A veces es necesario echarle coraje.
Aspirar la última calada, pisar la colilla y salir corriendo.
No para hasta que te sientas empapado de sudor, hasta que las piernas te den calambres y el corazón te vaya a salir del pecho.
Luchar, luchar y luchar. Hasta que ganes.
Y si no, al menos no te arrepentirás de no haberlo intentado con todas tus ganas.
Peca mil veces más de pasarte de la raya, que de no llegar a pisar la línea.
Un gran dramaturgo dijo una vez que lo importante en nuestro hacer es aprender a sufrir, pero yo no estoy de acuerdo. Lo que de verdad es necesario es transformar el sufrimiento en determinación.
Agrupar todos los miedos, todo el dolor y todos los complejos y que superarlos sea la meta.
Y cuando la alcances, volver a ponerte otro objetivo. Porque nunca se deja de sufrir, y del mismo modo nunca se debería dejar de pelear contra tus propias barreras.
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