Respira.
Vamos, ¿A qué esperas?
Llena tus pulmones de aire, hínchalos tanto como puedas y después deja que lentamente de desinflen.
Huele, arruga la nariz, abre los poros.
Observa.
Venga, no es tan difícil.
Abre los ojos, deja que se acostumbren a la claridad y detente en cada cosa que haya a tu paso.
Pestañea, llora, que se dilaten tus pupilas.
Escucha.
Aprende a hacerlo.
Quítate los auriculares, gira la cabeza y concéntrate en todo aquello que emita algún sonido.
Destapónalos, siente la música, las voces, los ruidos. Que tus oídos sepan lo que es el placer.
Saborea.
No olvides que tu lengua está para algo.
Abre la boca, mastica lentamente, deleítate en los sabores dulces, en los picantes, en los amargos.
Bebe, fuma,muerde, siente la saliva de la otra persona.
Toca.
¿De veras vas a desaprovecharlo?
Haz que el calor se concentre en tus palmas, desliza tus yemas por la pared, por las ventanas, por las sábanas. Por tu cuerpo, por su cuerpo.
Acaricia, abraza, araña.
Siente.
Vive.
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