Una vez tuve un motivo por el cual sonreír, aunque yo no era consciente de ello ¿sabes?
No se me pasó por la cabeza el cambio que suponían todos esos sentimientos que estaba empezando a tener porque yo sencillamente era feliz, de la manera más inocente y simple que pueda haber, que si me preguntaban ''¿qué tal estás?'' yo respondía ''genial'' con una sonrisa. Nunca pensé ''guau, lo he dicho de verdad'' ni ''en otros tiempos, esto hubiera sido una mentira''. No. Yo no pensaba nada, y eso era bueno y malo a la vez. Mi universo entero giraba en torno a él, a su voz, a su sonrisa, a su tacto, a sus labios...lo era todo, y entró en mi vida de una manera tan suave y se apoderó de todo mi ser tan dulcemente, que ni siquiera me paré a pensar en que si caía, el golpe sería tan fuerte que no volvería a levantar mi cara del suelo.
Y así fue. Yo, que siempre me había considerado precabida, desde aquel día ni siquiera me atrevo a decir ''te extraño''. Lo fuiste todo y ahora me quedé en nada. Aparté todas las cosas de mi vida. Cada pequeño detalle lo barrí y lo escondí bajo la alfombra, para dejarte hueco a ti.
¿Sabes? Mi voz no se quiebra, no se ha vuelto a romper desde aquella noche. Mis pies no dudan al caminar, mi mirada la mantengo alta, alllá donde pueda verlo todo, y mi sonrisa nunca falta. Jamás. Y si me preguntan de nuevo ''¿qué tal estás?'' yo seguiré diciendo ''genial''.
Realmente, a tus ojos nada habrá cambiado, seguiré siendo la misma chica que se hace la tonta y tropieza con sus propios pies mientras camina a tu lado. Pero si te fijas un poquito, solo si intentas meterte unos centímetros dentro de mi mirada, podrás ver todo mi interior destruido, porque entraste en mi corazón cuidadosamente ordenado, abriste una enorme ventana y dejaste que entrara el huracán y lo destrozara todo.
Y ahora, poco a poco, yo sola y con algo de música voy poniendo cada cosa en su sitio. Pero mientras ordeno, me voy dando cuenta de todo lo que me robaste al marcharte o todo lo que el huracán se llevó consigo. Apenas quedan algunos papeles y pocos recuerdos. Ni siquiera tengo la cuna donde mecía a mi soledad cuando lloraba. Y es que ahora, sin ti, solo me queda sentarme a esperar que alguien vuelva a amueblar mi hogar.
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