Probé a cerrar los ojos, a ver si al abrirlos algo había cambiado, pero todo seguía igual que antes. Había buscado respuestas en mi cerebro, pero no me supo responder cuando le pregunté porqué estaba sola. También probé a preguntarle a mi cuerpo, pero solo temblaba y se lamentaba congelado. Todos mis pensamientos bloqueados, mis ojos inundados y mi boca seca de tanto decir mentiras. ¿Qué podía hacer? No se veía el final de aquel infinito pasillo, y cansada de caminar decidí acurrucarme en el suelo a descansar. ¿Hacia dónde me dirigía? Hacía tanto tiempo que no recorría aquel lugar que ni siquiera recordaba lo que había al final del todo. De vez en cuando me encontraba un trocito de esperanza en medio de mi camino, pero al agacharme a cogerlo, volvía de nuevo al punto de salida. ¿Eran trampas? Lo mismo pasaba cuando algún fragmento de ilusión o una pequeña mentira se posaba sobre mis manos. ¿Por qué ardían de esa manera? Me quemaban y hacía que todo se hiciera más doloroso. Llevaba caminando tanto tiempo que mis pies sangraban, pero aún así, no conseguía abandonar el trayecto. Si en algún momento ya no podía más, me paraba a descansar, pero luego seguía hasta que ocurriese otra vez lo mismo.
En ese momento estaba en uno de mis descansos, me había resignado a ir desnuda, puesto que ya no tenia nada que esconder y mi ropa quizá la hubiera dejado en algún lugar más cálido, donde de algún modo, con una sonrisa me hubiera bastado para vestirme de pies a cabeza.
Y mientras una nube espesa me impedía recordar algo aparte de aquel inmenso pasillo, algo dentro de mí hizo ''toc toc''.
''¿Quién es?'' pregunté, aunque ya sabía quién había venido a visitarme. Alguna vez anterior lo había intentando, pero no le había dejado hablar, porque siempre que lo hacía, de una manera u otra, las cosas siempre salían desastrosamente mal. La locura entró sin esperar a que la recibiera, y, tampoco sin que yo dijera nada, decidió acompañarme durante todo mi camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario