¿Sabes? Ya puedo hablar de ti sin romperme por dentro.
Creí que nunca podría pronunciar tu nombre sin que se me creara un nudo en la garganta, sin que me temblaran las manos.
Cuando me preguntan cuantos hermanos tengo ya puedo responder “dos”.
Poco a poco he ido aceptando que no estás ni volverás.
Ya solo lloro de noche.
Tampoco suelo hablar de ti en presente, aunque eso ha sido quizás lo más difícil, enlazar tu nombre al pasado, cambiar el “es” por “era”.
Ya no me derrumbo al oír hablar de ti, de hecho me gusta escuchar, me gusta aprender e imaginarte. Porque aunque ya no me haga pedazos tu sombra, me niego a olvidarla. No quiero que se difumine tu cara, tus manos, tu pelo. Aún puedo escuchar claramente tu voz en mi cabeza y si me concentro también puedo recordar tu tacto.
Te echo de menos con optimismo, con orgullo.
Aunque hay días en los que me permito abrazar tu fotografía y llorar, susurrarte bajito que te echo de menos y lo guapa que eras.
Pero esos días cada vez son más escasos, aunque también es cierto que cuando llega uno de ellos tardo en recuperarme más tiempo.
No estoy llorando mientras escribo esto.
Ni lloraré cuando termine y apague la luz, porque sé que si lo hago mañana no podré levantarme. Y el mundo no espera a nadie.
Pero no pienses que he dejado de quererte mi niña, no se te ocurra creer que ya no pienso en ti.
Es solo que el tiempo alivia el dolor y tengo que ser fuerte. Tengo que vivir con tanta fuerza como viviste tú, y si me estanco en mi pena mis pies pesan el doble. Los necesito ligeros para poder correr, preciosa.
Pero te quiero, te quiero muchísimo y pienso en ti cada día. No olvides nunca que eres mi faro, mi guía y mis ganas de seguir adelante.
Te quiero, te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario