Hace apenas medio año deseaba salir de esta ciudad. Me sentía encerrada en un ambiente donde llevaba demasiado tiempo y sentía que mi rutina estaba manoseada y desgastada por el uso.
Luego, solo unos meses después me encontraba sola en la ciudad más grande de Europa, demasiado pequeña para sobrellevarlo todo y demasiado fascinada de lo grande que es el mundo.
Ahora, apenas un suspiro más tarde aquí estoy de nuevo, en mi ciudad. Pero ya no es la misma rutina, ya no son las mismas cosas. Todo ha cambiado pero a la vez sigue igual.
Ahora hay un nuevo chico.
Ahora hay un nuevo instituto.
Ahora hay tantas cosas.
Y seguro que al girar la vista atrás el verano que viene volveré a decir: como cambian las cosas.
Y qué cierto es eso.
Cómo pasa el tiempo, como los sentimientos van fundiéndose y aparentando ser otros.
Como cada persona va guardando esos recuerdos en ellos mismos y siguiendo hacia delante.
Ya no tengo miedo; lo que tenga que venir, vendrá; y yo lo asumiré lo mejor que pueda.
Ya no voy a volver a sentirme culpable, ni temer llorar, ni avergonzarme de decir que sí, que constantemente echo de menos a todo el mundo y que quizás eso no sea tan malo, quizás eso quiera decir que sigo con mi vida y voy dejando cosas atrás.
Mañana no lo sé, y ayer no lo supe, pero hoy aseguro que no estoy triste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario