Me gustan las noches de verano.
Sentarme en el suelo de mi balcón, viendo las luces nocturnas malagueñas y escuchando los coches de lejos, preguntándome a donde irán a estas horas. Encenderme un cigarrillo y dejar que mi mente vuele por encima de todo.
Me gusta apoyarme en la barandilla y bajar de vez en cuando la mano para rascarme alguna picadura de mosquito de las piernas. Me gusta la sensación de llevar tan solo una camiseta de tirantes y aun así no tener frío. Me gusta ir descalza y tener el pelo recogido, que la brisa acaricie mi nuca.
Es curioso como he aprendido a apreciar estos momentos, tan sencillos y tan mágicos a la vez. Tararear cualquier canción y jugar a como de lejos puedo lanzar las colillas.
No cambiaría esta simpleza por nada del mundo.
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