Magic

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Cuando el tiempo se congela y la lluvia queda suspendida en el aire, es hora de dejar que la imaginación haga locuras con las letras.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Hogar

¿Volver a casa?
¿Cómo suena eso?
Sinceramente, no tan bien como creía que sería. Dios, claro que quiero volver.
Quiero ver cada día a mi padre, llevar al cine a mis sobrinos, ver películas cada sábado con mi hermana y estudiar teatro. Pero todo eso significaría irme de lo que suponía mi sueño.
Aquí todo es más gris de lo que imaginaba, a menudo me siento sola y hay días que sencillamente lo único que sé hacer es llorar. Pero ¿Rendirme tan pronto? ¿Cuatro meses y ya estoy cansada?
Es triste decir que así es. Soy una cobarde como llevo siendo toda mi vida.
Llegué aquí con más compañía que un buen libro que hablaba sobre lo maravilloso que era este lugar, con el corazón deshecho de pena y dejando atrás gente que me necesitaba. Fui cobarde al irme ese día a finales de verano. Y ahora vuelvo a ser cobarde al volver.
Y es que me paso la vida huyendo. Me alejo de todo lo que me asusta, busco cobijo en el revés de mi vida creyendo que allí no llegará todo lo que me hace daño sin saber que en esa otra cara hay otros monstruos.
Me gustaría tener aquí a mi hermana y que me aconsejara que debía hacer. Cogería el teléfono, marcaría y su voz aparecería al otro lado de la línea. ''¡Hola mi hermana guapa! ¿Cómo estás por tierras extranjeras? El estúpido de nuestro hermano ha dicho que tienes un muchacho por ahí...''
En ese momento yo le contaría todos los cotilleos habidos y por haber. Nos reiríamos, se enfadaría de lo que yo me enfado y después ella me contaría cualquier gamberrada de los enanos. Luego le preguntaría si quiere que vuelva con ella.
Ojalá que me dijera que sí. Así no tendría que preocuparme más. Si ella me lo dijera, tardaría diez minutos en hacer las maletas y esta misma noche estaría ayudando a darle de cenar a los niños en su cocina.
Pero no la voy a llamar. Y ella no me contestará el teléfono, ni se meterá con nuestro hermano, ni dirá que me necesita allí. Nada de eso va a acurrir y duele tanto.
Si no ella, necesito alguien que me diga que me necesita allí y yo poder marcharme. No sentir que huyo.
Pero nadie me necesita, seamos realistas. Desde que me fui cada uno ha seguido con su vida, me da miedo que volver a casa no sea como lo recuerdo, que todo haya cambiado.
Me dan miedo tantas cosas.
Ojalá pudiera llamarla.
Ojalá.

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