Tiene los ojos de esas olas que ya han
navegado lo suficiente para coger fuerzas, pero aún no temen
estrellarse contra la orilla.
Tiene la cabeza de viento. Ventoleras
de futuro que lo despeinan, que lo empujan, que alzan su imaginación
hacia donde todo es posible.
Tiene la risa de agua. Riachuelos que
se cuelan por los rincones polvorientos y los limpia, agua fresca que
empapa y agua con sal de quien sabe y a veces calla.
Tiene los pies de tierra. Raíces que
se aferran al suelo conocido, que se alargan, atrapan y abrazan.
Tierra con ganas de ser removida, arrastrada, pero que disfruta con
las flores que han crecido a su alrededor.
Tiene las manos capaces de abarcarlo
todo.
Tiene el corazón valiente.
Tiene los dientes llenitos de ganas de
morder la vida,
y el alma de una bestia salvaje que
duerme.
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