Como la echo de menos.
Sé que ya apenas escribo de algo que no sea sobre ella, pero es que no puedo pensar en otra cosa.
Cada mañana me levanto pensando en cuanto la extraño, y me duermo de la misma manera.
Cada día dedico un rato a recordarla, a asegurarme de que no me olvido de su risa, ni de su pelo, ni de su perfil, ni de su olor. Como la quiero.
Y es que a veces es sencillamente imposible pensar que no volveré a verla, ni a discutir con ella. No podré tocarla.
Y aún es más duro cuando no puedo hablarlo con nadie que no sea su fotografía, porque es incómodo. Aquel a quien le comento algo suele cambiar de tema rápido, porque no es agradable hablar de aquellos que ya no están. Y yo lo comprendo. Y lo respeto. Pero hay días que sencillamente necesito gritarle a alguien que duele demasiado. Que escuece. Que lloro casi cada día.
Me gustaría poder describirla, contar anécdotas sobre ella, sobre nosotras.
Pero nadie quiere escucharlas.
Y quizás yo tampoco quiera. A veces, cuando la comento de pasada, se me hace un nudo en la garganta y algo frío me atraviesa el pecho. Y en ese momento, simplemente me gustaría comentar "la echo de menos, ¿Tú no?" Pero sé que si lo dijera, me echaría a llorar.
Mi niña.
Mi hermana.
Nos prometimos tantas cosas.
Y la defraudé tanto.
Y son días así, un miércoles cualquiera a las ocho de la tarde cuando de repente no puedo evitar soltarlo de algún modo. Porque un día cualquiera como es hoy yo estaba hablando con ella quizás, o sentada en el sofá hablando de estupideces.
Que guapa era.
Que preciosa.
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