Nunca he tenido nada de lo que sentirme orgullosa.
¡Es cierto! Me da tantísima vergüenza admitir que nada serio se me da bien.
No sé cantar.
Tampoco bailar.
Dibujar para qué.
¿Estudiar? Anda ya.
Si me metes en una cocina esta puede salir ardiendo.
Si pretendes que te arregle el ordenador probablemente tengas que comprar uno nuevo.
Pierdo a todos los juegos que existen, incluso al veo veo.
Soy lenta.
No sé mucho de música, ni veo demasiado cine culto, y sinceramente, todos los clásicos de la literatura me parecen un maravilloso coñazo.
Tampoco sé cuidar de los míos, y me cuesta más decir ''te quiero'' que hacer el puente en un acantilado.
No sé hacer el puente.
Ni poner los ojos bizcos.
Ni siquiera sé nadar de una forma digna.
Tampoco he hecho nunca nada demasiado grande por nadie, a no ser que un par de flashmobs en la calle para los niños con leucemia cuente como ayuda grande.
Aún así, a pesar de ser 90% defectos y 10% cualidades (entre las que se encuentra no roncar y ducharme a diario) sigo cayendo bien a la gente.
No a todos, por supuesto. De hecho, hay demasiadas personas que no pueden verme sin que se les ponga cara de peo; pero igualmente algunas personas siguen acercándose a mí.
Sinceramente, sin bromas ni victimismos ¿En serio no tenéis nada mejor que hacer?
Corréis el peligro de salir gravemente perjudicados tanto social, física, psicológica, moral e incluso económicamente. ¿De veras vivís tanto al límite? Vamos hombre.
Realmente admiro la valentía de mis amigos.
Tenéis cojones (u ovarios) bien puestos.
Por eso me gustaría darles las gracias. Porque sé que no es fácil estar a mi lado y aún así lo están.
Premio Nobel de la paz a todos mis amigos.
(Que peñazo mi hermana, que no se calla)
(Déjame terminar de escribir)
(joder)
¿No veis? Soy hasta borde.
En fin, gracias por aguantarme y quererme; o solo aguantarme, o no intentar asfixiarme con una bolsa de sándwich.
Gracias.
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