Y es curioso, porque yo siento que voy a pasos de tortuga.
Varias personas me han dicho irónicamente "tú sabrás lo que haces".
Y me hace gracia, porque nunca he creído que no supiera lo que estaba haciendo.
En alguna ocasión he oído algo como "así vas mal"
Y yo, extrañada, comparo con ayer y no lo veo todo tan malo.
Creen que he perdido la cabeza.
Que hago lo que hago para huir del miedo.
Y es cierto.
Pero, ¿Qué esperan?
Anoche, a una hora demasiado tarde como para estar aún despierta, pero muy temprana como para haberme levantado ya; sentada en una plaza concentrándome en el cambio de las luces de neón de una discoteca y dejando que los efectos de aquello que hubiera bebido y fumado se me pasaran un poco, pensé en aquello que me decían. Y quizás tuvieran razón, tal vez eso no era propio de mí.
Ahogar las penas, lo llaman.
Yo prefiero referirme a ello como pasarlo bien.
Pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. Había convertido eso en rutina, como mucha gente hace. Aunque como siempre, para los demás está permitido, pero para mí no. Porque siempre tengo que ser la excepción. Porque yo tengo que enfrentarme al mundo, no me puedo evadir, ni anestesiar mi cerebro.
No me quieren dejar tomar caminos fáciles.
Nadie lo ve. No me voy a estrellar, sé lo que hago y no voy mal. Simplemente a veces se necesita dejar de lado los recuerdos, olvidarlo todo, sentir sencillamente que eres uno más entre la gente, bailando, riendo, comportándote como uno más.
Tengo miedo. Pero sé como pararlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario