso caos cubierto por un espeso humo que salía de la hoguera de libros, aunque yo no me molesté en taparme la cara. Respiré hondo y contemplé mi creación. ¡Era increíblemente precioso! "¡Colosal, sencillamente!" diría el protagonista del libro que acababa de terminas y que ahora formaba parte del cúmulo de libros ardiendo. Algunas chispas caían sobre mi pie y la quemaban, pero el dolor ya no era problema para mí.
Saqué mi móvil de la mochila que caía sobre mis hombros y busqué una canción. A todo volumen sonaba Innocence de Avril Lavigne. Era perfecta para la ocasión, y me puse a susurrar la letra cerrando los ojos. <<This moment is perfect....please don't go away...>>
Un rap grotesco interrumpió la melodía. Era mi tono de llamada. Al ver quién osaba molestar mi maravilloso momento, hice una mueca y consteté:
-Cariño, ahora voy.
Y me adentré en el fuego.
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