Es como si todo me superara, como si el peso de la realidad me presionara el pecho, impidiéndome respirar. Los recuerdos se vuelven más dolorosos, las miradas me acusan, la culpa me corroe.
Muchas veces me pregunto si alguien puede verlo.
¿Pueden los demás ver todo lo oscuro en mí? La maldad, la envidia, el miedo. Todo lo que me circula por las venas, todo lo malo que me compone. Porque yo sí lo veo, cada vez que observo mi reflejo, aunque sea solo un segundo puedo notarlo ahí y me intento convencer de que es mentira, una ilusión causada por mi autoestima.
Pero no es cierto.
Esta ahí. Es real.
Aquello que hice mal, lo que no puedo arreglar, todo lo que me convierte en la mala persona que soy.
Es duro aceptarse a uno mismo, más si tu fondo es negro; simplemente asumir que por mucho brillo que intentes sacarte, el color no cambia.
Y aún así espero bondad por parte de los demás, y me duele cuando no son amables; cuando me acuchillan con palabras. Aún así me quedo sin aire cuando veo las consecuencias de mis actos, el sentimiento de culpa que me invade intento hacerlo desaparecer, aunque sepa que no sería justo, que es lo que me he ganado, lo que debo soportar el resto de mi vida.
Cada noche me autocompadezco, y aun sabiendo la respuesta, me sigo preguntando qué hice mal, por qué esa decepción en sus ojos, por qué ese odio.
Lloro si me culpan y me dan la espalda, y aún lloro más si me perdonan y me tienden la mano. Porque sé que no es justo para ellos, que no debería ser tratada así, que el perdón tiene sus límites y lo que hice los superan.
En mis momentos de lucidez siento pánico; saber que nunca seré la protagonista de la historia, que siempre seré ese personaje al que odian y del que hacen caricaturas mofándose. Es como si mi vida fuera un chiste de humor negro. El pobre diablo que se disfraza de ángel. La madrastra mala que sueña con casarse con el príncipe. El lobo que finge ser vegetariano.
Si tuviera un hada madrina le pediría ser mejor persona, nada más. Simplemente que me quitara todo lo malo, todo lo que me hace herir a la gente que quiero.
Pero la vida no es cuento, no hay hadas madrinas, ni príncipes buenos que te buscan hasta el fin del mundo. Y si los hay, nunca vendrían a mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario