Las alas de mi ángel caído: pequeñas, rotas, grises, con poco plumaje, doloridas...y sobretodo hermosas.
No necesita volar, solo ver como todo lo que ama alza el vuelo y desaparece le es suficiente para saber que él nunca podrá tocar el cielo.
Mi ángel aún no sabe que sigo detrás de él, intentando sanar sus alas para que vaya junto a todo lo que le hace feliz.
Arranco una pluma de las mías y la pego a las suyas. Poco a poco voy cubriendo de mi blanco plumaje sus pequeñas alitas. Él sigue sin saberlo, está seguro de que pasará su eternidad en el suelo.
Con cada lagrima que derraman mis ojos voy curando sus heridas, aliviando su dolor, dejándolas caer con máximo cuidado sobre sus rasguños, cicatrizándolos. Él no lo nota, pues el dolor de su corazón es mil veces mayor al de sus alas.
Poco a poco, sin prisa, mis alas van menguando mientras las suyas crecen, van derramando sangre mientras las de mi ángel ya casi son perfectas. Sonrío aguantando el dolor y suavemente, muy despacio, voy besando cada una de sus nuevas plumas. Al terminar le doy un pequeño empujoncito, cas imperceptible, y le dejo ir.
Mi ángel empieza a elevarse, llora de felicidad. Se acerca y roza el cielo sin mirar ni un solo momento hacia mí.
Yo le observo,verle feliz llena mi corazón de alivio. No dejo de mirarle hasta que se pierde entre las nubes. Se ha ido llevándose mis alas, pero no me arrepiento ya que robarle el dolor al a persona mas querida y guardártelo tú en tu corazón es lo mas satisfactorio que puedes hacer en tu vida, ver a esa persona sonreír por fin hace que te olvides de lo que vas a llorar sin ella, porque quitarle sus cadenas de sufrimiento y ponértelas en su lugar hace sentirte mas libre que nunca. Por eso mismo me tumbo y observo el inalcanzable cielo, y llenando mis pulmones de aire empiezoa susurrar aquella canción que a mi ángel le gustaba tanto.
''Gracias...''
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