Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

domingo, 6 de mayo de 2012

Cursiladas de domingo tarde.

Algún sentimiento indudablemente enorme ocupaba de lleno mi corazón.
Me miré al espejo y me pregunté ''¿Esa soy yo?''. A mi lado, mi hermana más mayor peleándose con la peluquera por mi recogido. Un vestido blanco y precioso colgaba sobre de una percha en el armario, protegido por plástico. A los pies, unos tacones vertiginosos del mismo color.
Maquillaje, flores, relojes que corrían más de la cuenta, voces, dudas, gritos, nervios, miedo y ganas de llorar.
Y mientras, algún sentimiento indudablemente enorme ocupaba de lleno mi corazón.
Mi mente se desconectó por completo y me dejé llevar. De repente, volví a mirarme en el espejo y ya estaba vestida y maquillada. Lista para salir. Mi padre entró y me dijo lo preciosa que estaba, y antes de darle las gracias ya me llevaba al coche porque llegábamos tarde. Los invitados esperaban. El hombre con el que me iba a casar esperaba. Todo demasiado rápido, demasiado confuso, demasiado irreal.
Y mientras, algún sentimiento indudablemente enorme ocupaba de lleno mi corazón.
No sé como ocurrió, porque no recuerdo haberme montado en aquel coche, pero el caso es que ya estaba cogida del brazo de mi padre, preparada para salir a escena y casarme. La palabra ''matrimonio'' hacía de mi estómago un enorme nudo indesatable. Alguien avisó a los invitados y todo se sumió en silencio. Un bum-bum enorme hacía eco en mis oídos.
Y mientras, algún sentimiento indudablemente enorme ocupaba de lleno mi corazón.
Cerré los ojos y apreté el brazo de mi padre. Las puertas empezaron a abrirse y pude empezar a ver a toda la gente. Miles de miradas puestas en mi, miles de susurros alagadores, caras conocidas y desconocidas, sonrisas tiernas y alguna lágrima.
Y mientras, algún sentimiento indudablemente enorme ocupaba de lleno mi corazón.
Recorrí la vista por todas y cada una de las personas invitadas, como un niño pequeño que esperan que les explique que está ocurriendo. Y sin más reparo, fijé la vista al frente.
Y lo vi. Con su sonrisa y esos ojos de los que llevaba tanto tiempo enamorada. La corbata algo torcida y el pelo perfectamente peinado. Y mis pies hasta ahora dudosos, empezaron a caminar hacia él sin ningún temor.
Y mientras, una felicidad indudablemente enorme ocupaba de lleno mi corazón.

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